14
nov
Diario de Navarra

Los políticos se vuelven más tiranos cuando saben que la gente les tiene miedo. Sin embargo, cuando los ciudadanos se atreven a reivindicar sus derechos, los gobernantes tiemblan. Un político tiene que retirarse cuando la opinión pública le descalifica o la Justicia le procesa. El temor a una probable expulsión de la vida pública hace que su fanatismo se modere.

Sin embargo, para que un político que vela por su partido, en lugar de por el bien común, tenga que marcharse, debe existir una iniciativa, particular o colectiva, que se movilice. Como nada relevante se consigue sin esfuerzo, se precisa que los que quieran ser más coherentes con sus ideales se unan para conseguir una masa crítica suficiente que les haga eficaces. Quejarse es un gesto estéril. Lo que resulta decisivo es dedicar tiempo y dinero, porque los abogadosy los tribunales no salen gratis.

El cuatripartito no avanzaría en su sectarismo si los ciudadanos fuéramos más participativos. Una coordinación inteligente de tanto descontento vencería en la batalla legal contra las discriminatorias decisiones de quienes nos gobiernan. No pretendamos que la batalla nos la ganen los partidos de la oposición. Sus propuestas parlamentarias, por muy razonables que sean, se estrellan siempre contra la mayoría numérica de los nacionalistas.

Desde el comienzo de la legislatura, el cuatripartito ha impuesto su modelo ideológico con una arrogancia insufrible. Las arbitrariedades comenzaron desde el primer día. La primera fue atacar la enseñanza del inglés en las escuelas; la última, una ley que niega las becas a los alumnos que decidan estudiar en la Universidad de Navarra si su titulación existe en la UPNA. Si nos centramos en el miedo que suscita el cuatripartito en la economía, hoy abordaré un aspecto poco tratado: el pánico que despierta la inseguridad jurídica entre los empresarios. La incertidumbre que provoca la embarullada legislación que sale del Parlamento ha generado un grave desasosiego primero, y un miedo soterrado después. Basta recordar el vídeo viral (https://goo.gl/mp72Yp) de Laura Pérez, la portavoz de Podemos en el Parlamento, para sentir un terror paralizante ante la profesionalidad jurídica de quienes aprueban los decretos y leyes forales. ¿En manos de quiénes estamos?

Esta fragilidad del Estado de derecho frena cualquier ilusión de emprender. Hay demasiados agravios que tendrán pésimas consecuencias. Por ejemplo, esas inspecciones de Hacienda tan desmedidas que obligan a malvender patrimonio; la declaración inicial de la policía de que tenían orden de no intervenir ante los okupas que ocupaban un inmueble en el Paseo de Sarasate; un impuesto al Patrimonio confiscatorio para las empresas familiares, etc. Cuando los emprendedores contemplan tantos atropellos, su disposición a invertir aquí cae, porque, ¡sustos, los necesarios!

Ya no sólo hay datos externos claros del declive de Navarra, como ser la región que en términos relativos más empresas ha perdido, o ser subcampeones en la desconfianza empresarial. Ahora hasta el consejero de Hacienda admite un panorama sombrío. Ha afirmado que el próximo año se crearán 2.000 empleos menos y que el crecimiento de la economía foral será seis décimas menor que en 2016. Esta declaración contrasta con el discurso triunfal en el fasto conmemorativo del primer año del cuatripartito. La sociedad civil debe vertebrarse en torno a iniciativas solidarias que frenen tanto desatino de estos ideologizados aprendices de brujo’. Navarra puede y debe recuperar el liderazgo económico que fue su orgullo durante décadas. Todo depende de que usted se involucre y sea más audaz.


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