14
jun
Periodicos del Grupo Vocento

Esta semana, el Fondo Monetario Internacional avaló las perspectivas de crecimiento de la economía española, indicando que la actividad podría crecer este año a ritmos previos a la crisis. A su vez, reclamó mayores reformas y mantener la moderación salarial, tanto con el objeto de intensificar la creación de empleo como de lograr que los beneficios de la recuperación alcancen al máximo número de personas lo antes posible. Viendo los salarios que cobran los responsables de este organismo, muchas veces los ciudadanos sentimos la tentación de disparar al mensajero y reaccionar con crispación ante sus exigentes propuestas que, sin embargo, suelen funcionar.

Si seleccionamos las comunidades que contuvieron sus costes por debajo de la media en los años de recesión, se aprecia un hecho irrefutable: crearon hasta 3,5 veces más empleo que el resto cuando volvió a reactivarse la economía. Este es el caso de Extremadura o La Rioja. En cambio, las que más habían aumentado sus salarios entre 2008 y 2013 (País Vasco, Galicia, Madrid y Castilla-La Mancha) vieron como su mercado laboral era incapaz de reconquistar el empleo cuando el resto de España lo estaba ya consiguiendo.

En esta línea de retorno de trabajadores se encuentran Andalucía, Cataluña, Asturias, Navarra, Comunidad Valenciana, Baleares, Cantabria y Canarias. Todas ellas contuvieron sus costes por debajo de la media en los años en los que la crisis impactó con más fuerza y se recuperaron más rápidamente después. Sólo hay tres excepciones que escapan a esta tendencia: Murcia, Aragón y Castilla y León. Mientras que la primera ha creado bastante empleo, a pesar de que sus costes crecieron, las otras dos no lograron impulsar el mercado laboral, pese al ajuste realizado. Además, las comunidades autónomas que trataron de contener sus salarios destruyeron un número de empleos inferior a la media, lo que también es un pequeño triunfo.

Hay dos razones por las que sucede esta relación causa-efecto. Por un lado, aquellas empresas que son más flexibles pueden sobrevivir más fácilmente cuando vienen mal dadas, manteniendo el empleo aunque esté peor pagado. Por otro, las zonas donde los salarios son más bajos son también más atractivas para los empresarios, porque pueden ser más competitivos, e incluso dar beneficios. Eso supone un incentivo a que las compañías prefieran unas regiones a otras. La pregunta clave que habría que hacer a los sindicatos es: ¿merece la pena resistirse con uñas y dientes a un ajuste salarial, aunque eso implique una dificultad mucho mayor a la hora de encontrar empleo?

Por ponerlo en cifras, un recorte de apenas el 1% del sueldo entre 2008 y 2013 habría supuesto la creación de más de 208.000 empleos más en el último año, lo que habría duplicado con creces la contratación de 2014, además de tener un impacto positivo también en los años previos. Incluso una subida salarial acumulada de un punto menos que la que tuvo lugar (del 3,2%) había facilitado la creación de 40.000 empleos. A veces se mira a quienes argumentamos a favor de estos ajustes como insolidarios, o se nos dice que defendemos sueldos de miseria. No es así, lo que queremos es alcanzar cuanto antes el pleno empleo, para que la competencia entre las distintas empresas por un mismo empleado haga que los sueldos vuelvan a subir con más fuerza. 


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