Entendió desde el primer momento que el núcleo de la crisis se encontraba en la desconfianza de las élites políticas norteamericanas respecto de sus socios. Desconfianza que estaba correctamente fundamentada. Tras décadas de paz y sociedad de bienestar, ni se invertía ni se tenía conciencia de seguridad y defensa.
Suponíamos que la cumbre atlántica convocada en Ankara iba a ser importante y los hechos lo han confirmado. Si su predecesora en La Haya, hace algo más de un año, va unida al reconocimiento de una crisis de confianza entre sus miembros, en la capital turca hemos asistido al primer paso institucional para superarla, confirmando que avanzamos juntos en la misma dirección. Queda mucho, sin matices, para recuperar la confianza perdida, pero se están dando los pasos correctos para salvar del naufragio a un excelente buque que perdió el timón hace algún tiempo…



