El peso del SMI se multiplica por cuatro: pasa del 3,5% al 12,7% de los asalariados en seis años.
La productividad española se sitúa un 14% por debajo de la media de la Unión Europea, mientras que el SMI supera en más de un 10% la media europea.
En las microempresas el SMI neto representa el 73,8% de su salario medio ordinario, mientras se han perdido más de 23.000 microempresas y 85.000 afiliados.
El mercado laboral español ha experimentado una transformación en los últimos años debido al fuerte incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Desde 2018, se ha producido un incremento nominal acumulado del 66%. Si bien el objetivo principal de esta política ha sido mejorar el poder adquisitivo de los salarios más bajos, sus efectos sobre el empleo, la productividad y la competitividad empresarial están generando debate económico.
Uno de los principales efectos observados es el impacto sobre la creación de empleo. Las subidas del SMI han podido contribuir a la destrucción de hasta 174.000 empleos, no tanto a través de despidos directos, sino mediante una menor creación de nuevos puestos de trabajo y una ralentización del crecimiento del empleo. Un 21% de las empresas reconoce haber reducido sus contrataciones tras las últimas subidas salariales, afectando especialmente a las nuevas incorporaciones.
La cobertura del salario mínimo se ha ensanchado de forma muy significativa en los últimos años. El porcentaje de trabajadores que perciben hasta el 100% del SMI ha pasado del 3,5% en 2018 al 12,7% en 2024. Además, el impacto ya no se limita únicamente a los salarios más bajos, sino que se extiende a tramos salariales superiores, ya que hasta el 22,8% de los trabajadores se sitúan en niveles próximos al 125% del SMI. Esto refleja una creciente penetración del salario mínimo en la estructura salarial española.
Los jóvenes continúan siendo el colectivo más afectado. Entre los trabajadores de 16 a 25 años, la incidencia del SMI alcanza el 19,5%, situándose muy por encima de la media del mercado laboral. Las subidas salariales están dificultando especialmente el acceso al empleo de trabajadores jóvenes y de baja cualificación. La elasticidad del empleo respecto al SMI ha aumentado hasta situarse entre el -0,05 y el -0,07 en 2023, reflejando una sensibilidad creciente del mercado laboral a los incrementos salariales.
El impacto también es especialmente intenso sobre las microempresas. En negocios de menos de 10 trabajadores, la probabilidad de mantener el empleo se reduce en 5,1 puntos porcentuales tras las subidas del SMI. Además, en los últimos cinco años han desaparecido más de 23.000 microempresas, lo que refleja la dificultad para absorber el incremento de costes laborales. Cada trabajador afectado por el SMI desde 2018 supone un coste adicional de 6.791 euros anuales para las empresas.
España presenta además un importante problema estructural de productividad. La productividad española se sitúa un 14% por debajo de la media de la Unión Europea, mientras que el SMI, medido en términos de paridad de poder adquisitivo, supera en más de un 10% la media europea. Este desajuste entre salarios y productividad genera tensiones crecientes sobre la competitividad empresarial y sobre la sostenibilidad del crecimiento económico.
Las subidas del SMI pueden generar presiones inflacionistas y efectos de segunda ronda sobre la economía. De hecho, el incremento aplicado en 2023, en un contexto de productividad estancada, pudo contribuir aproximadamente en un 1% adicional a la inflación.
Los contratos temporales presentan también una elevada sensibilidad a las subidas del SMI. Las tasas de rotación han aumentado del 3,84% al 4,32%, reflejando una mayor inestabilidad laboral en este tipo de empleo. Asimismo, la estabilidad de los contratos indefinidos también muestra signos de deterioro, ya que la probabilidad de que un contrato indefinido se mantenga tras un año ha descendido del 52,5% al 48%.



