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abr
Expansión

Esta semana, como es habitual por estas fechas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) está celebrando su asamblea general en Washington para estudiar el comportamiento de la economía mundial. Coincidiendo con la reunión, el FMI ha publicado la edición de abril del informe Perspectivas Económicas Mundiales, en la que ha mantenido las mismas previsiones de crecimiento económico elevado que había hecho en el mes de enero. El organismo estima un 3,9% para este año, al igual que para 2019, ambos superiores a la tasa del año pasado (el 3,8%). Considerando, por tanto, que en el trienio de 2017 a 2019 la economía mundial va a crecer a un promedio del 3,9 (por encima del 3,5% de los últimos 20 años) entonces parece que la creación de empleo en el mundo se seguirá incrementando. Es más, si el crecimiento económico se mantuviese así de alto durante un período largo, sería posible generar el empleo suficiente para absorber la oferta de trabajo disponible.

Ello se debe a que el crecimiento del PIB potencial está aumentando. Conviene recordar que el producto potencial es el mayor nivel al que puede crecer la economía de un país con los recursos disponibles sin provocar tensiones inflacionistas. O lo que es lo mismo, la capacidad máxima que tienen el capital, la mano de obra y la tecnología para aumentar la producción de bienes y servicios sin que haya demasiada inflación.

LAS AMENAZAS

De ahí que el FMI considere que, a corto plazo, las amenazas que se ciernen sobre la economía mundial no son preocupantes. Sin embargo, a largo plazo, se observan riesgos en el horizonte que podrían originar tensiones significativas: la inflación, las subidas de los tipos de interés, los elevados niveles de deuda pública y el proteccionismo comercial.

1º La inflación. Si se aceptase que el potencial de la economía está aumentando al mismo ritmo que la producción de bienes y servicios, las perspectivas de inflación serían bajas. Sin embargo, el Fondo ha señalado que las economías avanzadas, sobre todo la de Estados Unidos (EEUU), están próximas a su capacidad máxima, por lo que la inflación se podría acelerar. A ello contribuiría la significativa expansión fiscal que ha puesto en marcha el gobierno de Trump, la subida de los precios del petróleo (en el último mes ha pasado de 67 dólares el barril a 74 que cotizaba ayer) y el aumento de los costes laborales. Este avance de la inflación conlleva el peligro de que los Bancos Centrales suban los tipos de interés de forma más rápida o, como en el caso del BCE, empiecen a hacerlo. El endurecimiento de la política monetaria en EEUU tendría consecuencias negativas sobre la economía doméstica por la apreciación del dólar y la mayor necesidad de financiación del sector público, pero también arrojaría efectos indeseados sobre otras economías, especialmente las emergentes, ya que podrían verse afectadas por salidas masivas de capitales hacia EEUU para conseguir mayores rentabilidades. En definitiva, la combinación, en EEUU, de una política monetaria restrictiva con una fiscal demasiado expansiva aumentaría las probabilidades de deterioro futuro de la economía americana y arrastraría consigo al resto del mundo.

2º La deuda pública. Las subidas de tipos de interés también tendrán efectos negativos sobre diferentes países, entre ellos España, que han alcanzado un alto nivel de endeudamiento durante la última década. El FMI recomienda que se aproveche la recuperación económica para acrecentar los ingresos fiscales y reducir el gasto público, a fin de ir disminuyendo los niveles de deuda. Incrementos futuros de los tipos de interés provocaría restricciones financieras, subidas repentinas de las primas de riesgo y la aparición de nuevos activos tóxicos. Es decir, una vuelta a la crisis de deuda, como la ocurrida en 2012 y 2013. De ahí que el FMI considere necesario que los bancos centrales normalicen la política monetaria de manera gradual. Es decir, que lleven a cabo subidas de tipos con moderación.

3º El proteccionismo. A los problemas de deuda e inflación se une la guerra comercial iniciada por EEUU, especialmente con China, la cual puede tener repercusiones negativas sobre la productividad, la industria manufacturera, la inflación y los tipos de interés a nivel mundial. Porque en economía no se conoce otro procedimiento para estimular la competitividad de costes y la calidad de los productos que la competencia con los demás. No se debe olvidar que el mercado es el mejor mecanismo para lograr una asignación eficiente de los recursos y, por tanto, para que la economía funcione bien y genere prosperidad para todos. Con el libre comercio y la competencia, la sociedad en su conjunto se beneficia. Una guerra comercial perjudicaría a todos.

LA EUROZONA SIGUE EN FASE EXPANSIVA

A pesar de estas amenazas, el FMI ha mejorado, en dos décimas, las previsiones económicas de la zona del euro, que podría llegar a crecer un 2,9% en 2018 y 2,7% en 2019, frente al 2,3% de 2017. Así, esta revisión al alza muestra que la economía está en una fase de recuperación después de haber padecido la Gran Recesión de 2008. Las políticas que se deberían seguir para consolidar el crecimiento potencial en Europa son las siguientes: 1) Continuar retirando, lentamente, los estímulos monetarios para seguir apoyando el crecimiento. Precisamente, la inflación subyacente de la zona del euro en el mes de marzo se mantuvo por tercer mes consecutivo en el 1%. Por tanto, parece que aumenta el crecimiento económico y que éste no viene acompañado por una subida en los precios: por ahora no hay peligro de inflación. 2) Avanzar hacia los Estados Unidos de Europa siguiendo la agenda que propone Macron.

ESPAÑA PUEDE MEJORAR

El FMI sitúa a España a la cabeza del crecimiento de las grandes economías de la zona euro. Como consecuencia la tasa de paro seguirá bajando: desde el 17,2 % del año pasado al 15,5 % en 2018. Para mejorar el mercado laboral propone reducir la dualidad en el mercado laboral y la diferencia de protección entre los empleados fijos y los temporales, así como mejorar las políticas de formación para disminuir el desempleo entre los jóvenes y los parados de larga duración. El objetivo es reducir la brecha que existe entre los trabajadores temporales (4,3 millones) y los indefinidos (12 millones) que es superior a la del resto de los países europeos. Sin embargo, el FMI alaba la recuperación de la economía española. Efectivamente, en los doce últimos meses se han creado 600.000 puestos de trabajo. Un crecimiento del empleo que se genera por el aumento de la economía española que, entre otros factores, crece gracias a la mejora de la economía mundial.

En definitiva, el FMI destaca el elevado crecimiento económico y del empleo de España gracias a que es uno de los países europeos donde más se está reactivando las exportaciones, el crédito y la inversión.

Con respecto a la economía mundial constata que está creciendo de forma muy rápida pero que hay nubes en el horizonte. Por tanto, los gobernantes no deberían relajarse, sino, antes bien, prevenir, ahora que se puede, un posible estancamiento económico a largo plazo.


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