08
feb
Periodicos del Grupo Vocento

Uno de los asuntos más debatidos en las últimas semanas es la deuda pública griega. En concreto, la dificultad de afrontar los pagos y el riesgo de que ser insolventes conduciría a verse excluida de la zona euro. España no es Grecia, pero sufre los mismos niveles de deuda que el país heleno tenía antes de la crisis. Y si no corrige su déficit al ritmo adecuado corre el peligro de acercarse a la misma situación helena en pocos años.

Un rápido ajuste es la clave para evitar que el coste creciente de los intereses vaya hinchando cada vez más los presupuestos públicos y nos comprometa a pagos inviables en los años venideros. Desgraciadamente, no se está reduciendo el déficit. Ya sea por el electoralismo del corto plazo o por mera incapacidad política, los costes financieros de las comunidades autónomas aumentarán en 2015 hasta rozar los 28.900 millones de euros, un 14,4% más que el año anterior.

La mejor forma de entender el impacto real de la deuda es repartir el coste presupuestado entre todos los trabajadores, que son quienes en última instancia pagan impuestos. Así, el español medio ocupado tendría que hacer frente a 1.643 euros al año en gastos financieros, sólo entre intereses y vencimientos de la deuda autonómica. Y las diferencias son enormes. Un valenciano, por ejemplo, se tiene que hacer cargo del triple de dinero, en concepto de deuda, que el que debería asumir un canario.

También llama la atención que sólo un tercio de territorios concentran el grueso del problema. Se trata de la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Cataluña, Baleares, Cantabria y Navarra. Las seis, a la vez, cavan más hondo en el pozo de su deuda. Por ejemplo, los costes financieros navarros se elevan un 24,3% en 2015 respecto al año anterior, la mayor proporción de todas las regiones.

Este año, sin embargo, hay un efecto engañoso: parece que Cataluña y Baleares logran contener el coste de su deuda, pero no lo hacen porque la hayan reducido. Al contrario, los gastos financieros bajan porque el Estado les ha prestado más dinero a tipos especialmente favorables. También porque España ha recuperado su imagen en los mercados internacionales, lo que conlleva que los intereses de nuestra deuda sean más pequeños. Aunque estas regiones apenas suponen un tercio del PIB, aglutinan más de la mitad de los costes financieros de todas las CC AA. Conviene recordar que las tres regiones que más dinero han recibido del Estado (la suma del Fondo de Liquidez Autonómico más el Plan de Pago a Proveedores) en proporción a su PIB autonómico son Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía.

Aparte quedan las autonomías que mantienen unos volúmenes de deuda más moderados. De media, pagan un 40% menos que las más endeudadas, pero también hay que tener en cuenta el efecto riqueza. Por ejemplo, para un vasco o un madrileño, cuyo PIB per cápita es muy elevado, pagar 1.131 o 1.393 euros no supone un impacto tan fuerte como el que sufriría un valenciano o un manchego. Además, la mayor parte de estas regiones han logrado rebajar en 2015 sus costes financieros, ya sea porque el crecimiento de la deuda es menor, porque los mercados requieren tipos de interés más bajos al ser mayor su solvencia, o simplemente porque han atrasado los vencimientos.

Por una razón u otra, estas CC AA están inmersas en un círculo virtuoso: el dinero ahorrado por la rebaja de los costes financieros les permite relajar los ajustes presupuestarios. Así tienen capacidad de intensificar las bajadas de impuestos, lo que reactiva la economía. Con un mayor crecimiento y empleo, resulta más fá- cil devolver la deuda. Hacer el camino al revés –endeudarse mucho para intentar que la economía crezca– sólo lleva a entramparse hasta las cejas sin que aparezca el crecimiento prometido. Es como beber agua salada para quitarse la sed. 


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