26
nov
OkDiario

Como ya es por todos conocido, la configuración del futuro Ejecutivo dependerá de las militancias de los autodenominados partidos de “progreso”. Partido Socialista, Unidas Podemos, Izquierda Unida y ERC han dejado en manos de sus afiliados el futuro del país. O eso tratan de transmitir las cúpulas de estas formaciones de izquierda, cuando la realidad de estos procedimientos plebiscitarios se aleja bastante de una mayor apuesta por la democracia.

El motivo radica en que estas consultas que pretenden erigirse en mecanismos de democracia directa no son sino herramientas para blindar el poder de un líder o una élite dentro del partido, así como asegurar que se lleva a cabo la postura que defienden. Además, también como de costumbre, el efecto de estas recetas, o vías, que emplea la izquierda contravienen precisamente aquello que pretenden (o eso dicen) alcanzar. En el caso de las consultas a la militancia, un procedimiento que persigue un mayor consenso.

Difícilmente pueden lograrlo cuando las citadas formaciones políticas supeditan su posicionamiento, no ya a sus votantes —esencia de la democracia representativa—, sino a sus afiliados, quienes, en el mejor de los casos, se cuentan por cientos de miles (178.651 en el caso del PSOE), mientras que, en otros, apenas llegan a un puñado de miles (como los 8.500 a los que estaba dirigida la consulta de ERC).

Pero el verdadero problema de someter cuestiones de envergadura a la militancia no reside únicamente en la magra proporción de consultados respecto a votantes. A este problema cuantitativo se une otro cualitativo, consistente en el hecho de que, en una amplísima mayoría, la militancia esté formada por los más leales simpatizantes del partido y de su cúpula, que, en los jerárquicos partidos políticos españoles, difícilmente se disocian —ni tan siquiera, paradójicamente, en aquellos de concepción federal como el PSOE. Así, esta especie de guardia de corps rara vez disiente de la opinión del líder o los jerarcas, lo que queda reflejado perfectamente en las preguntas que vertebran estas consultas y que pocas veces resultan neutrales.

Bien por miedo a la purga, bien por su férrea afinidad a la línea marcada por el partido, la militancia se manifiesta como el eco de la voz de su líder. Sólo así se explica el refrendo masivo al acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos, que se saldó con un 92% de votos a favor en el caso de la consulta del PSOE —respaldo que, seguramente, veamos replicado en la de Unidas Podemos, cuyo plazo finaliza mañana—, o la adhesión a la tesis de la cúpula de ERC por parte de un 94% de los participantes en la suya.

España no se caracteriza por la democracia interna de sus partidos, pero resulta especialmente bochornoso el ridículo maquillaje aperturista que tratan de aplicarse las formaciones de izquierda, el cual no hace sino poner más de relieve un último rasgo de la democracia plebiscitaria que practican con regularidad: el control personalista y demagogo por parte de sus líderes. Así lo señaló Weber hace casi un siglo en su Economía y sociedad (1921), al decir que la democracia plebiscitaria se trata de una suerte de dominación carismática, oculta tras la máscara de legitimidad que arroja la voluntad de los dominados —militantes—; una verdadera devoción que, unida a un instinto de supervivencia muy notable, explica por qué Sánchez e Iglesias siguen dirigiendo sus respectivos partidos. Mientras tanto, más de media España observa con estupor la materialización del abrazo de los susodichos: el enésimo ejercicio democrático de la izquierda que, como viene siendo habitual, no pasa de burda tomadura de pelo.


    JOSE ANTONIO PADILLA RIBERO
    Totalmente de acuerdo Juán Ángel. Pero, a lo tan brillantemente arriba expuesto, yo añadiría varios "ítem más", a saber: primero y más sugerente ¿realmente se puede pensar, conociendo la pasión idílica y superlativa por la verdad del principal de estos actores (el ínclito Doctor Sánchez), secundado por la inteligencia, coherencia y sapiencia política que caracteriza a su grandísimo secundario (rey Midas Iglesias), también en permanente e inigualable enamoramiento por la verdad, que nos dicen la verdad en esos porcentajes soviéticos? ¿Crees, podemos creer, que han votado tantos y en ese porcentaje plebiscitario? ¿Y los de ERC, crees, podemos creer, que también son honestos y nos dicen la verdad, superando esas soviéticas adhesiones de nuestros nuevos mesías? Segundo: En el caso de que se llegue a conversar, en serio -no como propaganda y alimentación de galerías mediáticas y/o para mantener "calientes" a “las bases”-, el precio a pagar por votos tan "nobles, altruistas y honrados" será inasumible, incluso por el propio PSOE. Dicho lo cual creo que nunca se formará gobierno con estos actores principales, más los secundarios en caso de necesidad (8 partidos, o 13, según se vayan desarrollando los acontecimientos). Como mucho veo un gobierno de minoría PSOE/Podemos, con el único fin de no reconocer derrotas en las cúpulas de estos engendros de intereses llamados partidos de progreso, aquelarre solo teóricamente formado con vocación de duración, con una vida corta y dramática. Tercero: el papel del PSC en este teatrillo político, descubriendo y enseñando sus verdaderas almas nacional-independentistas, solapadas y adormiladas por principios genéricos tan cargados de superioridad moral, ética y autobombo (a los socialistas y a la izquierda en general, la propaganda no hay que enseñársela, vienen de fábrica con el título de catedráticos de la ídem desde, casi, la cuna) para ir cuadrando cuentas y adoctrinando mediante esta anestesia conceptual inoculada con sonrisas y buen rollito progre a los hiperconvencidos -más las raciones de carnaza antiliberal y antifachas correspondientes, para rizar el rizo de progreso- hasta que hay que echar el resto, que es cuando sacan su verdadera naturaleza.
    JOSE ANTONIO PADILLA RIBERO - 28 nov.RESPONDER

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