Este viernes, en el marco de la tercera edición del Seminario de Pensamiento, la Fundación Civismo ha acogido una nueva tertulia. Se trata de un espacio dedicado a la reflexión, el pensamiento crítico y el diálogo, donde exploramos ideas y pensadores que nos ayuden a comprender la sociedad actual y entender el mundo del mañana. En esta ocasión, con Belén Becerril, profesora titular de Derecho de la Unión Europea de la Universidad CEU San Pablo y directora de la Revista Política Exterior.
Belén Becerril articuló su ponencia en torno a cuatro grandes ideas que vertebran la trayectoria española en el proyecto europeo desde su adhesión en 1986:
1.Europa como vocación y destino. España ha querido estar en Europa: el europeísmo de Ortega y Gasset dejó una huella en el imaginario español, con la convicción de que Europa era la solución a «todos los dolores de nuestro país». Sin embargo, la realidad era distinta: el aislamiento internacional tras la Segunda Guerra Mundial, la condena de la comunidad internacional y el carácter autoritario del régimen alejaron a España de una Europa que, a diferencia de Estados Unidos, mantuvo siempre las distancias. Los Pactos de Madrid en 1953 y el ingreso en Naciones Unidas en 1955 fueron pasos hacia la normalización, pero no hacia la integración europea.
Belén señaló que ese distanciamiento tuvo una consecuencia: los españoles no asociaron Europa únicamente con prosperidad económica, sino con valores y democracia. La ponente subrayó dos ejemplos: el discurso de Calvo-Sotelo (marzo de 1978 como ministro para las Relaciones con las CEE) en Brujas, en el que presentó la adhesión como un hecho consecuente con la tradición y la cultura española, y el discurso del rey Juan Carlos I en la Transición (22 de noviembre de 1975), cuya única referencia a política exterior fue Europa.
Este consenso europeísta ha sufrido sin embargo una erosión progresiva. Ya en los años noventa, con el Tratado de Maastricht, la izquierda comenzó a hablar de la “Europa de los mercados“. Por su parte, Vox en 2018 obtenía representación europea con el lema “Europa de las naciones“. Es más, hoy se escuchan términos como “máquina despótica de Bruselas”. Becerril reconoció que pensaba que este discurso no calaría en España, pero ha calado: el país que ocupaba los primeros puestos en los rankings de confianza en la Unión se sitúa ahora en la media europea. Ese descenso, apunta, está directamente relacionado con la falta de conocimiento, que es por donde se alimenta el discurso euroescéptico.
2.España ha querido construir Europa. Más allá de integrarse, España quiso aportar al proyecto común. Aprendió rápido el juego institucional y envió a sus mejores políticos a Bruselas, logrando conciliar intereses nacionales y europeos. Ahora bien, no todo ha sido positivo: los episodios del independentismo, las tensiones en torno al Tratado de Niza, la cuarta presidencia en el Consejo de la UE, y el aumento de la polarización política…
Belén Becerril afirma que España es relevante en Europa cuando impulsa el proyecto europeo, y para ello la cohesión política interna (tanto política como territorial) es imprescindible. Los grandes partidos deben estar de acuerdo. Advirtió además un riesgo geopolítico: el centro de gravedad de la Unión se desplaza hacia el Este, y España debe evitar quedar en la periferia.
3.Europa es tarea, un cumplir. Calvo-Sotelo decía que España llegaba a Europa para cumplir, y así fue durante muchos años. Sin embargo, la situación actual es preocupante: España se encuentra entre los países con mayor número de infracciones del derecho europeo, junto con Bulgaria, con más de 80 casos de incumplimientos. El cumplimiento de la legislación europea no es solo una cuestión de libre comercio, subrayó Belén Becerril, es también una forma de revalorizar el Estado de derecho.
4.Europa ha sido y es hoy límite. La España de hoy no necesita a Europa menos que la España de 1985. La ponente recuperó a Ortega para recordar que “Europa ha sido la solución, pero nunca será la totalidad“. El continente ha perdido peso económico y demográfico, por lo que necesita encontrar la fuerza en sus músculos. Europa se ha dormido, concluyó Becerril, pero aún hay tiempo para despertar.










