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mar

El mundo al completo, y España en concreto, vive unos de los, quizás, momentos más duros y trágicos del último siglo. Podría parecer que estuviésemos inmersos en una simulación, o que nos hubiéramos introducido en un plató de rodaje en pleno Hollywood, partícipes de una de esas superproducciones cinematográficas sobre pandemias o epidemias globales que tantas veces hemos visto en la gran pantalla. Pero no. Tristemente, la situación actual no se trata de una película y, en caso de que lo fuera, los críticos la clasificarían en la categoría de terror. El Covid-19 es muy serio, una emergencia sanitaria global ante la que no podemos perder ni un minuto en algo distinto a intentar, por todos los medios, evitar su propagación. Pero, a su vez, debemos resaltar que las soluciones no pasan por el histerismo y la locura colectiva, que solo lograrán causar imprudentes aglomeraciones en supermercados y farmacias, y un innecesario acaparamiento de productos sanitarios o alimenticios. Aún más imprudente resulta afrontar la actual crisis desde el escepticismo, que lleva a pensar que las medidas adoptadas por las autoridades competentes son abusivas y, por tanto, a saltarse las restricciones de movimiento impuestas por el Gobierno, o, peor todavía, a animar a otra gente a cometer los mismos actos insensatos. 

Dicho esto, cabe resaltar que la mejor manera de abordar la situación actual es desde el raciocinio y la cautela, estudiando los datos que se presentan día y a día, así como las consecuencias que esta pandemia vaya a tener sobre el marco social de España, Europa y el mundo. Resulta innegable que la crisis del Covid-19 va a dejar marcadas secuelas tras de sí en números ámbitos, como el político, el social y, por supuesto, el económico. Todo ello ha de tratarse de igual forma, desde la racionalidad, el análisis de la información disponible, y el continuo seguimiento de las predicciones elaboradas por expertos en diversas materias. El alarmismo, los prejuicios y las predicciones infundadas no ayudarán en absoluto a superar esta crisis, ni a prevenir o aminorar algunos de los problemas que acarreará una vez haya amainado el temporal. 

Por ello, es importante explicar el proceso evolutivo y expansivo del Covid-19, junto con sus diferencias respecto a otras enfermedades víricas más comunes y recurrentes en nuestras sociedades. Asimismo, resulta igualmente imprescindible desmentir algunos bulos relacionados, como que podría producirse desabastecimiento en supermercados, algo totalmente falso, y que no ocurrirá en España bajos las circunstancias actuales de la pandemia. Procederemos a detallar algunas estimaciones de expertos de reputación internacional sobre el efecto macroeconómico del Covid-19, así como algunas medidas económicas que podrían servir para disminuir su impacto recesivo en Europa. 

¿Qué es esencial que sepamos acerca del coronavirus?

Según prestigiosos epidemiólogos, en el caso del coronavirus, no debemos centrarnos ni única ni principalmente en la tasa de mortalidad, sino más bien en el número reproductivo, también denominado R. Según este, y dependiendo del país y del momento, cada infectado contagiará, de media, a entre 1,6 y 2,5 personas más, mientras que una gripe común tiene un R de entre 1,2 y 1,4. Que el Covid-19 presente un R cercano al 2, o situado incluso en el 2,5 en algunos casos, significa que la curva de afectados crecerá de modo exponencial. Con el aislamiento social y la restricción de libre circulación, se logra disminuir el número de contagios y, por tanto, contraer el R hasta cifras cercanas al 1, momento en el que, generalmente, el virus y su propagación se vuelven manejables y se evita el colapso del sistema sanitario. El objetivo consiste en convertir la curva de infectados totales de una función exponencial a una función sigmoide, es decir, lo que coloquialmente se conoce como “aplanar la curva”.  Esto solo se conseguirá si, conforme aumenta la expansión del virus, se contiene y frena el ritmo de contagios, lo que depende en gran parte de nuestra voluntad individual y de la concienciación como sociedad. 


Fuente: Max Roser, Hannah Ritchie and Esteban Ortiz-Ospina (2020) – “Coronavirus Disease (COVID-19) – Statistics and Research”. Published online at OurWorldInData.org. Retrieved from: ‘https://ourworldindata.org/coronavirus’ [Online Resource]

Debemos prevenir de todas las maneras que nuestros mayores salgan a la calle bajo ninguna circunstancia, ya que la tasa de mortalidad se dispara con la edad: es cuatro veces más alta que la de la media para los mayores de 70 años, y siete veces más entre los mayores de 80. Mientras tanto, para los menores de 40 años, la tasa de mortalidad media se acercaría a 2 por cada 1.000 infectados, lo que, en términos porcentuales, se traduce en un 0,2%. En España, y acudiendo a fuentes oficiales, se puede observar que el número de contagiados se duplica cada tres días, lo que muestra la grandísima importancia de la implementación y el estricto cumplimiento de las medidas de control, a fin de impedir el colapso del sistema sanitario nacional (público y privado). 

Es cierto que se podría estar infravalorando el número de afectados por el escaso número de tests que se están realizando (por falta de medios y capacidad del sistema, principalmente). En algunos países como Corea del Sur, donde se practicaron de manera generalizada sobre la población, incluyendo personas asintomáticas -ya que también pueden portar el virus-, la detección rápida de infectados y la posibilidad de discernir la gravedad de los distintos casos ha permitido reducir el contagio y la tasa de mortalidad de manera llamativa. La importancia de estos tests resulta muy elevada, ya que el periodo de incubación del virus se sitúa en torno a los 5 o 6 días, y puede contagiarse antes, siendo incluso asintomático tras el periodo de incubación en un respetable número de personas, sobre todo niños, adolescentes y gente joven sin patologías previas. 


Fuente: Max Roser, Hannah Ritchie and Esteban Ortiz-Ospina (2020) – “Coronavirus Disease (COVID-19) – Statistics and Research”. Published online at OurWorldInData.org. Retrieved from: ‘https://ourworldindata.org/coronavirus’ [Online Resource]
Cómo ser racionales en medio de una pandemia y no dejarnos llevar por instintos primarios

Frente a una pandemia como la del Covid-19, no debemos actuar en absoluto de manera escéptica y descuidada, pero tampoco hemos de entregarnos al histerismo y los instintos primarios. La razón, la inteligencia y la capacidad analítica de los seres humanos deben emplearse más que nunca en situaciones como la actual. En esta área, la economía del comportamiento, o behavioural economics, juega un gran papel y, por ello, cabe repasar algunos puntos que, a lo largo de los años, han ido señalando los expertos en esta rama de la Ciencia Económica, ya que pueden servir para controlar nuestro comportamiento frente a estas situaciones. 

No conviene que nos dejemos arrastrar por el miedo o la inseguridad. La incertidumbre acerca de la evolución de la epidemia, sus efectos o riesgos, genera comportamientos individuales muy heterogéneos, que limitan en muchos casos nuestra capacidad cognitiva sobre este punto. Es decir, habrá gente que extreme las precauciones al máximo, mientras que otros creerán que las medidas resultan exageradas y tratarán de eludir las restricciones de movilidad por todos los medios. Por otro lado, la alta preferencia temporal de gran parte de la población, esto es, que se le otorgue un mayor valor a los bienes presentes que a los futuros, hace muy difícil incentivar las conductas preventivas: mucha gente no piensa realmente en el perjuicio que podría suponer para ellos y su entorno el hecho de salir a la vía pública a correr o pasear al perro en grupo, por poner algunos ejemplos prácticos. 

En muchas situaciones, solo contabilizamos el beneficio que nuestras actuaciones podrían tener sobre nosotros mismos, sin tomar en consideración las externalidades (tanto positivas como negativas) que entrañan sobre terceros. Es decir, muchas personas extraen que lo único que pueden obtener del confinamiento consiste en no enfermar ellos mismos, pero no introducen en sus cálculos mentales que el objetivo final no pasa solo por prevenir la infección individual, sino frenar e interrumpir la expansión del virus. Así, algunas acciones imprudentes, como las reuniones o salir en grupo por la vía pública, presentan enormes externalidades negativas (coste social) sobre terceras personas, a las que se corre el riesgo de contagiar -recordemos que bastantes afectados son asintomáticos-, o las cuales podrían contagiarnos, y nosotros, a su vez, a otros, propagando así rápidamente la enfermedad. En ausencia de incentivos individuales que promuevan una internalización de los costes y beneficios de nuestras conductas, la cual motiva a reducir los primeros y aumentar los segundos, se hace necesaria la intervención del Estado (con justificación similar, pero ampliada, a la aplicable a la fiscalidad pigouviana), a través de medidas como el confinamiento o aislamiento forzado, u otras muchas contempladas en el marco jurídico que supone el estado de alarma. 

Efectuar un seguimiento continuo de los datos y un análisis periódico de estos hará que evitemos tanto el availability bias (hablar en exceso de un tema sin tener la información suficiente, lo que conduce a una infra o sobrevaloración de su relevancia y a extraer conclusiones erróneas) como el over-representation bias (otorgar una mayor importancia a ciertos factores relacionados con el coronavirus, y excesivamente poca a algunos otros, al aplicar equivocadamente un sesgo personal, a causa de la falta de información o de un análisis insuficiente o incorrecto de la misma). Esto logrará que actuemos de manera mucho más racional frente a una situación desconocida e incierta como la pandemia que, tristemente, estamos viviendo. 

En el plano más práctico, una de las mayores demostraciones de irracionalidad y escaso o erróneo análisis de la evidencia disponible radica en el hecho de pensar que pudiera haber desabastecimiento alimentario en España ante estas circunstancias.

¿Por qué NO habrá desabastecimiento alimentario en España?

En los últimos días, no hemos parado de ver imágenes de gente agolpada a la puerta de los supermercados, esperando a que abrieran para acceder al establecimiento y, una vez dentro, llenar los carros con grandes volúmenes de todo tipo de bienes. Pero ¿por qué hace acopio la gente? En principio, muchos han decidido acaparar productos higiénicos y alimentarios por el temor a un desabastecimiento futuro, es decir, a que, a la hora de acudir a la compra, se encontrasen de pronto ante una insuficiencia de oferta de estos productos. Un miedo irracional, infundado y sin ninguna base real. En periodos bélicos, los países pueden en muchos casos llegar a sufrir esta contingencia, pero no en una pandemia. Veamos por qué. 

Las disfunciones y distorsiones acaecidas en la estructura productiva en un caso y en el otro resultan muy diferentes. En el primero (el transcurso de una guerra), el sector de la distribución alimentaria -como tantos otros- pierde mucho potencial productivo. En otras palabras, aun produciendo al máximo de lo que permiten los medios disponibles, la oferta no dará para cubrir una demanda constante. ¿Por qué esa merma? Muy sencillo: a raíz, por ejemplo, del bombardeo de fábricas, granjas, supermercados, mercados municipales… se pierde capacidad de generar bienes, lo que deriva en escasez de oferta constante en el tiempo y conduce al desabastecimiento. 

¿Por qué en España no ocurrirá esto durante la pandemia del Covid-19? Las imágenes de personas amontonadas en los supermercados no muestran más que picos de demanda temporales. Es decir, un volumen de demanda que suele extenderse en el tiempo (los consumidores, normalmente, se reparten entre los días de la semana o del mes para ir a comprar) ahora se concentra en un corto espacio temporal (un mayor número de consumidores acude el mismo día, y, además, adquiere una mayor cantidad de productos). Pero estos picos no causarán una situación de desabastecimiento, ya que este depende de los niveles de oferta, y no es solo que actualmente la oferta de productos higiénicos y alimentarios se haya mantenido, sino que incluso ha aumentado para cubrir las necesidades de los clientes. Por otro lado, aunque la demanda se agolpe en el tiempo, dichos picos no se suelen prolongar. Así, una familia que acude a por 10 kilos de carne no volverá a comprar hasta que dichas reservas no hayan disminuido, distribuyendo así los puntos álgidos de demanda. 

Además, en todos los supermercados, los productos se reponen una vez cada jornada, y en situaciones como la actual, estamos observando que incluso dos. En España, de media, hay uno de estos establecimientos por cada 840 habitantes, una ratio muy elevada, además de tener 400 plataformas logísticas de distribución muy rápidas, y que se encuentran totalmente activas estos días, lo que permite surtir los almacenes y las baldas al completo en menos de 24 horas, tal y como informaba en un comunicado Mercamadrid. 

Los efectos económicos del coronavirus y posibles políticas macroeconómicas para combatirlos

Es de esperar que la crisis sanitaria del coronavirus deje a su paso una recesión económica, que puede resultar efímera o alargarse, dependiendo del tipo de políticas que se apliquen y de otros factores por ahora desconocidos. El impacto económico crecerá cuanto más rápido lo haga la curva de contagiados, ya que ello contribuirá a paralizar, más aún, la economía nacional. La incertidumbre es clave en el plano económico, y los números no auguran nada bueno. Si observamos el índice VIX, que muestra la volatilidad de los mercados, observamos que se halla en máximos que no se registraban casi desde 2008. Ya se han tomado algunas medidas al respecto, como restringir las posiciones cortas en 69 acciones del índice bursátil español, pero parece no haber tenido un gran efecto sobre los niveles de incertidumbre y volatilidad. Igualmente, aún no existen estimaciones fiables del impacto económico agregado de esta crisis sanitaria, que dependerá de multitud de factores, como la tasa de contagio, la de mortalidad, el comportamiento del virus frente a cambios de temperatura propios de la primavera, o las políticas de protección adoptadas por los principales países del mundo. 

El coronavirus generará -ya lo está haciendo- un shock tanto de oferta como de demanda, no solo por lo que implican la pandemia y las medidas para combatirla, sino también por la reacción de los agentes económicos frente a estas situaciones. El shock de oferta se produciría principalmente por la clausura de fábricas, oficinas y centros de trabajo. Por lo que a la manufactura respecta, el cierre de China durante el último mes y medio ha generado fuertes disrupciones en las cadenas de valor internacional, debido a una severa escasez de componentes y bienes intermedios. Lógicamente,  esto ha afectado en mayor medida a los países más expuestos a China o a naciones del sudeste asiático, caso de los germanos. Pero también se ha notado fuertemente en España, sobre todo en el sector automovilístico, que ya acusaba la escasez de inputs varias semanas antes de que se decretara el estado de alarma. En el sector servicios, el shock de oferta viene por el lado de los trabajadores. Es decir, al aislamiento y el parón en la actividad de muchas compañías -o al menos, una reducción significativa de esta- por las medidas de contención impuestas redundarán en una dependencia total del teletrabajo en el periodo de cuarentena. Como este resulta imposible de aplicar en algunos sectores como la hostelería, estos verán seriamente mermados sus ingresos. 

Por el lado del shock de la demanda, tanto la incertidumbre como la aversión al riesgo, unidas a las medidas de contención implementadas a nivel estatal, han contribuido a frenar el consumo en seco. En estas situaciones, muchas familias, sobre todo aquellas situadas en los deciles medios y más bajos de la distribución de la renta, presentan una severa reducción de su tasa de consumo, frente a un importante incremento de la de ahorro. 

España sufrirá bastante con esta crisis sanitaria, ya que algunos de los sectores más afectados -también en el tiempo- son el comercio, el turismo, la hostelería y el transporte, que, en conjunto, suman nada más y nada menos que un 25% de nuestra economía. 

Ambos shocks (oferta y demanda) podrían derivar en un futuro en un shock financiero, ya que dichas disfunciones en el mercado pueden provocar que empresas solventes hayan de cerrar la persiana a medida que deban seguir afrontando costes fijos y tributación frente a una merma de la práctica totalidad de sus ingresos. Es decir, una falta de liquidez temporal de algunos negocios puede transformarse en un serio problema de solvencia, que afecte sobre todo a pymes con poco atesoramiento de caja. 

Frente a esta crisis, no se han podido adoptar políticas macroprudenciales, debido a que se trata de un claro “cisne negro”, tal y como lo describe Nassim Nicholas Taleb. O sea, un hecho enormemente disruptivo e impredecible que acarrea graves consecuencias para nuestro orden de vida. Aun así, es de absoluta imprudencia y de una gran desvergüenza tener que afrontarlo con unos niveles de deuda pública del 98% del PIB, con un déficit fiscal superior al 2%, y con unos tipos previamente situados en el 0% por el BCE. La munición que se pueda llegar a tener para combatir esta crisis resultaría muchísimo mayor si, durante el periodo de expansión económica de los últimos años, se hubiera aprovechado para equilibrar las cuentas públicas, menguar el binomio déficit-deuda, y ejecutar una política monetaria responsable y estabilizadora. 

Es como si en tiempos de paz hubiésemos empleado los proyectiles para disparar a una diana ficticia, y ahora tratásemos de ir a la guerra con tan solo una pistola de mano y dos o tres balas en el cargador.

¿Qué políticas se pueden adoptar en el plano económico?

Hay que tener claro que, frente a esta crisis, la política fiscal deberá primar sobre la monetaria, que, a lo largo de los últimos años, ha visto fuertemente mermada su capacidad. Con los tipos a 0, e incluso negativos, el Tesoro puede financiarse para introducir mayores políticas de gasto y aplazamiento, reducción o eliminación de muchos tributos, y auxiliar así a autónomos y pequeñas empresas. Los sectores relacionados con el comercio, el turismo, la hostelería o el transporte han de ser prioritarios a la hora de recibir dichos alivios fiscales, no solo porque supongan un cuarto de nuestra economía, sino porque están padeciendo en mayor medida los efectos de la actual pandemia. 

Mientras esta dure, han de estudiarse políticas de ayuda, a fin de intentar mantener un mínimo de ingresos de las empresas, y que esto vaya destinado casi íntegramente a conservar las rentas de los trabajadores y el empleo en un futuro cercano. Asimismo, se podrían favorecer las reducciones de jornada -incluso para aquellas empresas que trabajen telemáticamente- para prevenir los despidos masivos tras la epidemia, y acompañarlas de un complemento para completar las nóminas de los empleados más vulnerables. Esto minimizará la contracción de la demanda agregada. 

El Gobierno de España, a través del ICO, podría abrir líneas de liquidez de manera temporal para pymes que estén sufriendo severamente los efectos del Covid-19, lo que contribuirá a su vez a la reestructuración de deuda, y evitará que una escasez de liquidez pudiera llevar a la insolvencia y la quiebra de muchas empresas. 

Finalmente, la política monetaria también juega su papel, aunque mucho menor y menos efectivo. Como ya hemos comentado, la capacidad de acción de los bancos centrales -sobre todo del BCE- es extremadamente limitada, ya que, desde 2008, viene empleando todos sus recursos y aplicándolos al máximo sin tregua (ello incluye TLTRO, QE y su prolongación, tipos de interés negativos…). 

La semana pasada, la comparecencia de Christine Lagarde al respecto no fue demasiado positiva, ni tampoco sentó bien a los mercados, que acusan la falta de política fiscal y los excesos de la política monetaria que se llevan cometiendo a lo largo de los últimos años y que se piensan prorrogar e incentivar. Por un lado, el BCE pretenden inyectar más liquidez a las empresas, centrándose sobre todo en pymes, tal y como se indicó el pasado jueves, a través de TLTRO III. Por otro, se proponen continuar y ampliar la adquisición de activos financieros (bonos soberanos y corporativos principalmente) a través del ya longevo QE, tratando de facilitar que las compañías que lo deseen puedan financiarse a través de los mercados. A lo que sí se negó Lagarde fue a que el BCE hiciera el trabajo que le corresponde a los Estados, relativo a acotar las primas de riesgo que han venido disparándose durantes estas jornadas. 

En conclusión, de la crisis sanitaria del Covid-19 surgen varias crisis más, tanto en el plano económico como en el social y político. Frente a todas ellas no podemos actuar con escepticismo, ni mucho menos con histeria. En estos momentos difíciles, toca estar  y actuar unidos. Cuando pase la tormenta, habrá que luchar para prevenir que se hunda la economía y la sociedad del viejo continente. Porque si se hunden ambas, el proyecto europeo va detrás. Y eso ni podemos ni debemos permitirlo.


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