Un escándalo en Königsberg. Noticias falsas en el siglo XIX
Un escándalo en Königsberg. Noticias falsas en el siglo XIX
Clark, Christopher
07/07/2026

Galaxia Gutenberg, 192 pp. (2026)
Christopher Clark

Christopher Clark es un historiador de origen australiano que cursó estudios en su país y posteriormente en Alemania y Reino Unido. En este último país es profesor en la Universidad de Cambridge. Estos mínimos datos biográficos ayudan a entender la singular perspectiva de este autor sobre la historia y la sociedad alemana. Esto puede verse en su anterior obra Tiempo y Poder. Visiones de la Historia. Desde la guerra de los Treinta Años al Tercer Reich (2019).

El libro que ahora nos ofrece trae causa en unos hechos que entre 1835 y 1842 llevaron la sinrazón a la ciudad de su filósofo más ilustre, fallecido apenas tres décadas antes. Históricamente, Königsberg es mucho más que la ciudad de Kant. La ciudad del Báltico era la capital de Prusia oriental y su origen va estrechamente ligado a la Orden Teutónica bajo cuyo control estuvo hasta su secularización en 1525. Berlín (Brandemburgo) fue la capital política y administrativa de Prusia – tras la unificación lo sería de toda Alemania-; mientras que Königsberg constituía la “capital espiritual” de Prusia. Allí se coronaban los monarcas prusianos. Tras la II Guerra Mundial, Prusia desapareció y hoy la ciudad teutónica, con el nombre de soviético de Kaliningrado, pertenece a Rusia que tiene allí el mando de la flota del Báltico.

Esos datos destacan más aún si cabe el interés por unos sucesos que allí acaecieron y que se leen como una magnífica crónica que llegaría a interesar a todas la tierras alemanas y en la que vemos desfilar todo tipo de personajes; desde el famoso barón de Stein (modernizador de Prusia), pasando por buena parte de la alta nobleza prusiana y unos personajes pertenecientes a ese “tercer estado” emergente que, como en toda Europa, pretende encontrar su reconocimiento social no solo por el dinero, sino también por “novedosas” ideas filosóficas cuando no pseudorreligiosas en un contexto, por cierto, de auténtico renacer religioso tras el vendaval revolucionario francés. Es en ese escenario donde aparecen como protagonistas involuntarios dos atribulados clérigos luteranos sobre los que caerán todos los aderezos que aún hoy son condimento recurrente para que reconozcamos unos hechos como escándalo. Ambos se verán sometidos por las élites progresistas de su ciudad a una sucesión de malévolas difamaciones, burlas multitudinarias y acoso de todo tipo que se integrarán en aquello que Habermas definió como esfera pública – un tanto oscura en el caso- , que hará de ellos, acusados de fundar una “secta ilegal”, auténticos chivos expiatorios de esa férrea voluntad prusiana de controlar lo que se entendía entonces como “políticamente correcto”: el control por el Estado de cualquier tipo de manifestación religiosa – tal como pocas décadas después se verá con la Kulturkampf (en realidad Kultuskampf) llevada a cabo por Bismarck contra la Iglesia católica. Inocentes finalmente, pero completamente desahuciados, los clérigos son un ejemplo de primeras víctimas de una opinión pública que se demuestra puede ser manejada por determinadas élites mediante un constante engrosamiento de publicidad negativa. Como bien afirma Clark: “no puede decirse que la publicidad ejemplificara las virtudes de “dar la razón” de la esfera pública habermasiana, ni que creara un clima donde “ganó el mejor argumento”. Poner esta frase en presente no es, desde luego, ningún despropósito.

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