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El impeachment del presidente Donald Trump ha copado titulares las 24 horas durante los últimos tres meses, y ahora llega a su fin. Comenzó en septiembre, con una investigación sobre las relaciones con su homólogo ucraniano. El 18 de diciembre de 2019, la Cámara de Representantes votó los artículos de la impugnación de Trump, y los aprobó, como era de esperar, dado que los demócratas tienen mayoría en esta cámara. Hubo entonces un frenesí mediático tras las reacciones del presidente y del Senado. Sin embargo, quien realmente robó el foco de atención fue la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, ya que, después de la votación, se negó a entregar los artículos al Senado para iniciar el juicio.

A principios de enero, Pelosi habló con la revista TIME sobre por qué los retenía en un limbo sine die. Justificó que se debía a que quería saber el procedimiento por el que el juicio se llevaría a cabo. Una medida sin precedentes por su parte, que hizo que muchos se cuestionasen sus motivos para haber planteado la destitución.

El miércoles 5 de febrero de 2020, el Senado celebró una histórica votación, aunque algo predecible, para destituir al presidente en funciones. La Cámara de Representantes apresuró el juicio, en el que se aprobaron los artículos de impugnación contra Trump, y el Senado hizo saber que no se presentarían acusaciones frívolas. Al entrar en este juicio, se sabía que la Cámara constaba de una mayoría demócrata y que podría aprobar los artículos, pero que el Senado estaba en manos de los republicanos y se necesitaría mucho esfuerzo para convencerlos de votar en contra de las líneas del partido y del presidente en funciones.

Aunque se suponía que este saldría absuelto en esa votación, lo que sigue siendo intrigante es quién votó y quién lo hizo en contra de las líneas del partido. Ciertos demócratas esperaban que, al menos, uno de los senadores se inclinara por la absolución. Para aquellos que estaban visiblemente en esta línea, era un voto influyente para sus futuras carreras o reelección. Los republicanos confiaban en que votarían como partido, pero al final hubo un republicano que votó para condenar, Mitt Romney.

Romney es un candidato presidencial formal, que se postuló contra Obama en 2008 y 2012. Aunque no tuvo éxito en sus campañas, se presentó para el escaño del Senado de Utah y ganó. En el juicio contra Trump, habló de la Constitución y de lo que, en su opinión, era su deber y el de sus compañeros senadores: comprobar las acciones y los poderes del presidente. Puede explicarse de varias maneras que se tratara del único senador que no votó conforme a la línea del partido.

En primer lugar, ya se presentó dos veces a la presidencia y perdió, por lo que resulta poco probable que vuelva a optar a la candidatura republicana. La energía y la financiación que puso en sendas campañas se agotaron, por lo que, ahora, los republicanos respaldarían a su presidente en ejercicio por encima de un candidato que fue derrotado dos veces.


Los senadores recién elegidos tienden a hacer movimientos políticos más audaces


Por otro lado, Romney tomó posesión del cargo recientemente, en 2019, por lo que no se presentará a la reelección hasta dentro de seis años, y aunque Trump resultase reelegido, ya no estaría en el puesto cuando se celebren esos futuros comicios. Esto significa que Romney no buscaba la aprobación del partido. Más bien, se mostró fiel a sus creencias, interpretaciones y electores.

Por último, aunque no es nuevo en la política, este se trata de su primer mandato como senador. Ha sido gobernador y se presentó a la bancada del Senado de Massachusetts en el pasado, pero sin éxito. Los recién elegidos senadores tienden a hacer movimientos políticos más audaces, y votar fuera de la norma no sería algo sin precedentes.

Después de poco menos de seis meses, el juicio ha llegado a su fin con un resultado esperado: el presidente Trump ha sido absuelto de todos los cargos y se presentará a la reelección en 2020. Observar las primarias demócratas para ver a su oponente tendrá su importancia, tanto para ellos mismos como para los republicanos. Actualmente, compiten más de 20 nombres en la carrera por la nominación demócrata, y, de este modo, en los próximos meses habrá despeje de incógnitas y cambios de los que saldrá un rival para Trump.


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