El martes 24 de marzo la Fundación Civismo organizó la tertulia «Lobby en España. De la sombra a la luz en 25 años» con Rafa Rubio, Catedrático de Derecho Constitucional y Autor de “25 años de lobby en España”.
La acción del lobby, entendida como la influencia en la toma decisiones, es una práctica con miles de años. Rafa Rubio mencionaba incluso las plagas de Egipto como un ejemplo “extremo”. No obstante, su desarrollo de forma organizada comienza a finales del siglo XIX en Estados Unidos. Actualmente, existen numerosos términos para referirse al ejercicio del lobby: en Francia se denominan «grupos de interés», en EE.UU «lobbies» y en Reino Unido «grupos de presión». Sin embargo, para Rafa Rubio todos los términos hacen referencia al mismo acto.
En 1996 comenzó a estudiar este fenómeno en España. En aquel momento, solo dos entidades se autoidentificaban como lobby, destacando José Luis Sanchís, si bien se presentan como lobby ciudadano.
Desde entonces, ha analizado tanto el desarrollo del lobby en España como su regulación. Su tesis es que el desarrollo del lobby va de la mano con el avance de la democracia. En materia de regulación, considera que en estos 30 años no se ha avanzado de forma significativa. Pues para él, lo importante no es regular el sujeto, es decir, quién es o no es lobby, sino la actividad que realiza.
En España existen regulaciones «parciales»: en seis comunidades autónomas, en el Ayuntamiento de Madrid y ha habido algunos intentos en Valencia. A nivel estatal, hay iniciativas como el Proyecto de Ley de Transparencia e Integridad de los grupos de interés, pero no se ha llegado a una regulación definitiva.
En contraste, en 72 países sí existe regulación, lo que Rubio considera un desiderátum democrático necesario. Diversos informes, como los del GRECO, también señalan la urgencia de avanzar en este ámbito.
Rafa Rubio señaló que, paradójicamente, quienes más critican el lobby en la práctica suelen ser quienes más se oponen a su regulación, buscando mantener el status quo, lo que puede derivar en mala praxis. Tradicionalmente, el lobby se ha vinculado a la corrupción, lo que ha contribuido a su desacreditación. En este contexto, ejemplificó que, en una encuesta a más de 500 CEOs en España, esta actividad se describe con más de 100 términos distintos: como asesoramiento, asuntos públicos, relaciones institucionales,…lo que refleja el intento de evitar el propio término «lobby».
Rafa Rubio identifica tres etapas en el desarrollo del lobby en España.
- La primera tiene un carácter fundacional y se sitúa a finales de los 90. En ella, los actores principales eran en su mayoría expolíticos o «exgabineteros», como Rafael Calvo Ortega o José Ramón Caso. La concepción del lobby en ese momento se basaba fundamentalmente en las relaciones personales, siendo la confianza el elemento central, mientras que las cuestiones técnicas eran un aspecto secundario. En esta fase también destaca la entrada de multinacionales que consideraban imprescindible el lobby para su actividad y contribuyeron a su desarrollo. Ya en 1994 existían unas 10 empresas españolas registradas que definían su actividad como relaciones públicas. Asimismo, en 2008 se creó la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI).
- La segunda etapa comprende los años entre 2010 y 2020. Supone la consolidación del sector. Destacan dos elementos de este período. Por un lado, el surgimiento de empresas especializadas, lo que Rafa Rubio denomina “boutiques de lobby”, con un enfoque principalmente técnico y profesional. Por otro, el desembarco de las empresas de comunicación en el ámbito político.
- La última etapa, a partir de 2020, es la «explosión»: se produce una aceleración empresarial y profesional apoyada en la experiencia previa. En esta etapa destacan cuatro áreas clave: legislación, política, comunicación y conocimiento técnico. Según Rafa Rubio, este crecimiento puede vincularse a factores como la normalización del lobby, la hiperregulación o la volatilidad política.
En conclusión, a opinión de Rafa Rubio, el sector está lo suficientemente maduro para la plena profesionalización, sin embargo, considera que aún debe mejorar la integración de una cultura de asuntos públicas en la propia cultura corporativa.



