02
ene
Diario de Navarra

Con frecuencia, los ciudadanos percibimos las informaciones del Gobierno de Navarra como acciones independientes ligadas a materias concretas. Lamentablemente, esta impresión resulta engañosa, pues carece del sentido que encierra la realidad completa. Es como fijarse en cada árbol, pero no intuir el bosque. El Ejecutivo foral no da puntada sin hilo; cada disposición que aprueba forma parte de una estrategia integral, astutamente diseñada, de acuerdo a una hoja de ruta que conduce a la incorporación de Navarra a Euskadi. Ésta es la agenda real que nos ocultan. Hay que trascender a los hechos puntuales, forjarse un criterio firme y actuar en consecuencia. De otro modo, paso a paso, puede que la transformación de Navarra sea tal que no la reconozcamos como nuestra propia tierra. Bildu es el partido que lidera una estrategia soberanista jalonada de éxitos, gracias a un rodillo parlamentario que impone una mayoría sistemática e inexorable. Los demás socios del cuatripartito se dejan llevar, y están dispuestos a aguantar carros y carretas con tal de mantenerse en la poltrona. Aunque la etiqueta ‘populista’ se le asigna a Podemos, Bildu practica esta modalidad de demagogia con mayor maestría. Esta formación radical sabe excitar las emociones mejor que Podemos, porque incorpora el componente sentimental nacionalista. Que nadie se confunda, la prioridad absoluta del Ejecutivo foral no es el bienestar de todos navarros, sino el avance imparable en su sectario itinerario ideológico. Daré algunos datos que apuntalan lo expuesto. Euskaltzaindia, de común acuerdo con el Gobierno Vasco, escogió el 3 de diciembre, la fiesta oficial de Navarra, como Día del Euskera. Obviamente, el objetivo fue reforzar la imagen euskaldún de la Comunidad foral. El siguiente paso lo ha dado EH Bildu al proponer en el Parlamento Vasco que el Día de Euskadi se celebre también en esa fecha. Si se aprobara esta iniciativa, navarros y vascos compartiríamos la festividad institucional autonómica y, no tengo duda de que, en poco tiempo, también actos y festejos. Politizar una lengua y utilizarla como arma para imponer la ideología nacionalista perjudica al euskera porque le quita atractivo de elegirlo. Cuando un gobierno nos quiere obligar, por causas políticas, a algo que debe ser opcional, nuestro sentido de libertad se rebela y, lo que pudiera ser una elección cultural seductora se percibe como una intromisión intolerable. El Gobierno ha presentado un Plan Estratégico de Política Lingüística. La primera sorpresa es que el documento se refiere sólo al euskera, cuando hay otros idiomas que son esenciales para el mundo global en que vivimos. La segunda, la tendenciosidad del informe, al presidirlo el planteamiento de que, para ser un buen navarro, hay que dominar e impulsar este idioma, exponiéndolo como un factor de integración para los que vengan de fuera. También hay dos puntos que parecen discriminatorios porque no respetan la libertad de los empresarios de emplear la lengua oficial que quieran. Así, el 5.1.2.1 reconoce que, en las subvenciones del sector socioeconómico, la utilización del euskera en los servicios a la ciudadanía es un elemento que aporta valor añadido. El 5.1.2.2 preconiza que, a la hora de conceder incentivos fiscales para promover la actividad empresarial, se tengan en cuenta las inversiones que se realizan para el uso del euskera. Forzar a las empresas a que fomenten esta lengua ni favorece su competitividad, ni beneficia al vascuence al gubernamentalizarlo. Señores políticos: ¡qué poco creen en la libertad y cuánto en su autoritarismo!


Deja un comentario