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abr
Actualidad Económica

El mundo rural está protagonizando las inminentes elecciones generales y autonómicas como arma arrojadiza entre los partidos. En campaña, bajo los objetivos de las cámaras, unos visitan los pueblos de sus padres y otros suben a tractores, conscientes de su importancia en el panorama nacional. Esta se demostró en la manifestación de la “España Vaciada”, en la que participaron casi 90 plataformas y asociaciones para exigir igualdad, vertebración y equilibrio territorial.

En la Unión Europea, el 27,3% de la población vive en zonas rurales. En Lituania, esta proporción asciende al 54,9% (la más alta), en contraste con la de Malta, que cierra la clasificación con un 0,2%. España, a la que a menudo se ubica como un país “eminentemente rural”, con un 26,1%, está ligeramente por debajo de la media de la UE y de otros estados de nuestro entorno con envergadura económica relevante, como Francia (34,1%).

Así pues, el nuestro es un país urbano, y cada vez más. En el periodo 2015- 2017, su población rural disminuyó un 2%, y en la UE lo hizo un 3%. Más extremo es el caso de Hungría: si bien el 32,8% de sus habitantes vive en pueblos, estos han decrecido en un 30% en el citado periodo. Se registraron similares porcentajes de reducción en Suecia y Países Bajos. Aun así, uno de cada cuatro europeos sigue viviendo en el entorno rural.

La España vacía: ¿vive el mundo rural un adiós sin retorno?
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Además de a factores socioculturales, la poca atención que se le ha prestado al campo en las últimas décadas (no solo en España, sino en toda la UE) se debe en gran medida a su insignificancia relativa en el plano económico. Esta dimensión incluye las oportunidades de empleo, que cada vez se concentran más en las grandes ciudades. De entre varios indicadores, la
minúscula aportación del sector primario al PIB es la principal causante de la discriminación que sufre el ámbito rural. En concreto, la contribución a la riqueza nacional de la agricultura, silvicultura, caza y pesca es exigua.

Así, estas actividades suman el 1,5% de la riqueza de la UE. España se sitúa por encima de la media, con un 2,7%, mientras que Bulgaria encabeza la clasificación con un 4,1%. En el lado opuesto se hallan Luxemburgo (0,3%), Reino Unido (0,6%) y Bélgica (0,7%). Aquí, sin embargo, la tendencia es la opuesta a la experimentada por la población (en declive, como veíamos),
pues en el periodo 2015-2017 el porcentaje de contribución al PIB ha crecido un 7% en la UE.

Destaca el diminuto (en extensión) Luxemburgo, cuyas actividades del sector primario han duplicado su peso relativo en el total de sus cuentas nacionales, o Dinamarca e Irlanda, donde han crecido un 33% y un 40%, respectivamente.

Sin embargo, este incremento de las actividades productivas rurales sobre PIB no supone un aumento importante en su volumen total. Cuestión aparte es la de que, sin las subvenciones de la PAC, a la que se destina cerca del 40% del gasto total no financiero de la UE, el campo no sería sostenible ni en España, ni en países de estructura económica similar. Asumido esto, no se puede permitir la despoblación, por lo que debería fomentarse que se revitalice con medidas fiscales ventajosas, la llegada de las nuevas tecnologías, el teletrabajo y un modelo de turismo rural competitivo y de calidad.


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