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jul

PRÓLOGO

Por Antonio Bonet Madurga, Presidente del Club de Exportadores e Inversores

La “Radiografía del comercio exterior y su importancia en la economía española” que presenta Francisco Coll muestra, con datos de instituciones multilaterales y fuentes españolas, que el comercio exterior ha sido desde la antigüedad una herramienta sumamente útil para el aumento de la prosperidad y riqueza de las naciones. Pero, además, señala Coll, basándose en estudios de la Fundación Heritage que “aquellas economías que se muestran más libres y enfocadas al comercio también se están viendo beneficiadas con unos mejores registros de crecimiento en materia de poder adquisitivo.”

Ciertamente, el comercio exterior a nivel mundial, en especial desde la II Guerra Mundial, ha crecido a mayor velocidad que el producto interior bruto mundial. Si en el año 1970 los flujos de importación y exportación suponían un 29% del PIB global, casi cincuenta años más tarde, en 2018, esta ratio se había duplicado hasta alcanzar el 60%. Prestigiosos economistas como Anne Krueger o Dani Rodrik consideran que este fuerte crecimiento del movimiento transfronterizo de bienes y servicios es uno de los factores que han potenciado el importante avance del PIB mundial ocurrido en la segunda mitad del siglo pasado.

Podríamos preguntarnos a qué se debe este significativo crecimiento del comercio. Entre otros, como señala Coll, a los avances tecnológicos en las telecomunicaciones y el transporte, la internacionalización del sistema financiero, el empleo generalizado de un idioma común, el inglés, y las políticas de apertura comercial e integración económica adoptadas por la mayoría de los países.

Creo que, en este último tema, conviene hacer más hincapié: las políticas liberales. Efectivamente, estas políticas se han plasmado, por una parte, en una creciente apertura de fronteras a bienes, servicios y capitales y, por otra, en la instauración de regímenes regulatorios “business friendly”, que favorecían la iniciativa privada y la libertad económica. El resultado ha sido un aumento de libertad para que las empresas pudieran comprar, vender, producir, invertir… donde quisieran. Este proceso de fuerte crecimiento del comercio exterior se ha autoalimentado con el aumento de la competencia que han provocado las citadas políticas liberales. La mayor competencia ha forzado a las empresas, especialmente a las multinacionales, a buscar una mejora de su eficiencia productiva y a reducir costes. Para ello, han segmentado las diferentes partes de los procesos de producción de bienes y servicios, desde el diseño hasta el ensamblaje final, pasando por la manufactura y el marketing, y han ejecutado cada una de estas tareas en aquel país donde se pudieran llevar a cabo de forma más eficiente y barata. A este fenómeno se le ha llamado “cadenas globales de valor”, para cuya existencia resulta imprescindible el libre comercio de bienes, servicios e inversiones. Es decir, sin libertad económica, hubiera sido muy difícil que países con elevados índices de pobreza como China, Malasia o México hubieran podido incorporarse a las cadenas globales de valor, lo que, a su vez, ha posibilitado los importantes crecimientos económicos que han experimentado.

En suma, como señala la Fundación Heritage, existe un fuerte vínculo entre países con libertad económica y elevado grado de apertura de su economía al exterior, y de estos factores con la renta per cápita. Desconozco si existen estudios similares en España, pero claramente podría ser una valiosa aportación al debate el analizar la correlación entre libertad económica en España, su grado de apertura al exterior y la generación de riqueza.

Desde la crisis financiera de 2008, se ha ralentizado el crecimiento del comercio internacional. Señala Francisco Coll en su “radiografía” que el crecimiento del comercio exterior y del PIB mundiales han ido parejos desde dicha fecha. En España, sin embargo, la internacionalización de nuestra economía aumentó significativamente en este periodo. El año pasado, la exportación de bienes y servicios españoles supuso el 35% del PIB, mientras que al inicio de la crisis de 2008 únicamente alcanzaba el 23%. 

En la “radiografía” se describe la estructura del comercio exterior español con datos sobre el número de exportadores de productos, tanto totales como habituales, la distribución geográfica de nuestras exportaciones de bienes, y su composición. Hubiera sido interesante realizar un análisis más de sus debilidades y fortalezas, pero no se trata del objetivo de una “radiografía”. El hecho de que el número de exportadores habituales de bienes (los que han exportado durante los últimos cuatro años) sea de 53.000 empresas, es decir, una cuarta parte del número total de compañías que han vendido alguna vez en el exterior, indica no solo que su proporción resulta muy reducida (en España hay más de tres millones de empresas), sino también que existe potencial para se multipliquen al menos por cuatro. La excesiva concentración geográfica de nuestra exportación de bienes en la UE, a donde se dirigen dos terceras partes de nuestras ventas, supone también un hándicap, pues las zonas de mayor crecimiento del mundo están fuera del mercado común, específicamente en Asia y África. Por países, es significativo que a Estados Unidos, Japón y China únicamente destinemos el 8% de nuestra exportación de bienes, a pesar de que entre los tres absorban el 28% de la importación mundial. Otra de nuestras debilidades radica en el insuficiente contenido tecnológico de nuestras exportaciones de productos. Sería interesante para futuras investigaciones tratar de explicar por qué únicamente un poco más de la mitad de las exportaciones de bienes españoles presentan un contenido tecnológico alto o medio-alto, mientras que algo menos del 50% lo tienen medio-bajo o bajo.

En el capítulo de servicios, la “radiografía”, utilizando datos del 2016, destaca la exportación de servicios turísticos. Más recientemente, se ha producido un notable avance en la exportación de servicios españoles no turísticos, cuyo volumen total casi alcanza al de los primeros. Por servicios no turísticos se entiende consultoría e ingeniería, servicios financieros, telecomunicaciones, transformación de bienes, derechos de propiedad y licencias, etc. Es decir, actividades de alto valor añadido, considerablemente superior al de los servicios turísticos, aunque no generan tanto empleo como estos.

La “radiografía” termina analizando los posibles efectos que tendrá la “coronacrisis” en el comercio mundial. Señala que organismos internacionales como el FMI o la OMC coinciden en su pronóstico: una drástica caída de los flujos de comercio mundial de bienes y servicios en 2020. El problema para España, y para el mundo, reside en que dichas instituciones también prevén un aumento en el 2021, pero insuficiente para alcanzar los niveles absolutos de 2019.

En conclusión, asistimos a una ralentización a nivel mundial de los flujos de comercio (y de inversiones transfronterizas) que la covid-19 ha agravado. Las tendencias que se venían vislumbrando desde la crisis financiera de 2008, y que se manifiestan en un aumento del proteccionismo y de las políticas populistas y en una marcha atrás en la arquitectura mundial de libre comercio, se traducirán muy posiblemente en un crecimiento limitado de la globalización, ciertamente inferior al que se ha experimentado en décadas pasadas. En el peor de los escenarios, incluso en un descenso. Es decir, asistimos a un proceso de reducción de la libertad de empresa que repercutirá negativamente en el comercio internacional (y en las inversiones en el exterior). Con la evidencia empírica del pasado que nos ha mostrado esta “radiografía” del investigador Coll, puedo concluir que se avecinan tiempos difíciles para la generación de riqueza y prosperidad mundial, salvo que seamos capaces de revertir o anular dichas tendencias.

INTRODUCCIÓN

A lo largo de la historia, los agentes socioeconómicos se han ido dedicando a distintas tareas, en función de la evolución del mundo y de las necesidades que iban surgiendo. Necesidades ilimitadas, a las que había que oponer una contrapartida de recursos escasos, distribuidos a lo largo y ancho del planeta. La economía ha ido variando con el paso de los años, provocando grandes avances que daban lugar a nuevos métodos para la realización de las actividades que la componían.

Con la aparición de la agricultura y la planificación de la producción, los excedentes saltaron al plano económico, generando una nueva fórmula de creación de riqueza y obtención de nuevos recursos. Una que, además, permitía un mejor aprovechamiento de estos. Hasta entonces, la agricultura y la caza se reducían a una tarea de subsistencia, lo que impedía que se produjese un sobrante con el que, como en la actualidad, pudiera comerciarse. En este sentido, el surgimiento de los excedentes, a raíz de la profesionalización de la agricultura, fomentó una nueva cultura, la cual trataba de estimular el intercambio de bienes entre los distintos territorios. Este, en muchas ocasiones, no se realizaba para conseguir rendimientos y riqueza, sino porque, como ocurría durante el feudalismo y la Revolución Industrial, había necesidad de importar recursos que, en determinados lugares, eran escasos, mientras que en otros se presentaban de forma abundante.

En la etapa de industrialización de Europa, muchos países se veían en la obligación de importar combustibles fósiles, para producir y sumarse a una revolución que, posteriormente, cambiaría nuestra economía por completo. Con el descubrimiento de nuevos territorios, como el de América durante la colonización, aparecieron el café o la patata, lo que dio lugar a un continuo intercambio, al cual los historiadores denominaron “comercio triangular”, y que desembocó en un ulterior y muy importante avance de la economía y sus sistemas. Y es que, resulta imposible referirse al comercio sin hablar de prosperidad y de avance. No podríamos llamar “economía” a nuestra economía si no llega a ser por ese comercio, que ha estado produciendo y generando riquezas a los distintos agentes implicados a lo largo de la historia.

Muestra de ello la encontramos en la creación de las compañías de comercio, como la de las Indias Orientales, así como muchas otras empresas que, siendo propiedad de los gobiernos, se dedicaban a comerciar entre los distintos países. No es casualidad que las primeras organizaciones empresariales del planeta se dedicaran a la importación y la exportación. Esta continua necesidad de intercambiar recursos fomentó incluso corrientes contrarias, que trataban de frenar escuelas de pensamiento que, basándose en el comercio, tenían hipnotizados a monarcas de todo el mundo. Corrientes como el mercantilismo, por ejemplo, que favorecía la acumulación de riquezas importándolas desde otros lugares.

El comercio, por tanto, ha estado siempre presente en nuestra vida, y es inviable hablar de economía, así como de historia económica, sin mentar una actividad tan importante. Por esta razón, no se puede seguir defendiendo conspiraciones, tan erróneas como infundadas, que abogan por su desaparición y un auge proteccionista que se encargue de preservar la separación fronteriza entre los países.

Esto no solo implicaría un retroceso de la economía, sino también de las propias civilizaciones. No en vano, el comercio beneficia a la primera, pero también el propio desarrollo de las culturas. La ruta de la seda, así como todas las demás rutas comerciales y ferias que se celebraban ya en la Edad Media, propiciaron una retroalimentación cultural que motivó un adelanto social indiscutible.

En resumen, estamos hablando de un fenómeno que no solo ha cambiado por completo nuestra economía, sino que la ha promovido de tal forma que hoy podemos decir que, gracias a él, esta se ha desarrollado satisfactoriamente en muchos aspectos. Se trata pues de uno de los principales motores de crecimiento. Uno con tanto potencial que algunas economías se han basado en él para, así, conseguir avanzar a ritmos más acelerados que otras, utilizando su capacidad de producción y de intercambio a fin de impulsar su producto interior bruto (PIB). Un caso ejemplar es el de China, que ha conseguido, en cuestión de años, igualar el PIB de todos los países de la Eurozona, con una economía plenamente dependiente del comercio global, en concreto, en un 80% de su PIB.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Desde la aparición de la agricultura, con una producción ya planificada, el comercio se convirtió en una herramienta para la obtención de nuevos recursos. Hasta entonces, su adquisición solo era posible mediante la producción propia. Esa tarea de subsistencia en la que se basaba la caza y la recolección impedía que el ser humano pudiese intercambiar unos recursos por otros, por la sencilla razón de que, si estos no sobraban, la producción debía utilizarse exclusivamente para alimentar a las poblaciones.

Con el surgimiento de los excedentes, se desencadena la división del trabajo y otros procesos afines, entre ellos, la creación de ejércitos que se encargasen de defender los territorios, así como otra serie de actividades, dado que sus artífices podrían alimentarse sin la necesidad de producir ellos mismos ese sustento. Así pues, este excedente constituyó un componente clave para el desarrollo de las economías. Sin él, estas se habrían visto condenadas a la realización de tareas que permitiesen la autosuficiencia de los distintos agentes socioeconómicos, impidiendo la ejecución de otras con mayor valor añadido.

El comercio es una de estas tareas. Cabe destacar que no logró una fuerte presencia a escala global hasta el siglo XVII. No quiere decir esto que los imperios como el romano o el egipcio, sociedades hidráulicas, no se dedicasen -entre otras actividades- al comercio de sus recursos, pero sí que este no comienza a ganar una gran relevancia económica hasta la aparición de los Estados posteriores al feudalismo. Una relevancia que se ve correspondida por esa corriente mercantilista que, por entonces, defendían los Estado europeos, con la que buscaban una acumulación de riquezas para concentrar poder.

Esta simbiosis entre mercantilismo y Estado, en un escenario en el que la Revolución Industrial estaba impulsando el avance del transporte más allá del marítimo, reunía todas los ingredientes precisos para el auge que vivió entonces el comercio: desde los tratados, pasando por el desarrollo de los medios de locomoción, hasta el de la industrialización y la necesidad de importar combustibles fósiles. Todo ello dio lugar a una Europa comerciante, la cual establecía, a su vez, grandes lazos de intercambio entre los distintos países.

De hecho, tan elevado era el flujo de transacciones entre las naciones en esta época, que, a su vez, coincide con el siglo de oro de la piratería. No podríamos atribuirlo a una mera coincidencia, pues el impulso de esta actividad delictiva viene precedido de ese incremento en la circulación de productos y el nacimiento de todas las compañías marítimas dedicadas al transporte y el comercio internacional. Compañías a las que asaltaban estos piratas, en busca de mercancías y que, en muchos casos, estaban financiados por los propios Estados, que pretendían lastrar así la pujanza de otros países. Estrategia que provenía de un mercantilismo que, como decíamos, se alimentaba del ansia permanente de poder entre Estados.

Desde entonces, el comercio solo ha aumentado su presencia en el mundo. El gran empuje del que gozó en el siglo XVII lo insertó de tal forma en nuestra economía que, desde entonces, no ha dejado de acrecentar su importancia en todo el planeta. Así, de acuerdo con la serie histórica que ofrece el Banco Mundial, mientras que en 1970 el comercio representaba cerca del 29% del PIB mundial, a fecha de 2018, supera el 60% de este [1]. En ese sentido, ha duplicado su peso.

Fuente: Banco Mundial

Un escenario al que no habríamos llegado de no ser por esa historia que le precede, y que sentó las bases de un comercio tan necesario a día de hoy. Uno que se ha convertido en la principal herramienta de muchos países para fomentar su crecimiento, y con ello, el desarrollo de sus economías, tal y como muestran los datos de los distintos organismos encargados de organizarlo. Un fenómeno, en suma, que, pese a las crisis y guerras que han sacudido a los distintos países en todo el planeta, ha seguido multiplicándose de forma ininterrumpida hasta la actualidad.

FACTORES IMPULSORES DEL COMERCIO

A lo largo de la historia, como veníamos explicando, muchos factores han promovido este auge global del comercio, partiendo de ese excedente generado por la profesionalización de la agricultura, hasta el nacimiento de bloques económicos que habilitaron tratados de libre comercio, con los consiguientes flujos constantes de mercancías entre los diferentes países.

El factor más relevante a la hora de impulsar el crecimiento del comercio hasta los niveles de hoy en día ha sido la globalización. Esta puede entenderse como el progresivo acercamiento entre los agentes básicos que intervienen en la vida económica de un gran número de países. En este sentido, los gobiernos, con sus políticas de liberalización e integración, han provocado esa interdependencia entre las economías del mundo. Tampoco hay que olvidarse de las empresas y su intención de optimizar los procesos, lo que las ha hecho desviar recursos a otros lugares, y deslocalizar la producción a naciones distintas a la de origen, con el fin de reducir costes; y en último lugar, la interconexión que han permitido los medios de comunicación y la influencia de las redes sociales han generado hábitos de consumo cada vez más globales y uniformes.

En este sentido, existen una serie de precedentes que se han encargado de hacer del comercio un fenómeno visible en todo el mundo. Si comparamos la evolución de la producción mundial con los distintos flujos de comercio exterior en inversiones extranjeras, podemos ver cómo estos, desde 1960, no han dejado de aumentar, superando en ritmo de crecimiento a la producción mundial. Una situación ininterrumpida hasta el día de hoy, exceptuando las fechas comprendidas entre los años 2000 y 2003. Al inicio del siglo XXI, el comercio sufrió una desaceleración bastante notable, con crecimientos negativos y caídas de hasta el 42% en la inversión extranjera directa. Situación que se revirtió en 2004, cuando reanudó la intensa actividad que presentaba en años anteriores [2].

Fuente: Organización Mundial del Comercio

Caídas que, sin embargo, estuvieron justificadas, por lo que no se deben atribuir directamente a un fracaso del propio comercio. Factores políticos, económicos y naturales fueron los detonantes de este parón de 4 años que vivió y tras el cual se reactivó inmediatamente. Diversas crisis y estancamientos económicos, en un escenario desastroso de guerras que sacudían las relaciones internacionales y diplomáticas, y de sucesos como el SARS en China, el atentado de las Torres Gemelas en EEUU, o la extensión del SIDA en todo África, afectaron a un comercio que vio lastrada su actividad, la cual, hasta entonces, solo mostraba una curva creciente en sus indicadores.

Una vez superados dichos problemas, con la tormenta ya amainando, retomó su crecimiento y su importancia en la economía. Todo ello, conjugado con una serie de políticas, como la creación de la Organización Mundial del Comercio por sus siglas en inglés), impulsaron esa integración que había cosechado la economía mundial hasta el frenazo del inicio de siglo. La incorporación de los distintos países a bloques económicos dio lugar a estructuras dependientes de sí mismas, regidas por el libre mercado y la unión aduanera, plenamente vinculadas al comercio, al que, a su vez, reforzaban. En cuanto a la Organización Mundial del Comercio, garantizaba las buenas prácticas en esta materia, así como un flujo justo y ético de mercancías en el planeta, en un escenario en el que florecían nuevos acuerdos de libre comercio [3] y las exportaciones e importaciones se veían favorecidas por la eliminación de aranceles. Todo ello ha ido provocando esa convergencia hacia unos sistemas económicos cada vez más sólidos e integrados.

Fuente: Organización Mundial del Comercio y Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo

Por otro lado, no se pueden obviar otra serie de ingredientes que, junto a los anteriores, han ido dando forma al comercio y promoviendo su crecimiento a lo largo de los años, tales como la concentración de empresas y el auge de las multinacionales. La globalización, entre otras cosas, originó una unificación de los mercados. De la mano de la digitalización y la interconexión, todo el comercio se volvió global, obligando a las compañías a competir en mercados cada vez más abiertos y sin fronteras que los protegieran. Esto ha motivado un crecimiento intensivo de las empresas, de modo que han nacido grandes corporaciones que operan en todo el mundo, conectando unos lugares con otros y generando unas costumbres y unos hábitos de consumo similares entre sí.

También cabría destacar el multiculturalismo. La adopción de idiomas internacionales como el inglés en escenarios globalizados ha propiciado la relación entre diferentes culturas a lo largo de la historia, hasta provocar una unificación entre los países. Si se observa a la población de todo el planeta, salvo por la subsistencia de rasgos muy arraigados en culturas muy conservadoras y ancladas al pasado, el comportamiento de las nuevas generaciones resulta cada vez más homogéneo. Esta uniformidad ha fomentado la demanda de bienes y servicios importados, ante la aceptación de los recursos procedentes de lugares desperdigados a lo largo y ancho del planeta. Esto ha hecho que muchas empresas abarquen mercados en territorios supranacionales.

Además, no podemos olvidar un factor de gran relevancia: un mercado financiero cada vez más global. Ya en la antigüedad, surgieron herramientas de interconexión financiera como las letras de cambio o los pagarés. En su día, la letra de cambio permitió a los comerciantes acudir a ferias sin tener que llevar consigo grandes cargamentos de oro para poder comprar y, posteriormente, comerciar con la mercancía. De la misma forma, la aparición de un mercado financiero cada vez más global e interconectado, sumado a un gran avance del sector de las telecomunicaciones, hace más efectivo un comercio que, en parte, depende de él para poder operar con la transmisión de capitales. Las transacciones son cada vez más homogéneas, y los procesos de intercambio de bienes y servicios, así como de capitales, se han vuelto mucho más ágiles gracias a la globalización. A lo que debería añadirse la abundancia de servicios que ofrece el mercado financiero a las empresas que se dedican al comercio mundial, garantizando una mayor seguridad y transparencia en sus operaciones.

Todo lo mencionado anteriormente da pie a una transformación en las empresas. Estas se muestran cada vez más dimensionadas, presentes en los mercados de todo el mundo. Desde Nueva York hasta Shanghái, las multinacionales se adaptan a una oferta global, dominada por grandes corporaciones y en la que la competencia ha dejado de ser local. Hoy, resulta posible que un negocio que opera en España, en una pequeña central de producción, pueda vender sus productos en China o en EEUU. Por esta razón, la estrategia empresarial está cada vez más enfocada en el crecimiento y la internacionalización. Esta, con todos los beneficios que conlleva, incentiva a las compañías a dirigirse a los consumidores internacionales, en lugar de a mercados y clientes locales.

Estos factores han potenciado esa mayor intensificación de la actividad comercial en el planeta, el cual se ha visto empujado a adoptar dichos cambios, ya que estos nacen de una necesidad basada en el comercio. Por esta razón, podemos afirmar que este ha sido una de las mejores herramientas para el desarrollo. Gracias a las necesidades generadas por él, todos los organismos de supervisión, así como los propios agentes económicos que participan en el mercado global, han experimentado una transición hacia una mayor profesionalización y especialización, generando una competencia de mayor calidad y valor añadido, de la que han salido beneficiados los consumidores y, aunque existan discrepancias, las propias empresas.

EL COMERCIO GLOBAL EN CIFRAS

Como comentábamos en anteriores puntos, el comercio global no ha dejado de incrementar su peso en la economía mundial a lo largo de la serie histórica. En este apartado, la intención es resaltar su importancia pero, esta vez, desde una perspectiva más numérica, observando su evolución a partir de los indicadores más destacados.

El primero, el PIB a nivel mundial. Así, el comercio de bienes y servicios en el planeta, de acuerdo con el Banco Mundial, soporta cerca del 60% de aquel. En este sentido, podemos decir que tres quintas partes de la economía de todo el mundo, en estos momentos, le están supeditadas. Un dato que, de partida, muestra la relevancia de este fenómeno para nuestra economía. Dada esta estrecha interrelación, el comercio se incrementa bastante cuando lo hace el crecimiento económico, por lo que, en relación a los pronósticos, su peso en el conjunto de la economía seguirá aumentando con el paso del tiempo.

Como bien recoge este primer indicador [4], hay una gran dependencia de los países, así como de los distintos bloques económicos, del comercio global. Esta no ha dejado de ensancharse de forma interanual, tal y como recogía el primer gráfico, que muestra esa tendencia alcista del peso del comercio en relación al PIB mundial. Y es que, como podemos observar en el comportamiento del comercio en casi todas las economías, salvo deterioros acaecidos en los últimos años en situaciones excepcionales, su peso en los respectivos niveles de PIB se manifiesta casi siempre al alza.

Fuente: Banco Mundial

Por países y bloques económicos, el comercio supedita cerca de un 31% del PIB de América del Norte; un 47% del de América Latina y el Caribe, mientras que, para el ámbito árabe, la cifra asciende hasta el 87%; mismo peso que presenta en la Unión Europea, hasta alcanzar el 88% en los países de la Zona del Euro, y el 58% en los miembros de la OCDE, idéntica proporción a la que tiene en la región de Asia Oriental y Pacífico.

Como decíamos al inicio de este apartado, el volumen del comercio mundial de mercancías ha crecido a un ritmo aproximadamente 1,5 veces más rápido que el PIB real mundial a tipos de cambio del mercado. La relación entre el crecimiento del comercio y el del PIB (la denominada «elasticidad del comercio respecto a los ingresos») fue superior a 2,0 en el decenio de 1990, pero volvió a descender a 1,0 en los cinco años siguientes a la crisis financiera (2011-2016). Esa medición de la elasticidad aumentó de 0,8 en 2016 a 1,5 en 2017, valor próximo al promedio histórico [5].

Fuente: Fondo Monetario Internacional

Estos datos muestran la estrecha relación que mantienen crecimiento económico y PIB. En este sentido, el Fondo Monetario Internacional (FMI) destaca un estudio realizado por la Universidad de Yale, el cual prueba que los países que poseen economías orientadas al exterior también presentan mayores ratios de crecimiento. Punto que otros economistas trataban de negar mediante modelos de economías cerradas. Sin embargo, los autores de dicho texto, apoyaban la opinión de Anne Krueger “sobre el vínculo positivo entre el libre comercio y la apertura comercial, y el desempeño del crecimiento, ya que la reciente crítica de Rodrik no resulta convincente”. En resumen, lo que intentan decir ambos profesores es que, bajo ciertos supuestos, la apertura del comercio al exterior promueve un crecimiento económico más firme que en otros con economías cerradas [6].

Fuente: Fundación Heritage

De acuerdo con el gráfico de arriba (el ranking realizado por la Fundación Heritage [7] sobre las naciones con mayor libertad económica, en el que la base de cálculo escogida mide el libre comercio como una de las principales variables para obtener la clasificación), los diez países con un mayor índice de libertad económica gozan de una presencia muy notable del comercio en el conjunto de su PIB. Únicamente en Singapur, el comercio internacional representa el 326% del PIB; en Hong Kong, un 376%; en Nueva Zelanda, un 56%; así hasta llegar a Estonia, donde asciende al 145% de este [8].

Fuente: Fundación Heritage

Esa mayor libertad económica, la cual dota de mayor capacidad a los países para participar en el comercio global, también se ve materializada en los datos de PIB per cápita. Es decir, aquellas economías más libres y enfocadas al comercio también se están viendo beneficiadas con unos mejores registros de crecimiento en materia de poder adquisitivo. El gráfico que se muestra abajo, también del estudio realizado por la Fundación Heritage [9], recoge esos niveles de PIB per cápita en función del grado de libertad económica de dichas economías.

Fuente: Fundación Heritage

Todo esto señala que aquellos países más abiertos a la libertad económica y al comercio experimentan, igual que le ocurrió a China en su día, unos crecimientos notablemente superiores a otras economías que, por mostrarse más cerradas, carecen de esa ventaja. En resumen, estos indicadores llevan nuevamente a reflexionar sobre el papel tan destacado que ocupa el comercio en el desarrollo económico.

EL COMERCIO INTERNACIONAL EN LA ECONOMÍA ESPAÑOLA

La economía española es muy exportadora. Un gran número de sus empresas se encuentran enfocadas al comercio exterior, lo que ha provocado que nuestro país, en muy poco tiempo, se haya posicionado como un importante agente comercial en la economía mundial. Así lo recogen sus cifras en materia de crecimiento y comercio exterior [10].

Fuente: ICEX
Fuente: ICEX

Como muestra el gráfico de arriba, el número de exportadores, en contraste con 2019 y pese al mal escenario que atravesaba la economía española a finales de año, ha crecido en términos absolutos respecto al ejercicio anterior. Un aumento que no ha dejado de sucederse en los últimos años, a través de la gran cantidad de agentes económicos que se van sumando al comercio exterior [11] del país.

Fuente: Banco Mundial

Como recogen estos indicadores del Banco Mundial [12], la economía española no ha cesado de incrementar el peso del sector exterior en su PIB. De acuerdo con las cifras, ha pasado de constituir un 63,9% a un 67,5% en cuestión de cuatro años. Además, el ritmo al que avanza el comercio internacional en la economía española es bastante acelerado. Esa mayor participación ha elevado el peso de las importaciones y las exportaciones en su contribución al PIB del país. Así lo recogen los datos de crecimiento anual:

Fuente: Organización Mundial del Comercio

Así pues, de acuerdo con los últimos datos disponibles [13], podemos observar ese continuo crecimiento del sector exterior español. Salvo escenarios negativos, a fecha de 2018, nuestra economía no ha dejado de apostar por el comercio, tanto en materia de bienes como de servicios. Sin distinción, ambos se han comportado al alza en los últimos años.

Fuente: Santander Trade

Como certifica el siguiente gráfico [14], el volumen de exportaciones se concentra en aquellos países beneficiados por tratados de libre comercio con la Unión Europea, siendo Francia y Alemania nuestros principales socios. Sin embargo, con el paso del tiempo, la aparición de nuevos tratados nos ha permitido establecer acuerdos de intercambio de mercancías y servicios con más naciones. Si atendemos a la evolución, observamos que los socios comerciales que posee la economía española no han dejado de crecer de forma continuada hasta la actualidad.

Fuente: ICEX

A su vez, si seleccionamos los países con los que España mantiene una más estrecha relación comercial y hacemos un ranking, este quedaría de la forma que recoge el gráfico de arriba [15], el cual contiene los principales socios con los que comercia la economía española.

Por otro lado, la balanza comercial española, reflejada en el gráfico anterior [16], revela la incapacidad para corregir los efectos de que necesitemos importar todos los recursos energéticos precisos para un correcto funcionamiento de los sectores, lo que lastra nuestra economía. De hecho, si se eliminaran estos recursos energéticos que importamos continuamente, la balanza comercial llegaría a aproximarse a la paridad. Esta supo recuperarse rápidamente de la Gran Recesión de 2008, integrando nuevamente a España en el comercio internacional, tan rentable e importante para nuestro país.

En un ranking comparativo, la economía española, respecto a la del resto de países, se sitúa en buena posición en materia de exportación de bienes y servicios. Los datos [17] [18] [19] arrojan un mejor desempeño en la exportación de servicios, donde destaca mucho el sector financiero, pero son buenos en general.

Fuente: Organización Mundial del Comercio (septiembre 2019)
Fuente: Organización Mundial de Comercio
Fuente: Organización Mundial del Comercio

Por último, si analizamos la distribución del comercio en la economía española, estaríamos hablando de que, por el lado de los servicios, los viajes y el sector turístico lideran en solitario la exportación. Por el lado de las mercancías, el sector encargado de hacerlo es el del automóvil, con una de las principales industrias auxiliares de la economía europea. Se muestra en las siguientes tablas [20] [21].

Fuente: Comtrade
Fuente: División de Estadística de las Naciones Unidas

El siguiente gráfico detalla, por su parte, el peso de los distintos sectores en el comercio exterior español.

Fuente: Secretaría de Estado de Comercio
Fuente: ICEX

En resumen, unos datos que testimonian esa gran participación de la economía española en el comercio global. Una que, como decíamos al inicio de este punto, cada vez es mayor. Queda, por tanto, desechada toda visión pesimista sobre el comercio, así como cualquier negativa a reconocer en él uno de los principales aportes a la economía española.

EL CORONAVIRUS Y SUS EFECTOS EN EL COMERCIO

De acuerdo con las previsiones que ya efectúa la Organización Mundial del Comercio [22], este se va a resentir ante la fuerte paralización de la coyuntura económica a la que nos ha condenado el brote vírico. Este se ha convertido en un auténtico cisne negro para un comercio que, pese a moderar sus crecimientos por la desaceleración económica que precedía al escenario vigente, continuaba comportándose correctamente y mostrando un desempeño bastante óptimo. Sin embargo, la aparición de la pandemia y su impacto sobre la actividad económica han provocado que las principales cadenas de suministro de todo el planeta se hayan visto bloqueadas. Así también el comercio.

Y es que, no solo estamos hablando de una paralización en la producción, sino de toda la actividad exportadora, ya que una de las principales medidas adoptada por los países para contener el virus ha consistido en el cierre fronterizo y la suspensión de la entrada de mercancías, salvo el material sanitario. En este sentido, la Organización Mundial del Comercio ha tenido que reajustar el barómetro [23] que regularmente presenta para medir la tendencia del comercio en el planeta. Así, con él proporciona información en tiempo real sobre su trayectoria en relación con las tendencias recientes. La última lectura, de 95,5, es inferior a la anterior, de noviembre de 2019, cuando se situaba en 96,6. Esto indica que el crecimiento del volumen comercial puede seguir debilitándose. El lento inicio del año se está viendo aún más atenuado por las amenazas a la salud mundial y otros acontecimientos recientes que aún no se tienen en cuenta en los mejores datos históricos disponibles del barómetro.

Fuente: Organización Mundial del Comercio

En un escenario en el que el comercio venía de pasarlo verdaderamente mal, con diversos problemas como la guerra comercial o el Brexit, el coronavirus se ha convertido en el detonante que ha llevado al organismo supervisor a lastrar definitivamente unas previsiones que no se mostraban, a priori, tan pesimistas como ahora. Y es que, mientras ya se comenzaba a disipar esa incertidumbre provocada por las tensiones comerciales y un Brexit que amenazaba con romper la estabilidad mercantil de la Unión Europea, algo que finalmente no sucedió, el coronavirus se ha impuesto con más fuerza que cualquier otro factor externo que pusiera en riesgo el comercio en el próximo año. Así, el siguiente gráfico [24] denota esa parálisis en relación a las amenazas que lo atenazaban hasta la aparición del virus, lastrando sus niveles hasta finales del ejercicio de 2019.

Fuente: Organización Mundial del Comercio

En este sentido, las naciones ya comienzan a adaptar sus previsiones. Algunas, como Alemania, con una economía dependiente en un 80% del sector exterior, ya empezaba a finales del ejercicio pasado a reajustar sus crecimientos ante la caída comercial que preveía para este año. Sin embargo, ante lo ocurrido, estos países ya dan por descontada una recesión más que evidente. Así, los niveles de comercio se van a moderar bastante, y presentarán una recuperación gradual, en función, como ya ha avisado el FMI, del comportamiento de la pandemia y de todas las variables implicadas en ella, como la intensidad y eficacia de los esfuerzos de contención, el grado de las perturbaciones en la oferta, las repercusiones del endurecimiento drástico de las condiciones en los mercados financieros mundiales, las variaciones de los patrones de gasto, los cambios de conducta, los efectos en la confianza, o la volatilidad de los precios de las materias primas. Todas ellas se tratan, por el momento, de incógnitas pendientes de resolver de forma objetiva.

Como muestra el gráfico, esa lectura inferior del barómetro se debe a las nuevas caídas pronosticadas en el transporte marítimo de contenedores (94,8) y en las materias primas agrícolas (90,9), así como a un estancamiento de los productos de automoción (100,0). Mientras tanto, la disminución de los pedidos de exportación (98,5) y de los componentes electrónicos (92,8) parece estar estabilizándose, y el débil desempeño del transporte aéreo de mercancías (94,6) hasta 2019 ha tocado fondo aparentemente. Sin embargo, el comportamiento de estos índices de componentes también dependerá del impacto emergente de la COVID-19 y de la rapidez con que se recupere la economía mundial.

En conclusión, ante la aparición del virus, debemos ser conscientes de que la situación no se perfila favorable para el comercio en los próximos meses. La disipación de los efectos de la pandemia y el levantamiento de las medidas de distanciamiento social siguen constituyendo la principal incógnita que hemos de despejar para vislumbrar la tendencia que adoptará después. No obstante, sí podemos adelantar la rapidez con la que se ha gestionado el comercio en la Unión Europea, en un escenario proyectado para España. Sabiendo que el principal socio comercial español son países europeos, nuestra economía podría verse más beneficiada que otras. Un mayor control de la pandemia precisamente en el viejo continente tendría un efecto positivo en la evolución del virus, lo que permitiría que las medidas de distanciamiento amainaran de forma más temprana y se devolviera la normalidad a un comercio que se ha visto sacudido por un duro shock de oferta. Uno al que el coronavirus nos someterá durante todo el primer semestre del año.

CONCLUSIONES

De acuerdo con el estudio realizado, nos hallamos ante unas conclusiones bastante claras, por ejemplo, la gran importancia del sector exterior para una economía que, como la española, cada día se muestra más dependiente del comercio global.

Los principales indicadores muestran el rápido crecimiento que vive este en la economía española, verificado en notables saltos interanuales. Una situación muy beneficiosa para el país, pues no deja de incrementar su nivel de actividad en los mercados internacionales.

Especialmente, se observa un mejor desempeño de las exportaciones cuando nos referimos a periodos posteriores a la entrada de España en la Unión Europea. Los acuerdos de libre mercado han permitido la integración de nuestra economía en un comercio global que, como arrojan los datos del presente informe, tiene un peso cada vez mayor.

Por el lado de los exportadores en el país, resulta interesante ver los datos que arroja esa mayor participación del tejido productivo español en el comercio global. Esta ha provocado que nuestras empresas hayan optado por exportar cada vez más, sumándose a los mercados internacionales.

De hecho, si no fuera por el comercio, la economía española se encontraría estancada. Los elevados niveles de este han potenciado el crecimiento económico desde el Plan de Estabilización del 1959. La apertura del país y su integración en los acuerdos regionales de libre comercio le permitieron salir del atolladero en el que se encontraba gracias a los superávits y crecimientos que permitieron el relanzamiento de la economía española, hasta darle un papel preeminente entre los principales bloques económicos que integran el planeta.

La balanza comercial, por otro lado, no preocupa en exceso, ya que gran parte de su déficit se justifica por esos requerimientos de recursos y derivados energéticos para el consumo interno. Al carecer de la extracción de combustibles fósiles, nos vemos obligados a importarlos y el saldo sale negativo. No obstante, si descontáramos estas importaciones, sería prácticamente paritario.

También cabría destacar la importancia de que la economía española siga apostando por el libre comercio. El proteccionismo equivale a cerrar puertas al progreso, como lo pone de relieve el informe de la Fundación Heritage, del que se puede colegir la relación existente entre comercio, crecimiento económico y libertad económica. Una interacción entre esas tres variables que genera un bucle virtuoso, confirmado en el citado paper de la Universidad de Yale, ratificado a su vez por el FMI.

Así, entre otras conclusiones, cabría destacar el claro lastre que supone para el país, así como para el planeta, el coronavirus y sus efectos en el comercio. Las pérdidas previstas debido al shock de oferta y el bloqueo de las cadenas de valor a nivel global han provocado que muchas de esas empresas españolas que participan y cuentan con gran presencia en los mercados internacionales hayan tenido que adaptarse a la nueva normalidad. Una en la que preocupan unas tensiones que podrían afectar gravemente al volumen de comercio de bienes y servicios a nivel global. De ahí la importancia de seguir apostando por un comercio que se postula como uno de los principales elementos contribuyentes al crecimiento económico y el desarrollo.

Por todo ello, los principales países y las economías desarrolladas siguen sumándose a un fenómeno que, por el momento, se revela como uno de los mayores aportes al PIB. Uno que, como ya indicó la Organización Mundial del Comercio, no deja de crecer con el paso de los años. La interdependencia que presentan las economías, en unos mercados cada vez más integrados por los efectos de la globalización, han situado a la economía española en un punto de no retorno, donde el comercio, al menos como a priori se prevé (y salvo situaciones excepcionales como la del coronavirus), va a ser un contribuyente cada vez más importante de nuestra economía.


[1] Banco Mundial. Comercio (% del PIB). Disponible en https://datos.bancomundial.org/indicador/ne.trd.gnfs.zs

[2] ICEX, (2005). Estrategia y gestión del comercio exterior.

[3] OMC. Acuerdos de integración regional. Disponible en https://www.wto.org/spanish/res_s/statis_s/technotes_s.htm

[4] Banco Mundial. Comercio (% del PIB). Disponible en https://datos.bancomundial.org/indicador/ne.trd.gnfs.zs

[5] OMC. Relación entre el crecimiento del volumen del comercio mundial de mercancías y el crecimiento del PIB real mundial, 1981-2018. Disponible en https://www.wto.org/spanish/news_s/pres18_s/pr820_s.htm

[6] FMI (Mayo, 1997). Perspectivas de la economía mundial.
Srinivasan, T.N. y Bhagwati, J. Outward Orientation and Development: Are the Revisionists Right?
Yale University Economic Growth, (1999). Center Discussion Paper No. 806. 
Frankel, J. y Romer, D. (Junio, 1999). Does Trade Cause Growth? American Economic Review.

[7] Libertad y Desarrollo (20 de marzo, 2019). Ranking de los 10 países con mayor libertad económica. Nº 1439 – 1. Disponible en https://lyd.org/wp-content/uploads/2020/03/tp-1439-indice-libertad-economica-heritage.pdf

[8] Banco Mundial. Comercio (% del PIB). Disponible en https://datos.bancomundial.org/indicador/ne.trd.gnfs.zs

[9] Libertad y Desarrollo. (20 de marzo, 2019). PIB per cápita promedio (PPP) para grupos de países, según grado de libertad. Nº 1439 – 1. Disponible en https://lyd.org/wp-content/uploads/2020/03/tp-1439-indice-libertad-economica-heritage.pdf

[10] ICEX. Número de exportadores en España (enero 2019 – 2020). Disponible en https://www.icex.es/icex/es/Navegacion-zona-contacto/revista-el-exportador/en-cifras/index.html#seccion5

[11] ICEX. Número de exportadores (2015 – 2019). Disponible en https://www.icex.es/icex/es/Navegacion-zona-contacto/revista-el-exportador/en-cifras/index.html#seccion

[12] Santander Trade Markets. Cifras del comercio exterior en España. Indicadores de comercio exterior. Disponible en https://santandertrade.com/es/portal/analizar-mercados/espana/cifras-comercio-exterior#classification_by_products

[13] Santander Trade Markets. Cifras del comercio exterior en España. Valores del comercio exterior. Disponible en https://santandertrade.com/es/portal/analizar-mercados/espana/cifras-comercio-exterior#classification_by_products

[14] Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (Abril, 2020). Principales indicadores económicos. Comercio exterior de mercancías. Países y áreas con acuerdos de libre comercio. Disponible en https://www.comercio.gob.es/es-ES/comercio-exterior/estadisticas-informes/PDF/estadisticas-comercio-exterior/Cuaderno%20de%20Indicadores/Indicadores%20Mensuales%20-2020-03.pdf

[15] ICEX. Evolución de las exportaciones españolas de bienes, por países (2000-2018). Disponible en https://www.icex.es/icex/es/Navegacion-zona-contacto/revista-el-exportador/en-cifras/index.html#seccion5

[16] Expansión, datosmarco.com. España – Balanza comercial. Disponible en https://datosmacro.expansion.com/comercio/balanza/espana

[17] Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (Abril, 2020). Principales indicadores económicos. Principales exportadores mundiales. Comercio de mercancías. Disponible en https://www.comercio.gob.es/es-ES/comercio-exterior/estadisticas-informes/PDF/estadisticas-comercio-exterior/Cuaderno%20de%20Indicadores/Indicadores%20Mensuales%20-2020-03.pdf

[18] Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (Abril, 2020). Principales indicadores económicos. Principales exportadores mundiales. Comercio de servicios. Disponible en https://www.comercio.gob.es/es-ES/comercio-exterior/estadisticas-informes/PDF/estadisticas-comercio-exterior/Cuaderno%20de%20Indicadores/Indicadores%20Mensuales%20-2020-03.pdf

[19] Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (Abril, 2020). Principales indicadores económicos. Principales exportadores mundiales. Mercancías y Servicios. Disponible en https://www.comercio.gob.es/es-ES/comercio-exterior/estadisticas-informes/PDF/estadisticas-comercio-exterior/Cuaderno%20de%20Indicadores/Indicadores%20Mensuales%20-2020-03.pdf

[20] Santander Trade Markets. Cifras del comercio exterior en España. Productos principales. Disponible en https://santandertrade.com/es/portal/analizar-mercados/espana/cifras-comercio-exterior#classification_by_products

[21] Santander Trade Markets. Cifras del comercio exterior en España. Principales servicios intercambiados. Disponible en https://santandertrade.com/es/portal/analizar-mercados/espana/cifras-comercio-exterior#classification_by_products

[22] Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (Enero, 2020). Informe Mensual de Comercio Exterior. Comercio exterior: desglose por sectores. Disponible en https://www.comercio.gob.es/es-ES/comercio-exterior/estadisticas-informes/PDF/estadisticas-comercio-exterior/comex_202001/Informe%20de%20Comercio%20Exterior%20-%202020-01.pdf

[23] OMC (Febrero, 2020). Goods trade barometer. Disponible en https://www.wto.org/spanish/news_s/news20_s/wtoi_17feb20_s.htm

[24] OMC (Febrero, 2020). World merchandise trade volume. Disponible en https://www.wto.org/spanish/news_s/news20_s/wtoi_17feb20_s.htm


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