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may
Actualidad Económica

El entusiasmo para emprender se desploma cuando se calcula el beneficio neto que quedará después de pagar los tributos. El porcentaje que representan estos y las cotizaciones sociales sobre el total de coste laboral se denomina “cuña fiscal”. Cuando esta es abusiva, el incentivo al esfuerzo laboral desaparece. De ahí que el progreso económico de un país resulte inviable cuando Hacienda requisa demasiado de las rentas del trabajo. Los políticos debieran percatarse de que la recaudación no aumenta porque lo haga la cuña fiscal, sino que, incluso, puede bajar los ingresos. Además, subir los impuestos al trabajo siempre causa otro perjuicio: el incremento del paro en las actividades de menor valor añadido.

La Tax Foundation ha presentado un informe elaborado por Cristina Enache, su analista de políticas fiscales, que compara los gravámenes al trabajo en los países que pertenecen a la OCDE, utilizando para ello los datos publicados por esta organización internacional. Sus principales hallazgos son los siguientes: 1) El salario neto del trabajador por cuenta ajena promedio de la OCDE se ve reducido por tres impuestos: el correspondiente al ingreso individual (IRPF), la nómina (cotizaciones a la Seguridad Social del empleador), e impuestos al valor añadido (IVA) y a las ventas.
2) En 2019, la carga tributaria del asalariado promedio individual fue del 36% de las ganancias antes de contabilizar el IVA y el impuesto a las ventas. Si se añaden estos, la cuña fiscal se eleva hasta el 41,5%. Esta varía sustancialmente de un país de la OCDE a otro. En 2019, la del trabajador belga ascendió al 52,2%, una cifra siete veces mayor que la de un empleado chileno (7,0%).
3) En 2019, la carga tributaria promedio de los impuestos sobre la renta y la nómina que afrontaron las familias en la OCDE fue del 26,4%, es decir, 9,6 puntos porcentuales menos que la de los contribuyentes solteros sin hijos.

Fuente: Actualidad Económica

Si observamos el gráfico, se aprecia que Bélgica (52,2%), Alemania (49,4%), Italia (48,0%), Austria (47,9%) y Francia (46,7%) son los países con mayores impuestos al trabajo. España (39,5%) se encuentra por encima de la media (36%), y muy alejada de Suiza (22,3%), Corea (23,3%), Estados Unidos (29,8%) y Reino Unido (30,9%).

La eficiencia de los impuestos al trabajo viene dada por la ratio de la cuña fiscal marginal con respecto a la cuña fiscal media de los miembros de la OCDE. Dicho cociente representa el coste que tiene cada dólar adicional de ingresos fiscales conseguido a través de los impuestos sobre el trabajo. La media de la OCDE se sitúa en 1,24 dólares por cada dólar extra recaudado por este concepto. Hungría obtiene la mejor puntuación (un dólar), ya que aplica un tipo único. Le siguen Polonia, con 1,03 y, a continuación y empatadas con 1,1, Alemania, República Checa, Letonia y Eslovaquia. La solución para detener la caída libre del empleo que está provocando en España el covid pasa por reducir la cuña fiscal al trabajo. No quererlo ver no resuelve nada.


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