Editorial Encuentro, 236 pp. (2026)
Ángel Rivero Rodríguez
El curso perdido de la democracia, de Ángel Rivero, parte de una constatación inquietante: después de unas décadas en las que la democracia liberal parecía haberse consolidado como horizonte político indiscutible, vuelven a cobrar fuerza discursos que cuestionan algunos de sus fundamentos. Populismo, polarización y pulsiones autocráticas aparecen no necesariamente como enemigos externos de la democracia, sino como fenómenos que pueden crecer en su interior y, paradójicamente, hacerlo invocando la propia democracia mientras erosionan las instituciones que limitan el poder.
Una de las virtudes del ensayo es recordar que este problema tiene poco de nuevo. Rivero recurre a Tocqueville, John Stuart Mill y a una larga tradición de pensamiento político para mostrar la tensión permanente entre dos concepciones de la democracia: aquella que entiende el gobierno democrático inseparablemente unido a la libertad individual, la representación y la limitación del poder, y aquella que identifica democracia con la realización sin contrapesos de una supuesta voluntad del pueblo. La distinción no es menor. Jueces independientes, parlamentos, constituciones o una prensa crítica pueden resultar incómodos para quien gobierna, pero no son obstáculos para la democracia: son precisamente algunas de las condiciones que permiten su existencia.
El análisis adquiere especial interés cuando se traslada a los problemas contemporáneos. Rivero dedica particular atención a la polarización, que transforma el pluralismo propio de cualquier sociedad libre en una lógica de bloques enfrentados, y reivindica también el papel de la monarquía parlamentaria como institución capaz de moderar el conflicto político. España ocupa inevitablemente un lugar importante en esta reflexión, especialmente desde la aparición de la denominada «nueva política» y la progresiva sustitución de las dinámicas de acuerdo por una concepción frentista de la política. Es quizá aquí donde el libro resulta más reconocible para el lector español: muchos de los problemas que aborda no pertenecen únicamente a los manuales de teoría política, sino a nuestra experiencia política más inmediata.
Pero el libro no desemboca en el pesimismo. Su propuesta final consiste precisamente en recuperar el «curso» de la democracia: volver a entender la política como conversación, negociación y búsqueda de concordia entre ciudadanos que legítimamente piensan distinto. En tiempos en los que la contundencia parece cotizar más que el matiz y la polarización ofrece importantes réditos políticos, Rivero recuerda algo elemental, pero fácil de olvidar: la democracia no consiste únicamente en decidir quién gobierna, sino también (y, quizá más importante aún) en establecer los límites dentro de los cuales puede ejercer ese poder.
Sobre Albert Guivernau
Doctor en Economía y profesor universitario. Ha formado parte del claustro de la Universidad Abat Oliba CEU y la Universidad de Barcelona. Ha participado en proyectos europeos como coordinador de la Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal Europea (EUFIS) de la UAO CEU. En su trayectoria profesional ha ejercido de asesor económico y de políticas públicas en el ámbito local. Colaborador en diversos medios de comunicación y uno de los impulsores del Club Tocqueville.




