La situación europea actual debe entenderse como un momento de shock estratégico. Así lo ha explicado el investigador Florentino Portero, investigador senior de la Fundación Civismo y experto en Relaciones Internacionales, en el desayuno de hoy, donde ha analizado la posición de Europa en el nuevo contexto internacional.
Para comprender la actualidad, Florentino Portero recordó el marco que se configuró tras la Segunda Guerra Mundial. En los años cincuenta comenzó lo que describió como un «matrimonio desigual» entre Europa y Estados Unidos. Durante décadas, este sistema funcionó bajo la premisa de un orden liberal internacional sostenido por Washington.
Sin embargo, este modelo comenzó a entrar en crisis a partir de 2007, deteriorándose progresivamente hasta romperse de forma definitiva durante la presidencia de Donald Trump. Según Portero, esta ruptura no es coyuntural: no existe una vuelta posible al pasado.
El abandono de este orden liberal implica también el fin de muchos de los acuerdos que lo sostenían. No se trata únicamente de la crisis de la OTAN, sino de la erosión del conjunto del marco atlántico. Perdiendo así Europa la garantía de protección, incluida la nuclear estadounidense, sobre la que el continente había descansado su seguridad durante décadas.
En este nuevo contexto surge un elemento especialmente significativo: la guerra de Irán, que irrumpió en el sistema internacional sin consulta a Europa. Históricamente, Estados Unidos coordinaba decisiones estratégicas con sus aliados. Hoy, ese mecanismo de consulta no existe. Esta inestabilidad ya tiene impacto directo en territorio europeo: misiles han caído en Chipre, evidenciando la falta de seguridad del continente.
Ante una agresión de este tipo, según el Tratado de la Unión Europea (1992, artículo 42.7), «si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance». El problema es claro: Europa quiere actuar, pero no sabe cómo hacerlo.
A esta falta de claridad estratégica se suma la diversidad de posiciones dentro de la propia Unión Europea. Por un lado, Ursula von der Leyen ha defendido que Europa debe adoptar una postura realista ante la situación internacional. Por otro, António Costa ha insistido en la necesidad de preservar un orden internacional basado en normas.
Esta divergencia se produce en un contexto en el que Europa ha delegado durante décadas sus capacidades militares en Estados Unidos. El cambio de paradigma ha dejado al continente sin una respuesta clara sobre cómo actuar de forma autónoma. Los datos reflejan esta debilidad: Europa podría mantener solo siete días de combate, y no de alta intensidad.
A ello se añade otro problema estructural: las instituciones europeas carecen tanto del marco jurídico como de las competencias necesarias para gestionar un conflicto de esta magnitud. Florentino, citando a José Ortega y Gasset, expone que este «el tema de nuestro tiempo». Si Europa aspira a convertirse en un actor internacional relevante, debe comenzar por hablar con «una única voz».
Entre las políticas que Portero considera necesarias destacan dos prioridades:
- Completar el Mercado Único y la integración monetaria, reforzando así la base económica del proyecto europeo. Ejemplo de ello son los eurobonos.
- Impulsar mecanismos de Cooperación Reforzada, ya sea dentro o fuera del marco institucional de la Unión Europea.
La cuestión del liderazgo resulta igualmente decisiva. Históricamente, los grandes avances del proyecto europeo han estado impulsados por Francia y Alemania. Sin embargo, en el contexto actual ambos países enfrentan importantes limitaciones.
En Alemania, la sociedad sigue mostrando reticencias a asumir el liderazgo. Aun así, el canciller Friedrich Merz es consciente del papel que Alemania debe desempeñar y plantea la necesidad de una nueva revolución industrial, que inevitablemente deberá tener una dimensión europea. No obstante, Merz se enfrenta a dos obstáculos importantes: gobierna en coalición, y el partido Alternative for Germany (AfD) podría alcanzar hasta el 25 % del voto, lo que complica aún más el escenario político.
Francia, por su parte, muestra voluntad de liderazgo, pero según Portero carece de un proyecto con perspectivas de futuro claro para Europa.
Ante la competencia global entre Estados Unidos y China, Europa también deberá replantear su red de alianzas, incluyendo posibles socios como Reino Unido, Corea del Sur y Japón.
La conferencia concluyó con una reflexión sobre la guerra de Irán, un conflicto que Portero sitúa entre los escenarios geopolíticos de Afganistán y Pakistán. Este conflicto gira en torno a dos elementos fundamentales: en primer lugar, la división interna del islam entre suníes y chiíes. En segundo lugar, la confrontación con Israel.
Según Portero, la política de Trump ha sido distinta a la de otras administraciones estadounidenses. En lugar de buscar directamente la destrucción del régimen, su objetivo es un cambio de éste, pasando así de una lógica puramente militar a una estrategia política. El desayuno concluyó con una frase que describe la forma de actuar del presidente: TACO, «Trump Always Chickens Out».






