El atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York significó un coste menor sobre la economía norteamericana de lo que se estimaba. Las gestiones que llevaron a cabo las instituciones financieras del país evitaron una fuerte crisis.
El día del 11 de septiembre ha pasado a la historia como una fecha que marcó un cambio en la historia del mundo. Era el año 2001 y había transcurrido ya más de una década desde la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética. La guerra fría había terminado con la victoria del mundo occidental y de los países de economía de mercado.
Pero en aquel día el mundo fue testigo de que una nueva guerra podría estar comenzando. Como es bien conocido, cuatro aviones fueron secuestrados en los Estados Unidos por un grupo terrorista musulmán. Y dos de ellos fueron dirigidos a las Torres Gemelas, edificios situados en el corazón de la City de Nueva York, el centro financiero más importante del mundo.
Son numerosos los testimonios de personas que, de una u otra forma, desempeñaron un papel relevante en estos acontecimientos históricos. Pero voy a centrarme en uno especialmente significativo, el del presidente de la Reserva Federal norteamericanaAlan Greenspan, uno de los protagonistas indiscutibles de la política económica que se aplicó -con éxito, sin duda- para evitar que el ataque terrorista tuviera como una de sus consecuencias una fuerte crisis económica...



