22
oct
Diario de Avisos

El analista, editor y experto en relaciones económicas internacionales, investigador de la Fundación Civismo, Francisco Coll Morales, aporta una definición sobre la socialdemocracia como ideología política. Esta -dice- trata de promover la justicia social, mediante la intervención directa del Estado en la economía capitalista. El régimen en el que se enmarca es el de una democracia representativa. El fin de la intervención es el de poder redistribuir la renta de una forma más social, garantizando el estado del bienestar y el interés general.

El propio Coll explica que el principal objetivo de la socialdemocracia es el de reducir los niveles de desigualdad dentro de una economía. Es por eso que, como corriente de izquierdas, promueve una redistribución de la riqueza mediante un complejo sistema impositivo. Estamos, pues, ante una corriente política que dice comprometerse con la pobreza, así como en la prioridad de poseer unos extensos servicios públicos universalizados.

En el pasado 40 Congreso Federal del PSOE, su reelegido secretario general y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, abrazó la socialdemocracia para ponerla más de moda, reivindicándola como una vía para cambiar la vida de la gente: “El ideal político más moderno y avanzado de nuestro tiempo”, llegó a decir. Si se interpreta al pie de la letra, al margen de los resultados de la cita congresual, parece obvio señalar que nos encontramos en puertas de la reconfiguración del proyecto socialista en los ámbitos político y económico.

Han dado los socialistas un primer paso. Ahora han de llevar a la práctica, sobre todo en las instituciones donde gobiernan, políticas que habrían de ser distintivas, como por ejemplo, de qué modo compite nuestra economía para crear empleo, generar riqueza y distribuirla. Pero hay dos pilares más para traducir las formulaciones teóricas. Por un lado, diseñar, legislar y financiar nuestra cohesión social; y por otro, determinar la convivencia en una sociedad plural que intenta reponerse del impacto de una pandemia, a través de qué derechos y obligaciones y de qué libertades públicas.

El PSOE quiere estar a la altura de los cambios que se avecinan en la sociedad española. Y ha de ser consciente de lo que eso significa: un salto cualitativo a la hora de hacer política. Después de haber acumulado más de veintidós años en tareas gubernamentales, y habiendo aprendido también de su paso por la oposición, por lo tanto atesorando experiencias, ahora debe afrontar un período en el que las exigencias se sucederán a medida que la sociedad haya de esforzarse para ser consciente del valor de lo público y de que lo público ha estado al servicio de todos.

Las políticas contenidas en las resoluciones del Congreso Federal deberán seguir atendiendo frentes prioritarios como el fomento del empleo, el incremento del Salario Mínimo Interprofesional, un pacto viable contra la violencia de género y la lucha contra la desigualdad y la exclusión, entre las principales asignaturas. Pero la primera es impregnar ese sustrato ideológico de la socialdemocracia. A ver si no lo frenan los apremios de márquetin y agobios electorales.



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