20
jun
OkDiario

En las últimas semanas se ha hablado mucho sobre cómo sería la recuperación que debía experimentar la economía española. Uno de los organismos en el que se encuentran las voces más autorizadas para la realización de pronósticos es el Banco de España (BdE). El supervisor tiene un servicio de estudios que, además de ofrecer previsiones que exponen la coyuntura en la que se encontrará el país cuando la pandemia se disipe, ha realizado estudios tan interesantes como útiles para la aplicación de medidas que traten de relajar el impacto, así como los efectos derivados de una crisis que, dada la naturaleza, no muestra precedentes.

Su último informe recoge un completo análisis en el que estudia cómo de efectivo sería para la economía el levantamiento de las medidas de distanciamiento social y la reapertura del comercio, en relación a la recuperación del empleo perdido durante la crisis. Además se plantea si la reapertura que tratan de impulsar desde el Gobierno –buscando la recuperación en “V”– será tan beneficiosa para la economía como se ha dicho. Lo que algunos consideran una política exitosa, a la luz de los datos, podría no serlo tanto como se esperaba.

Las últimas semanas han dado para que muchos economistas, a la luz de lo acontecido, hicieran diversos diagnósticos con un objetivo: tratar de aportar luz con reflexiones y recomendaciones que, en aras de recuperar la economía, fuesen escuchadas por la clase política. Una de las iniciativas más polares ha sido proponer la rápida reapertura de la actividad para que la crisis -teniendo en cuenta cómo es el tejido productivo- no derivase en una destrucción masiva de empleo.

La dicotomía se puede resumir de la siguiente forma: ¿Hay que darle continuidad a las medidas de distanciamiento social o reabrir la economía pese a la posibilidad de nuevas recaídas? En un principio el Gobierno optó por una intensificación en las medidas de distanciamiento social en comparación en el resto de los países desarrollados y en las últimas semanas ha acelerado la reapertura. De hecho, este domingo finaliza el estado de alarma.

En España el tejido empresarial, además de componerse de pymes mayoritariamente, presenta unos recursos muy limitados. Con una caja media de 57 días, así como una liquidez que representa el 3% de la liquidez empresarial del conjunto de países de la Unión Europea, una excesiva prolongación de las medidas de distanciamiento social podrían haber hecho aún más insostenible la situación para un gran porcentaje de los pequeños empresarios españoles.

Sin embargo, pese a que la medida de reapertura pareciera la mejor vía posible para la recuperación económica, como ya avisamos desde hace semanas, no sirve de nada si esta no se acompaña con una reactivación del consumo. Precisamente así concluye el Banco de España el estudio realizado. El organismo muestra que una reapertura prematura, donde la reactivación económica no vaya acompañada de una reactivación en el consumo, podría poner en peligro aún más a los empresarios. El descenso del consumo ya se sitúa en el 35%, por lo que, si computamos los recursos limitados a una situación en la que la reactivación de la oferta no se ve compensada con una reactivación de la demanda, los costes fijos se incrementan y dichos recursos se muestran aún más escasos que en el escenario que, a priori, se encontraban.

Desde Fundación Civismo hemos avisado por activa y por pasiva sobre este escenario, pero hasta que los datos no han reflejado la cruda realidad no se ha comenzado a tomar cartas en el asunto. Pues, de nada sirve reabrir el comercio si posteriormente el público no muestra ese deseo necesario de volver a consumir; máxime en un escenario en el que los costes que supone la reapertura, de no ir acompañados con ese nivel de consumo compensatorio, merman aún más la escasa liquidez con la que, de partida, ya contaban los empresarios españoles.

Con una previsión de fuerte destrucción de empleo que elevará la tasa de paro por encima del 22%, de acuerdo con las previsiones del Banco de España, el país no puede tomar decisiones aleatoriamente, poniendo en riesgo la situación de un tejido productivo que ante la crisis del coronavirus se muestra gravemente deteriorado.


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