Chateaubriand: «Uno hace verdadera política cuando va contra los suyos mismos»
02/03/2026

La Fundación Civismo ha celebrado un nuevo Seminario de Pensamiento sobre «Chateaubriand, origen y fin del estado liberal», con Armando Zerolo, organizada junto con la Fundación Konrad Adenauer, la Fundación Conversación y el Club Tocqueville, dedicada en esta ocasión a la figura de François-René de Chateaubriand.

El seminario abordó la trayectoria intelectual y política de Chateaubriand, político y pensador francés de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, a quien puede definirse como un personaje bisagra entre el Antiguo Régimen y la política moderna. Vivió la Revolución Francesa, el Imperio napoleónico y la Restauración borbónica, y a lo largo de su vida perdió prestigio y patrimonio por la defensa de sus ideas.

Lejos de ser un pensador dogmático, Chateaubriand reaccionó a las circunstancias de su tiempo. Su vida puede dividirse en dos grandes etapas. La primera, marcada por la infancia y el exilio, estuvo profundamente marcada por su origen aristocrático y bretón. Bretaña, región tradicionalmente independiente y refractaria al poder central, influyó en su carácter.

En un primer momento apoyó la Revolución como liberal frente al Antiguo Régimen. Sin embargo, tras el periodo del Terror (como relata en Memorias de Ultratumba) retiró su respaldo. Se exilió en Inglaterra, en donde junto a personajes como Constant o Fontanes impulsaron el pensamiento contrarrevolucionario, caracterizado por la convergencia de ilustrados, liberales y opositores a la tiranía.

De regreso a Francia, adquirió el periódico Le Mercure, donde publicó el 4 de julio de 1807 un artículo en el que comparaba a Napoleón con Nerón, insinuando que «Tácito ya había nacido» en el Imperio, es decir, que su tiranía sería denunciada por la posteridad. Este gesto le costó la expulsión política. Con todo, Chateaubriand fue ante todo un político que escribía, más que un intelectual dedicado a la política.

La segunda gran etapa corresponde a la Restauración Borbónica. En ese contexto surgieron dos opciones: revolucionar o involucionar. Es aquí donde se consolida el nacimiento de la política moderna. Chateaubriand defendió una monarquía constitucional y trató de persuadir a los sectores ultras (denominación de entonces) de la necesidad de reformas liberales impulsadas bajo el reinado de Luis XVIII. No pretendía convencer a los jacobinos, sino a los propios monárquicos reacios al cambio, puesto que, como señala Armando Zerolo, «uno hace verdadera política cuando va contra los suyos mismos».

Durante este periodo publicó Reflexiones políticas, donde articuló su credo constitucional en cuatro premisas fundamentales:

  1. El rechazo de cualquier utopía (en política no cabe restaurar, sino instaurar);
  2. La aceptación del régimen constitucional como garantía en tiempos de crisis;
  3. El legitimismo basado en un sistema bicameral y en la ampliación del sufragio censitario;
  4. La defensa de las libertades públicas, especialmente las de asociación y opinión, como condición indispensable para un debate público abierto.

En La monarquía según la Carta defendió la separación entre el poder real y el ministerial (anticipando en cierta medida la distinción actual entre Jefe de Estado y Jefe de Gobierno), así como la libertad de prensa. Para Chateaubriand, el poder necesita del debate público: al abrirse la discusión, esta se traslada del absolutismo al foro público.

Frente a quienes pretendían legitimar el poder político mediante la autoridad del Papa y la unión del trono y el altar, Chateaubriand sostuvo que la moral y los valores no pueden imponerse por ley. Defendió una moderación en las pretensiones de la ley y un camino hacia los valores a través de la libertad, sin por ello caer en el relativismo moral.

En conclusión, el legado liberal de Chateaubriand: separación de poderes, limitación del contenido de la ley, distinción entre Iglesia y Estado y defensa de las libertades políticas, puede parecer hoy poco innovador. Sin embargo, el liberalismo constituye una excepción histórica, un privilegio al que las personas se han acostumbrado.

La Fundación Civismo, comprometida con promover ideas que hagan comprender la realidad de hoy y el mundo de mañana, organiza este ciclo de seminarios un viernes al mes a las 19:00 horas. Puedes inscribirte al próximo seminario con Pablo Malo en ESTE ENLACE

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