Atenuadores de precios
27/05/2019

El candidato del Partido Socialista a la alcaldía de Madrid, Pepu Hernández, afirmó en la campaña electoral: “Tenemos que presionar al mercado para atenuar el precio de la vivienda”. Han pasado ya unos cuantos días desde que leí la frase y sigo preguntándome qué le habrá pasado a este buen señor por la cabeza para decir una cosa así y qué estrategia tendrá en mente para lograr este objetivo. Al margen, naturalmente, de la idea repetida una y otra vez desde la izquierda de que lo que Madrid necesita realmente es un gran parque público de viviendas. Cómo se vayan a construir —o a comprar— y a gestionar con un mínimo de eficiencia es, sin embargo, un misterio que a ninguno de sus promotores parece preocupar.

La frase de Hernández, aun teniendo muy poco sentido, no es más absurda que muchas otras soluciones mágicas que se tratan de vender al votante en las campañas electorales. Si le dedico esta columna es porque me parece representativa de una forma de entender la política económica que refleja una profunda ignorancia con respecto al funcionamiento de los mercados y, lo que es aún más grave, una sorprendente fe en la capacidad de los organismos públicos para hacer cosas que no están a su alcance; la fatal arrogancia, en la conocida expresión de Friedrich Hayek.

No hay que ser un genio de la economía para darse cuenta de que para “atenuar” los precios en una situación de demanda creciente, lo que habría que conseguir es elevar la oferta, es decir, proporcionar incentivos a los propietarios de viviendas para que entren en el mercado del alquiler. Pero si lo que se pretende hacer (y me temo que este es el caso) es lo contrario, el resultado será necesariamente malo. En otras palabras, si se ponen nuevas trabas a los arrendadores, regulando por ejemplo los contratos en un grado muy elevado o limitando su derecho a desahuciar a quienes no paguen la renta, el resultado será que caerá la oferta de viviendas en alquiler y los precios subirán aún más.

Claro que otra opción, que también se ha propuesto, es controlar directamente los precios en el mercado de viviendas arrendadas. Lo que ocurre es que así no atenuamos los precios. Simplemente destruimos el mercado… y no queda nada que atenuar.

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