08
oct

La creciente polarización y la pérdida de votantes ha derivado en la aparición de grupos extremistas y en una fragmentación parlamentaria. Los legisladores son incapaces de comprometerse para aprobar las leyes necesarias y los presupuestos, lo que ha creado democracias cada vez más divididas y gobiernos menos cooperadores. Esta combinación ha provocado la insatisfacción de los votantes.

A medida que los candidatos continúan doblegando las creencias que tienen, ellos o sus partidos, los electores los van considerando menos receptivos. Cuando se enfrentan al reto de destituirlos del cargo, se las están viendo con candidatos poco idóneos para los grandes partidos estadounidenses en los comicios generales y de mid-term.

Muchos votantes, especialmente los jóvenes y los recién inscritos, sienten que el Gobierno estadounidense no es efectivo y no refleja sus puntos de vista y valores. Los candidatos están más preocupados por alinearse con el partido y asegurarse de que su política destaca que por el bien general del electorado.

A medida que los votantes empiezan a sentirse marginados por los partidos en el poder y se cansan de las promesas vacías de las campañas, con pocos o ningún resultado, buscan grupos que estén acometiendo cambios en las normas de la política actual. Quieren soluciones reales a los problemas a los que nos enfrentamos. Así, los electores buscan fórmulas alternativas para que se les escuche en el gobierno, y, en las recientes elecciones, esto se ha traducido en una tendencia hacia los grupos que, pese a resultar más extremos, al menos están diciendo algo, en lugar de hablar en círculos. Los votantes quieren que el statu quo sea sacudido, dado que la elección de candidatos se ha revelado ineficaz y, frente a ella, la opción más atractiva pasa por escoger a aquellos que están sugiriendo cambios.

En países como España, los que están emergiendo son conservadores, como Vox, aunque este ha obtenido resultados más modestos (24 escaños y algo más del 10% de los votos) que partidos con valores similares de otras naciones europeas.

En el extremo contrario, como alternativa para otros votantes desencantados, encontramos los movimientos separatistas de País Vasco y Cataluña, donde las tensiones han llegado a su punto álgido. En este contexto, los legisladores y líderes mundiales esperan las elecciones del 10 de noviembre con suma expectación.


El éxito de Trump entronca con el hecho de que tiene unos puntos de vista fuertes, que encontraron eco en los votantes


En EE.UU., por el contrario, los nuevos grupos surgidos de este ambiente de polarización tienen ideales socialistas y persiguen objetivos propios del Estado de bienestar. En países como Dinamarca o Noruega, este tipo de políticas han tenido éxito durante décadas, pero resulta más difícil que ocurra lo mismo en un país de las dimensiones de EE.UU., muchas de cuyas ciudades quintuplican el tamaño de toda Dinamarca. Este gran contingente de población envejecida ejerce una enorme presión sobre la Seguridad Social y el sistema de salud, lo que hace crecer la deuda para continuar con estos programas. Además, los ciudadanos cada vez alargan más la etapa académica para obtener títulos de educación superior, lo cual implica que la edad a la que se incorporan al mercado de trabajo y comienzan a pagar impuestos es más tardía.

En las elecciones de 2016, el país y el mundo quedaron conmocionados cuando Donald Trump resultó elegido presidente, por encima de la candidata demócrata Hillary Clinton. La mayoría de los votantes y de los líderes políticos pensaron que era demasiado extremista, por lo que la posibilidad de que ganara no fue tomada en serio por los medios de comunicación. Esto causó un impacto adicional cuando, en efecto, se hizo con el colegio electoral y la presidencia.

El presidente Trump, con sus decisiones, se ha mostrado en todo momento como un polémico jefe de Estado. Sus métodos poco convencionales de comunicación de masas y su personalidad han generado un intenso y permanente escrutinio. El inicio de juicios sobre el impeachment y de múltiples investigaciones no tiene precedente, y hasta cierto punto, resulta injustificado. Las tasas de aprobación a lo largo de sus (casi) tres años en el cargo han experimentado fluctuaciones en función del retrato y cobertura que se daba en los medios de comunicación y de los diferentes niveles de honestidad. Al margen de ello, su éxito entronca con el hecho de que Trump tiene unos puntos de vista fuertes, que encontraron eco en los votantes, quienes consideraron que estaba hablando de manera consistente a lo largo de la campaña. Creencias que luego ha mantenido a la hora de plasmarlas en  políticas.

No obstante, no todos los grupos o líderes que han ganado popularidad a través de esta estrategia están presentando soluciones adecuadas. Lo que no impedirá que, si los candidatos continúan alienando a sus electores y adaptando su sufragio a la línea partidista, acaben causando más fracturas en unos escaños desde los que podrían estar marcando diferencias reales.


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