España contamina tres veces más que países con energía nuclear
En España, las 5 centrales nucleares producen la misma energía que los más de 22.000 aerogeneradores instalados. Se necesitaría llenar de aerogeneradores toda la superficie de la Comunidad Valenciana para cubrir el consumo anual nacional.
El modelo energético español se encuentra en una profunda transformación, enfocada principalmente en el sistema eléctrico. Lamentablemente las decisiones políticas condicionan este desarrollo más que los criterios técnicos. En muchos aspectos, las tecnologías renovables low-cost, eólica y fotovoltaica, están debilitando nuestro sistema eléctrico, además de suponer un coste muy elevado para los ciudadanos.
La fiabilidad del sistema eléctrico está siendo muy cuestionada desde el apagón del 28 de abril de 2025. En los últimos años se observa un deterioro de los parámetros de la red eléctrica debido a la alta penetración de energías renovables que no participan en el control del sistema. Para evitar que vuelva a suceder un apagón, se está limitando su uso y se activan interconexiones con redes eléctricas más estables. Además, el apagón ha dejado constancia de que las energías renovables son más dependientes del exterior que hace tres décadas. Hoy, el 70% de nuestra energía ya proviene del exterior.
Las tecnologías que usan combustibles fósiles generan precios elevados de electricidad debido a los impuestos aplicados en la UE, mientras que fuera de Europa estas tecnologías resultan muy competitivas. El precio de la generación con ciclos combinados no puede bajar de los 100€/MWh debido a las tasas por producir CO2.
El diseño del modelo energético óptimo debería tener en cuenta el precio final de la energía que se va a ofrecer al consumidor, qué inversión ha sido necesaria, qué fuentes de energía son propias de nuestro país, qué tecnologías dan fiabilidad al sistema y cuáles tienen un menor impacto en el medio ambiente.
Las energías renovables generan un impacto visual significativo y contribuyen a la pérdida de terrenos agrícolas, debido a la gran demanda de espacio para la producción eléctrica. Las instalaciones eólicas necesitan 500 veces más espacio que la energía nuclear. Una instalación eólica necesitaría 1.000 km², superior a la superficie de Madrid, para generar la misma electricidad que una central nuclear moderna.
Cada tecnología de generación ofrece prestaciones distintas, lo que fortalece el modelo en algunos aspectos, pero lo debilita en otros. La mayor transformación se está dando en el sistema eléctrico, pero los resultados están siendo muy cuestionables. Además, está teniendo un enorme coste para los ciudadanos, tanto en el precio de final de la electricidad como inversión directa, y para el país en términos de pérdida de competitividad.
El precio final de la electricidad es determinado en una subasta entre tecnologías de generación y consumo, más las restricciones técnicas y los impuestos. Por ello, no solo es importante el coste de generación, sino también el impacto que tiene cada tecnología en el sistema. En este sentido, las energías renovables encarecen el sistema al necesitar una tecnología de soporte de generación que dé fiabilidad al sistema. La energía nuclear, además de tener costes similares a las renovables, no tiene estos problemas de estabilidad.
La lucha contra el cambio climático y la contaminación es el principal argumento para la transformación de los modelos energéticos. Pese a los esfuerzos que se están realizando en algunos países, continúa el aumento de CO₂ a nivel mundial. Las energías renovables no producen CO₂, pero necesitan tecnologías de soporte que pueden ser contaminantes. Por el contrario, los países con alta penetración de energía nuclear se encuentran entre los que mejor combaten el calentamiento global.
La dependencia energética del exterior ha sido históricamente un foco de tensiones internacionales. En España seguimos siendo muy dependientes de los combustibles fósiles y la dependencia no disminuye, más aún con el actual contexto geopolítico.



