La Fundación Civismo ha clausurado el miniciclo sobre «La crisis de Ceuta», que comenzó con el desayuno de Sonia Moreno el pasado lunes 14 de septiembre, con un nuevo desayuno de actualidad impartido por Nicolás de Pedro, investigador senior del Instituto Statecraft de Londres, para hablar sobre «De Leipzig a Ceuta: Europa ante la amenaza híbrida».
El discurso de Nicolás de Pedro ha girado entorno a tres puntos clave:
- El primer lugar, determinar qué es una amenaza híbrida.
- A continuación, entender qué está pasando actualmente en Europa.
- Por último, dialogar sobre la crisis de Ceuta.
Nicolás de Pedro ha señalado que el término «amenaza híbrida» es «un fenómeno fácil de caracterizar y cartografiar, sin embargo, es complejo ofrecer una definición concreta que dé lugar a distensiones y un consenso social». A pesar de la complejidad de su definición, existe un consenso europeo ante el diagnóstico de la situación: los países miembros reconocen que las sociedades del pacto atlántico afrontan en la actualidad una amenaza híbrida. A pesar de ello, «no hay conocimiento en cuanto a la magnitud de la amenaza», añade el investigador.
En 2017 se crea en Helsinki el Centro Europeo de Excelencia para la Lucha contra las Amenazas Híbridas bajo los auspicios de la Unión Europea y la OTAN, pero existe una problemática principal: las vulnerabilidades que atañen a los asuntos europeos son demasiado complejas de resolver mediante un sistema caracterizado por la excesiva burocracia. De Pedro comenta: «Hemos puesto demasiado el foco en el qué y el cómo, pero hay que centrarse en el por qué».
«Weaponization» o «instrumentalización para la guerra» es el proceso de transformar un objeto no destinado inicialmente para la guerra, una determinada información, o un proceso sistemático en una herramienta bélica para atacar o lograr ventaja frente al oponente. Por tanto, cualquier cosa puede usarse para la guerra: se juega con la digitalización, con armas de cualquier otro tipo, con la manipulación y concienciación de la sociedad. Su aplicación es compleja, ya que puede resultar útil para sociedades pequeñas, muy cohesionadas, que tengan claro quién es el enemigo común y cuál es el objetivo de la guerra; pero la Unión Europea es muy amplia y diversa.
Nicolás de Pedro explica también en qué consiste la «Guerra de Nueva Generación«, cuyo objetivo principal es lograr ventajas políticas o militares atacando la estabilidad social y la confianza en las instituciones mediante la desmoralización psicológica, la manipulación de la mente humana y el flujo de información. Rusia considera ésta como la fase inicial de la guerra, es decir, que forma parte de la guerra moldear primero el campo de batalla con medidas de manipulación y concienciación social. Según el investigador del Instituto Statecraft de Londres, Rusia está en pie de guerra desde 2012: su percepción es que se «tienen que defender» de los enemigos. Sus ataques, al no generar ninguna disuasión, van en aumento: «Si tu enemigo te pega y no reaccionas, entonces podrá aumentar la violencia», recalca De Pedro.
Entre los ataques bélicos se encuentran: las violaciones del espacio aéreo (incluidos drones armados), incendios o ataques explosivos improvisados, amenazas a funcionarios, periodistas y otros trabajadores. Con todo esto, Rusia busca socavar y desestabilizar al enemigo; pero además, busca algo adicional: radiografiar el campo de batalla, testando la respuesta de los enemigos ante la amenaza.
Rusia quieren cambiar el marco de los últimos 35 años. El objetivo que persigue es cuestionar el derecho de Ucrania a existir, por ende, considera que el país debe desaparecer. Al hablar Rusia habla de las «causas profundas» mete en el menú a varios países de la UE, engloba a su vez a todos los países de Europa del Este que firmaron el Pacto de Varsovia. Para Nicolás, sin duda, «Rusia exige un nuevo marco incompatible con el marco de europa, exige un control estratégico sobre el báltico europeo y el país más vulnerable ahora es Moldavia». Los países del báltico viven con amenaza constante, con la espada de Damocles sobre su cabeza. Por otro lado, en la posición de Bruselas «siempre es mejor sentarse a dialogar; aunque no todos los actores funcionen de la misma manera. Con Rusia hace falta mano dura», opina De Pedro. Y añade que «puede haber un reparto de cartas del continente europeo». El vínculo trasatlántico necesita reformularse sobre un nuevo marco que resulte interesante para ambos lados o bandos.
Por último, Nicolás de Pedro habla sobre la crisis migratoria. Algunos países europeos como Alemania han endurecido sus fronteras. España sin embargo se muestra vulnerable: «A España le debería preocupar que Marruecos tenga esa capacidad de movilizar a tantas personas». «La prensa española ha introducido la crisis en el marco doméstico, califica la crisis como una crisis humanitaria y migratoria. Es el propio Gobierno de España quien ayuda a diluir la importancia de la invasión favoreciendo a Marruecos, por su argumentario mediático por el debate sobre la humanidad y dignidad de la persona».
Para Nicolás, el plan de acción es claro: «Lo que hay que hacer (refiriéndose a España) es tratar de recuperar la influencia en los sitios que son influyentes (Bruselas, Londres, Washington…)». «La principal labor de España es una cuestión de voluntad. «Los «nuevos amigos» que nos hemos hecho por el mundo no han salido a defendernos en esta crisis», recalca el investigador.









