04
jun
El Economista

Después de nueve largas horas, el presidente Pedro Sánchez logró recoger ayer la aprobación de la Cámara para prorrogar por sexta vez consecutiva el estado de alarma. Y lo hizo con una amalgama de votos de lo más dispares, en un arco en el que se situaban desde los independentistas de Esquerra a los socioliberales de Ciudadanos. La sesión parlamentaria sirvió para que ERC preguntara al Partido Socialista y a Unidas Podemos qué quieren ser, y sobre todo, para recordar al Gobierno que son los nacionalistas catalanes, y no la formación naranja, “el actor imprescindible de la gobernabilidad”.

ERC tasó ayer el precio a la continuidad de la legislatura y a la prueba del nueve, que serán los Presupuestos Generales del Estado de 2021. Un valor que se pudo palpar cuando Gabriel Rufián pidió a Sánchez que elija y defina su socio preferente, porque “todo no puede ser -pactar con ellos y con Cs al mismo tiempo-”. Y además -coligió el portavoz republicano-, “dime con quien pactas y te diré qué pactas”.

Por si había más dudas al respecto, Rufián recalcó que sin la mesa de negociación en Cataluña -como exige Ciudadanos-, el Gobierno ya puede empezar a pensar que dejará de contar con el apoyo que Esquerra brindó al dirigente socialista en su sesión de investidura. Desde el otro extremo, Ciudadanos, fiel apoyo parlamentario de Sánchez desde que se decretó el estado de alarma, hizo saber a través de Edmundo Bal que el presidente del Gobierno se lo pone difícil con sus “artimañas y prepotencias”, “pero nos tragamos el orgullo porque somos el partido de la razón”.

Con la cabeza política de Fernando Grande-Marlaska sobrevolando metafóricamente por todo el hemiciclo y durante la larga sesión, el presidente irrumpió en el Congreso con un tono triunfalista, volcando la culpa de la contabilidad de los fallecidos por Covid-19 a las CCAA, anunció un nuevo decreto para regular la Nueva Normalidad, defendió la persistencia de las libertades, presumió de liderazgo en Europa y de fondos que todavía no están acordados en el marco de la Comisión y habló de “apartar la mezquindad de la pequeña política”.

Con muchos datos preparados, con mucha apelación al diálogo, afeando las críticas a su gestión, sacó pecho con la renta mínima, y apenas dedicó unos breves minutos a adelantar que en materia de crecimiento económico presentará un plan de relanzamiento del turismo, otro de movilidad y automoción, ligados a la sostenibildidad y vehículos limpios, continuará con el diálogo social que semana tras semana se rompe y vuelve a recuperarse, y trabajará por la regulación laboral a lo que añadió la frase fuerza de, “España tiene que salvar a España”.

“¡Viva el 8 de marzo!”

Con un parlamento más entregado que nunca a la prórroga, y con la única oposición enfrente de PP y de Vox, Sánchez tuvo que escuchar que los datos felices de cero muertos en los dos últimos días eran sencillamente falsos, a tenor de los números del Instituto Carlos III, la Asociación de Servicios Funerarios, las comunidades autónomas y hasta los ministerios de Economía y Hacienda, que frente a los 28.000 oficiales son 43.000. Utilizando el florete arrojadizo de un antifeminismo que atribuyó a PP y Vox, Sánchez remató la faena coreando: “¡Viva el 8 de marzo!”.

Recorte de 2.400 millones en la ‘tasa Covid’

La Fundación Civismo calcula que la tasa a las grandes fortunas planteada por Unidas Podemos, conocida como ‘tasa Covid’, supondría una recaudación de unos 8.630 millones en el escenario más optimista. Es decir, 2.400 millones menos respecto a los 11.000 millones que presupuesta UP. Así, el cálculo realizado apunta a que los ingresos en concepto de este gravamen se hallarían lejos de las previsiones, y eso sin contar con que no se establezcan exenciones de ninguna clase.


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