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sep

Introducción: Los salarios y la desigualdad en la agenda y los medios públicos este mes de octubre.

El debate sobre los salarios abarca un asunto más amplio y general relacionado con un modelo productivo para la economía española y la calidad del empleo. ¿Somos un país de camareros? ¿Qué tipo de trabajos se están creando? ¿Tenemos trabajadores con talento o en lugar los exportamos mientras nuestro propio modelo depende del turismo y la construcción? Este debate, centrado en España, puede tener resultados positivos en determinados supuestos para las empresas y los autónomos (trabajadores por cuenta propia), lo que ayudaría a realizar un seguimiento de la creación de un gran número de falsos autónomos. El debate también es una descripción precisa del ambiente político, una vez más comprendido por el concepto de desigualdad. Parece que el contexto recurrente de los argumentos en contra de las grandes empresas se ve empañado por la personificación de “los ricos”. “Los ricos se vuelven cada vez más ricos, mientras que los salarios continúan tocando fondo”. Por ejemplo, Inditex ya ha aparecido en la prensa como una empresa del Ibex 35 con un nivel alto de desigualdad salarial entre la directiva corporativa y sus trabajadores. Esta información fue publicada por Comisiones Obreras y el periódico El País.

El Partido Socialista (PSOE) parece dispuesto a modificar los salarios puesto que es una de sus propuestas políticas. Pedro Sánchez ha anunciado que solicitará un pacto para aumentar los salarios hasta un tres por ciento en los próximos cuatro años, junto con la derogación de la reforma laboral y abordará un nuevo Estatuto de los Trabajadores. El gobierno es consciente del enfoque atribuido a esta controversia. El pasado mes de julio, la Ministra de Empleo, Fátima Báñez, afirmó que antes de la caída del desempleo “es el momento de aumentar los salarios”. Esas declaraciones provocaron una reacción del Ministro de Economía, quien convocó varias medidas para calificarlas, enfatizando por un lado que los salarios ya han superado el poder de compra previo a la crisis, y enfatizando por otra parte la necesidad de priorizar la creación de empleo sobre los incrementos retributivos.

El tiempo dirá si eran incorrectos los datos respecto al desempleo del mes de agosto durante este debate sobre la evolución salarial. Sin embargo, la diferencia de criterios dentro del gobierno es constantemente una fuente de interés informativo y, además, parece que el Ministro de Hacienda se ha aliado con el Ministro de Empleo en contra del criterio de De Guindos. En este aspecto, también es muy probable que los sindicatos lleven sus quejas al primer nivel. Es importante recordar que este pasado mes de julio, se cerraron sin avances las negociaciones entre los sindicatos y los empleadores para alcanzar acuerdos pactos salariales en 2018 . Así, el concepto de desigualdad persistirá ya que domina una gran parte de la agenda pública y política, con el foco en uno de los temas más controvertidos: el salario. Dentro de este debate, dos ideas fundamentales son protagonistas: por un lado, la necesidad de aumentar los salarios, de los cuales presentaremos una pregunta para examinar qué ha ocurrido en el ajuste del mercado laboral en los últimos años. Y, por otro lado, una reflexión sobre qué reforma se requiere necesariamente del sistema de desempleo para permitir una transición sin problemas de reincorporación de los desempleados al mercado laboral.

La evolución de los salarios de entrada como indicador de la devaluación salarial

¿Qué ha ocurrido con los salarios en los últimos años, especialmente desde 2006? Como se vio anteriormente, según el Ministro de Economía, el poder adquisitivo de los españoles correspondiente con el salario ha alcanzado los niveles anteriores a la crisis. Sin embargo, según los sindicatos, la precariedad y la devaluación de las retribuciones ha persistido como un lastre para el mercado laboral español. ¿Pero qué dicen los hechos? De acuerdo con la última Encuesta de estructura salarial del Instituto Nacional de Estadística (INE), donde se puede encontrar la medición de la remuneración de acuerdo con la antigüedad del puesto de trabajo, los salarios iniciales del mercado laboral (antigüedad de menos de un año) han disminuido un 4.2% desde los últimos datos disponibles correspondientes al año 2014. La evolución desde entonces, siempre de acuerdo con los datos del INE, revela una disminución moderada hasta 2016, a partir de la cual en ese momento se impuso la contención salarial. Cuando el punto focal se expande para incluir contratos que alcanzan hasta tres años de duración, la diferencia aumenta hasta el 4.6%.

Sin embargo, es en la sección más débil, la de las remuneraciones más bajas, donde las diferencias son evidentes. En este grupo de trabajadores, que se refleja en los datos como el décimo percentil, la disminución desde el período de 2010 a 2014 es de casi el 24%. Si cambiamos al comienzo de la crisis (justo antes del año anterior de 2016), los salarios más modestos acumulan una reducción del treinta por ciento. Es decir, la pérdida de salario correspondiente a los trabajadores con menos calificaciones y productividad comenzó antes de la devaluación general, que comenzó a ocurrir en 2011 y se trasladó a la inclusión de la reforma laboral en el año 2012. Este año constituyó un punto de inflexión para la abrupta devaluación retributiva, que funcionó para frenar la destrucción del empleo, no obstante, no se ha recuperado como se refleja en lo que se ha hecho de la economía.

Un informe publicado hace unos meses por el Banco de España también advirtió sobre este problema. Específicamente, el Boletín Económico señala que, según los datos de la EPA, “se ha estimado una brecha salarial negativa de aproximadamente el 24% para los nuevos participantes durante el período 2006 a 2015”.

Hoy, el resultado es que la recuperación del salario se puede nombrar en varios grados. Si bien los salarios más altos han igualado y ganado poder adquisitivo (en este caso, el porcentaje de “ganador” corresponde a los funcionarios categóricamente superiores y los cargos de alto rango de la Administración Pública), el salario promedio en el sector privado no se ha recuperado a los niveles anteriores, concentrándose el ajuste a los salarios más bajos. En un final intermedio, se pueden encontrar los salarios públicos de los funcionarios, que permanecen estancados. Esta progresión ha permitido a España ganar competitividad con un desarrollo equilibrado: hoy producimos lo mismo con casi dos millones de trabajadores menos, gracias a un cambio extenso en la estructura de producción. Por primera vez, España está generando ahorros externos, con los cuales se puede financiar la recuperación de las inversiones y se puede apoyar la deuda pública.

Este factor de competitividad no puede dejar de existir con el propósito de no retroceder a una economía con una estructura inflada más alta que el promedio de la zona euro y con pactos salariales que perjudican la actividad económica. Evidentemente, eso no es un obstáculo para mantener, en la mayoría de los empleos, las condiciones laborales son inferiores a las de antes de la crisis, especialmente cuando el PIB ya está alrededor del nivel de 2007. En este sentido, estimamos que una progresión acelerada de los salarios y la productividad traería consigo un aumento medio de alrededor del 1% por año hasta 2020, lo que convalecería la pérdida del poder adquisitivo. Sin un acuerdo salarial para este año y con la esperanza de que los sindicatos y los empleadores puedan reincorporarse a las negociaciones colectivas, se piensa que la devaluación salarial es un tema que debe abordarse en profundidad en 2018, más si es posible con la inflación en positivo y una economía que crezca. por encima del 3%.

Salario de entrada y salario de reserva: medios para reformar el desempleo

Una vez que se ha identificado la pregunta sobre la devaluación del salario y la relación real entre el salario y la productividad, el siguiente tema contencioso dentro del mercado laboral es la reforma del desempleo, para hacerlo más competitivo y dar más incentivos en la búsqueda de empleo. En este sentido, la propuesta de los ciudadanos de introducir un modelo similar al del mercado laboral encontrado en Austria tiene ramificaciones importantes con respecto al comportamiento de los trabajadores, y especialmente con respecto al salario de reserva. En economía, el salario de reserva se entiende como el nivel de salario al que el trabajador acepta un empleo. A su vez, se rechazan las ofertas laborales inferiores a las del salario de reserva, lo que prolonga la permanencia del desempleo o incluso de la inactividad.

Explicado de otra manera: el salario de reserva señala el límite entre las situaciones de empleo y el desempleo para una persona. Dada la tasa de llegadas de ofertas salariales y su distribución, cuanto mayor sea la tasa de salario de reserva, menor será la probabilidad de que un individuo acepte ofertas de desempleo y, por lo tanto, mayor sea la duración esperada de sus respectivos períodos de desempleo. El principal obstáculo cuando se estudian empíricamente los determinantes del salario de reserva es que el investigador no puede observar el problema. Los únicos salarios observables son aquellos pertenecientes a individuos que trabajan, es decir, aquellos trabajadores que han aceptado una oferta que no es inferior a su salario de reserva (el salario de nivel de entrada se estudia en el punto anterior).

A su vez, es relativamente sencillo obtener datos sobre la duración de los períodos de desempleados. La mayor parte de los trabajos empíricos ha explotado la relación entre el salario de reserva y la duración mencionada anteriormente para estudiar los determinantes de dicho salario (Banco de España, 2011). Utilizando explícitamente técnicas económicas adecuadas, se estima que la influencia de determinar las características personales o los factores ambientales con respecto a la duración del desempleo, suponiendo que la influencia dada se produce a través del salario de reserva. Así, por ejemplo, la existencia de beneficios por desempleo o de un miembro de la familia que ocupa la casa prolonga la situación de desempleo porque se supone que, ceteris paribus, se provoca un aumento en la cantidad de salario de reserva del individuo.


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