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jul
Expansión

Es un lugar común que el hombre siempre ha deseado volar y que sólo lo ha conseguido en un período muy reciente de su historia. Tras numerosos ensayos e innumerables frustraciones, el invento del globo aerostático en el siglo XVIII supuso un paso importante, pero muy limitado, en el objetivo de encontrar un medio para desplazarse por el aire. Y fue el desarrollo de la tecnología en el siglo XIX lo que permitió dedicar esfuerzos dirigidos a crear máquinas voladoras más pesadas que el aire. Y, finalmente, se logró el éxito. Aunque se discute quién inventó el primer aeroplano y la fecha de la primera experiencia de éxito, una de las teorías más aceptadas es la que apunta a los hermanos Wrigth y al vuelo del Flyer I el día 17 de diciembre de 1903 en Kitty Ilawk (Carolina del Norte).

Wilbur y Orville Wright nacieron en 1867 y 1871, respectivamente. Mientras dirigían una fábrica de bicicletas en Ohio empezaron a estudiar técnicas de vuelo y a diseñar un modelo aerodinámico que hiciera éste posible; lo que culminó en la mencionada prueba de 1903. Pero no eran, ciertamente, los únicos dedicados a esta actividad en aquellos años. En 1906, Alberto Santos Dumont, un brasileño afincado en París realizó un vuelo similar; y como no necesitó una catapulta de lanzamiento, como la utilizada por los Wright, muchos consideran que éste fue, realmente, el primer vuelo de un avión en la historia.

Tengan razón unos u otros, lo importante es que, en la primera década del siglo XX se habían realizado experimentos prometedores que anunciaban que la nueva era de la aviación había comenzado. Tras los primeros ensayos, el avión empezó a ser utilizado en actividades deportivas y, especialmente, como arma de guerra. La aviación experimentó así una gran expansión en la Primera Guerra Mundial, en la que los enfrentamientos individuales entre pilotos se convirtieron en una versión moderna de los viejos duelos de los caballeros de la Edad Media. Mucho más terrible fue, sin embargo, el papel del arma aérea en la Segunda Guerra, en la que los aviones no sólo se utilizaron para combatir al ejército enemigo, sino también para bombardear a la población civil, en muchos casos en ciudades indefensas. Todos los contendientes que tuvieron la oportunidad, lo hicieron; y la destrucción de Hiroshima y Nagasaki con bombas atómicas se realizó mediante ataques aéreos. Habría que esperar a la segunda mitad del siglo XX para que la aviación civil diera el gran paso adelante. Al principio, de forma pausada, en una sociedad en la que los viajes en avión eran símbolos de un elevado estatus social; y, más tarde de una forma realmente espectacular, popularizándose de tal manera estos viajes que el pasado año 2016 los servicios de transporte aéreo fueron utilizados por tres mil setecientos millones de personas.

Tal crecimiento se ha debido, en buena medida, a la gran reducción de costes y precios que este sector ha experimentado; lo que ha contribuido, de forma sustancial, a la expansión de otras actividades económicas, especialmente relacionadas con el turismo. Ciertamente el encanto del viaje en avión y el confort de los pasajeros se han reducido de forma notable junto con la caída de los precios. Pero el aumento de bienestar que ha supuesto a muchos millones de personas el poder acceder a este tipo de transporte ha sido muy importante. Ni los hermanos Wright, ni Santos Dumont ni ninguno de los restantes pioneros de la aviación habría podido imaginar que una cosa así pudiera suceder alguna vez.


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