La crisis migratoria pone de manifiesto la compleja relación entre Madrid y Rabat, marcada por el conflicto por el Sáhara Occidental, la seguridad territorial y el control de Ceuta como frontera exterior de la Unión Europea.
Los días 30 y 31 de julio miles de migrantes procedentes de Marruecos cruzaron la frontera de Ceuta por vía terrestre y marítima en apenas 48 horas. Se trata de la mayor cifra registrada hasta la fecha: 72.000 personas según datos oficiales del Ministerio del Interior.
La magnitud de lo ocurrido obligó al Gobierno de España a solicitar apoyo europeo, pese a que las fuerzas de defensa y seguridad del Estado se mantuvieran inoperantes hasta las diez de la noche del segundo día de asalto.
La investigación sobre lo ocurrido sigue abierta y, aunque el Gobierno de Pedro Sánchez ha rechazado que existan pruebas concluyentes de que Marruecos organizara la entrada masiva, un informe de la Policía Nacional remitido a la Audiencia Nacional apunta a que la invasión fue guiada por gendarmes marroquíes a las órdenes de agentes de paisano con un fin distinto al migratorio.
Y mientras la investigación sigue en pie y la jueza trata de esclarecer qué ocurrió, se queda una pregunta en el aire: ¿Cuál es la relación histórica entre España y Marruecos, y hasta qué punto lo acontecido en Ceuta es competencia de Bruselas?
La semana pasada se anunció que la propia Comisión Europea concedería a España 115 millones de euros en ayudas para gestionar la crisis, financiación que quedó paralizada durante varios días por las aclaraciones que demandaba Bruselas al Gobierno español.
Y es que la dimensión de esta crisis va más allá de los sucesos acontecidos en el último mes. Lo ocurrido en Ceuta ha vuelto a poner el foco en la capacidad de España para garantizar la seguridad de su frontera con Marruecos, que ejerce al mismo tiempo como frontera de la Unión Europea.
Para hallar una posible respuesta es pertinente mencionar los lazos diplomáticos entre Madrid y Rabat y sus longevos puntos de fricción:
- El Sáhara Occidental.
El Sáhara Occidental fue colonia española hasta 1975 y, aunque la ONU lo mantiene como territorio pendiente de descolonización desde 1963, Marruecos considera que este le pertenece. A su vez, el movimiento independentista saharaui, encabezado por el Frente Polisario y respaldado por Argelia, reclama su independencia.
España ha mantenido una posición neutral respecto a la disputa en las últimas décadas; sin embargo, el actual presidente del Gobierno, Pedro Sáncchez, modificó esa postura al respaldar el plan marroquí de conceder la autonomía del territorio en 2022, calificándolo como la propuesta “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
El cambio ha supuesto un cambio de término en las relaciones diplomáticas entre Madrid y Rabat, aunque este último sigue esperando el reconocimiento oficial de su soberanía sobre el Sáhara Occidental. Un reconocimiento ya concedido por Estados Unidos mediante una proclamación de Donald Trump en diciembre de 2020, por Israel en 2023 y por Francia en 2024, que estableció que el futuro del territorio debía desarrollarse “en el marco de la soberanía marroquí”.
- Ceuta y Melilla.
A estas tensiones se suma la relación entre España y Marruecos en materia migratoria: España vigila su lado de la frontera, pero depende en gran medida de que Marruecos impida activamente las salidas desde su territorio.
Pese a la indiscutible soberanía española sobre Ceuta (reconocida como española desde 1668) y Melilla (desde1497), Marruecos ha reclamado históricamente las dos ciudades autónomas situadas en el norte de África, debido a su posición geográfica y estratégica.
Ceuta y Melilla son probablemente los puntos más sensibles de la relación bilateral, ya que la cuestión migratoria queda vinculada a las fronteras de ambas ciudades. Ha quedado de manifiesto en los últimos años y especialmente con los hechos acontecidos los días 30 y 31 de julio de 2026. Desde entonces, la dimensión de la crisis ha alcanzado una escala sin precedentes.
- Argelia.
Argelia ha sido y sigue siendo el gran rival regional de Rabat, y entre tanto, España trata de mantener un equilibrio en sus relaciones con ambos países: Marruecos es para Madrid un interlocutor esencial en comercio y control migratorio, mientras que Argelia es un importante proveedor de gas y el principal apoyo internacional del Frente Polisario saharaui.
En 2022, el cambio en la postura española sobre el Sáhara Occidental provocó una grave crisis entre los gobiernos de Madrid y Argel. Tensión que pareció resuelta en la visita de Pedro Sánchez el pasado 20 de julio a la a la capital argelina, donde ambos Ejecutivos anunciaron una “nueva etapa” de cooperación.
El hecho de que la oleada migratoria en Ceuta (acontecida os días 30 y 31 de julio) se produjera 10 días después de la visita de Sánchez a Argelia ha hecho que algunos analistas hayan planteado la hipótesis de una represalia por parte del Gobierno de Marruecos.
- La Unión Europea.
Un mes después siguen en marcha las investigaciones sobre lo acontecido, y la crisis de Ceuta ocupa el centro del debate público español, e incluso europeo.
A finales de la semana pasada, varios funcionarios de la Comisión Europea se desplazaron a Ceuta para conocer de primera mano la situación que afronta la ciudad autónoma y valorar la solicitud de apoyo financiero presentada por el Gobierno de España hace dos semanas.
Este jueves, el Parlamento Europeo ha aprobado una resolución sobre la crisis de Ceuta en la que califica como “invasión» la entrada masiva registrada en la ciudad autónoma a finales de julio y reclama a Marruecos que respete la soberanía española. La resolución condena los cruces masivos y sostiene que la migración irregular fue instrumentalizada como una “herramienta de guerra híbrida contra la integridad territorial de un Estado miembro”.
El Parlamento reclama además reforzar la protección de las fronteras exteriores y subraya que cualquier cuestionamiento de la soberanía española sobre Ceuta es incompatible con las obligaciones derivadas de la asociación entre Marruecos y la Unión Europea, como mantener el Acuerdo Euromediterráneo de Asociación UE-Marruecos, en vigor desde el año 2000.
Alianzas internacionales y posición actual de Marruecos:
Tras independizarse Estados Unidos, Marruecos fue la primera nación del mundo en reconocer la soberanía de la naciente república norteamericana en 1777, al abrir Mohammed III los puertos marroquíes a los barcos estadounidenses. Desde entonces, Marruecos es uno de sus grandes aliados y goza de tratado de libre comercio, tanto con EE. UU. como con la Unión Europea.
En cuanto a las relaciones entre España y Marruecos, en las últimas décadas han estado marcadas por la cooperación en áreas como la migración, la lucha contra el terrorismo y el yihadismo violento o el comercio exterior. Sin embargo, también han surgido tensiones, incluyendo desacuerdos sobre temas territoriales y la política de inmigración. Rabat ha empleado a menudo el pacto de “colaboración” en materia de migración para obtener ayudas económicas de la Unión Europea. Sumado a todo, la situación en el Sáhara Occidental sigue siendo un tema delicado que afecta a la diplomacia entre España y Marruecos.
En conclusión, la relación entre España y Marruecos es bilateral, ya que ambos países necesitan mantener pactos con el otro para regular los flujos migratorios, cooperar en materia de antiterrorismo, posibilitar una mayor cooperación económica y comercial, facilitar el acceso al mercado europeo y las relaciones comerciales con la unión Europea, y garantizar estabilidad en una de las fronteras del Mediterráneo, entre otras muchas alianzas.
A pesar de eso, varios hechos acontecidos en los últimos años inclinan la balanza hacia una mayor presión de poder de Marruecos sobre España. Entre ellos, destaca el reconocimiento de la soberanía sobre el Sáhara Occidental, la crisis migratoria y el Mundial de fútbol de 2030, cuya final está previsto que se jugará en el nuevo Gran Estadio Hassan II de Casablanca, en la ciudad marroquí.
Por tanto, la pregunta que cabe cuestionarse ahora es la siguiente: si ambos países se necesitan, ¿quién tiene realmente más capacidad de presión sobre el otro? ¿Puede el Gobierno de España mantener su legitimidad y defender abiertamente los intereses opuestos a los suyos propios de una potencia extranjera?



