Ante las elecciones generales el próximo 29 de noviembre, el instituto DYM, para el grupo El Progreso, confirma que las encuestas mantienen su tendencia de los últimos meses. Por un lado, el bloque de la derecha suma la mayoría entre el PP de Feijóo y Vox de Abascal. Por otro lado, el bloque progresista aparece con PSOE al alza y unos socios debilitados.
Este panorama se explica por la subida de Vox, que alcanza un 18,2%, y del PSOE que llega hasta un 28,2%, su mejor estimación desde mayo de 2025. Sin embargo, este avance socialista no resta votos al bloque contrario, sino que los absorbe de sus propios socios de la izquierda. Por tanto, el resultado actual muestra una derecha cohesionada, con un voto muy afianzado (siendo Vox el partido con mayor fidelidad de votantes), frente a una izquierda que pierde apoyos y los redistribuye internamente. Según DYM, el principal factor diferenciador entre ambos bloques es precisamente la fidelidad del votante.

Reparto de escaños estimado en porcentaje. Barómetro de octubre 2026. Fuente: El Progreso
Esto encaja con lo que señalaban Jorge Sanz y Ángel Ruiz, redactores para El Debate en febrero; los partidos de izquierdas habían entendido la importancia de “movilizar a los que ya te han votado”, antes que atraer a los votantes del lado contrario. También añadían que “el trasvase de voto entre bloques resulta más improbable que nunca”, de modo que la gran batalla consiste en mantener activo al electorado propio.
En esta estrategia, el PSOE, se ha enfocado en mantener a sus votantes a través del mensaje del “miedo a la derecha”, y más recientemente, ha impulsado una agenda ideológica basada en aborto, pensiones y subsidios para desplazar el debate sobre los casos de corrupción. La derecha, en cambio, sigue otra lógica. En 2023, el PP atrajo a votantes dentro de su propio bloque, de Ciudadanos y Vox, con un discurso de moderación y voto útil, para no depender de pactos, y ahora insiste en una corrupción que presenta como sistémica en el PSOE.
Lluís Orriols, profesor en la Universidad Carlos III, ofrece una explicación que ayuda a entender esta dinámica. Para empezar, la política siempre conlleva cierto grado de conflicto, y no hay nada inusual en ello. Lo que ocurre, tanto en España como en otras democracias, es que ese conflicto se ha ido intensificando hasta convertirse en un proceso de polarización cada vez más profundo.
En el caso español, esa polarización comenzó en torno al inicio del gobierno de José Luis Zapatero y, lejos de reducirse, se ha mantenido estable o ha ido aumentando. Según Orriols (2021), “esto se debe a que la política española se está moviendo hacia una polarización de bloques: el rechazo se estructura cada vez más en torno a izquierda vs derecha, en lugar de entre partidos.” El votante ya no se define tanto por a quién apoya como por a qué bloque rechaza, y de ahí que cruzar la frontera ideológica sea cada vez menos probable.
Esta es la tendencia que reflejan los datos de DYM. Los votos ya no se mueven tanto entre bloques como dentro de ellos. Un votante del PSOE puede haber votado en otras ocasiones a Podemos o Sumar, pero la polarización que guía a la sociedad hace que, usualmente, los votantes consideren propuestas de una misma ideología y rara vez entre ideologías distintas. Como argumenta Orriols (2021), “los sentimientos de afecto y rechazo en la política española se estructuran cada vez menos en términos de trincheras partidistas y más en términos de trincheras ideológicas.”
Esta polarización tiene un coste concreto porque dificulta la acción política. Los Presupuestos Generales siguen prorrogados desde 2023 y, a comienzos de octubre, el Congreso tumbó los dos decretos de vivienda del Gobierno. En política española se confunde pactar con traicionar y bloquear con vencer. Pero, si el enfrentamiento entre bandos paraliza las medidas que benefician a la ciudadanía, queda una pregunta abierta: ¿qué tendría que cambiar para que a los partidos les saliera más a cuenta pactar que enfrentarse?
En definitiva, las elecciones del 29 de noviembre se decidirán menos por la capacidad de convencer al adversario que por la de no perder al propio votante. La derecha llega con un electorado fiel y el PSOE, con una recuperación parcial lograda en buena medida a costa de sus socios. En este escenario, la movilización y el rechazo al otro bloque consiguen votos. Ahí está el problema: lo que moviliza en las urnas dificulta gobernar. Mientras fidelizar al votante resulte más rentable que pactar, pocos partidos tendrán incentivos para rebajar la polarización, y será la ciudadanía quien pague el precio.
Fuentes consultadas:
AECPA. (s. f.). RECSM Webinar – March 16. Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración.
El Debate. (2026, 28 de febrero). Así ha evolucionado la lealtad de los votantes de cada partido desde las elecciones del 23J.
El Español. (2023, 3 de julio). La movilización del PSOE sube 7 puntos en 15 días, pero cede al PP medio millón de votantes.
El Progreso. (2026, 11 de octubre). El PSOE capta votos de la izquierda, pero PP y Vox mantienen la mayoría con holgura.
Miller, Luis. (s. f.). Polarización en España : más divididos por ideología e identidad que por políticas públicas. Center for Economic Policy & Political Economy, Esade.
Moncloa.com. (2026, 12 de junio). Feijóo rentabiliza la fuga de votantes del PSOE por la corrupción.
Orriols, Lluís. (2020, noviembre). Polarización afectiva: bloques ideológicos enfreneados (Policy Insight n.º 19). Center for Economic Policy & Political Economy, Esade.



