Antonio Fernández-Galiano, presidente de Atrevia España y antiguo consejero delegado de Unidad Editorial, ha protagonizado una nueva sesión del ciclo Desayuno Líderes de Información de la Fundación Civismo.
En el desayuno se han tratado diversos temas que giran en torno a una idea central: la irrupción de las redes sociales como herramienta sustitutoria de los medios de comunicación en su función de agentes creadores de opinión pública.
En la época de la transición llegó a existir un amplio movimiento de la ciudadanía hacia un objetivo común y compartido: el de crear la sólida Constitución de 1978. Hoy en día, las redes sociales están alterándolo todo, ya que producen una fragmentación en los medios tradicionales, además de debilitarlos por su falta de masa crítica.
Han aparecido las cámaras de eco, entornos virtuales que funcionan a base de los algoritmos donde el usuario recibe información sesgada que refuerza sus propias creencias. Ello conlleva a generar un ecosistema cerrado de gente que se limita a pensar y vivir concorde sus propias creencias.
Se observa que las plataformas digitales ya relevan a los medios como palancas de cambio de la opinión pública. Según Antonio Fernández-Galiano, vivimos una crisis de los medios tradicionales que produce varios problemas:
- Impacto en la cohesión de la democracia, que dificulta alcanzar objetivos compartidos.
- La desinformación. Se han roto todas las barreras y ya no hay jerarquía, ni credibilidad, ni verificación de la información.
- La fragmentación de la opinión pública ha producido la desaparición de la esfera compartida.
- La percepción de la realidad de los ciudadanos es completamente diferente. Hoy no hay conciencia colectiva.
- Sobreabundancia informativa. Nunca ha habido tanta información, pero nunca ha sido tan poco fiable.
El consenso social por compartir un proyecto común, como lo hubo en la época de la transición, ha desaparecido. El algoritmo ha traído consigo una sociedad aún más vulnerable al arrebatamiento de la democracia: han desaparecido las líneas rojas, prevalece lo emocional sobre lo racional, la polémica estimula la participación y se favorece esta en detrimento del consenso social, se camina hacia la deriva de la polarización a través de mensajes donde prima la simplificación ante la complejidad.
En conclusión, el desafío actual es la integración de las tecnologías, pero cumpliendo ciertas premisas. Elevar el debate público, reformar el periodismo profesional, llevar a cabo una labor de alfabetización digital (sobre todo en niños y jóvenes, principales usuarios), y establecer una regulación legislada es clave para avanzar hacia un futuro mejor.












