12
mar
Diario de Navarra

El actual Partido Socialista de Navarra ha ido perdiendo sus señas de identidad y la moderación que le caracterizó en sus primeras décadas. ¿Dónde están figuras tan conciliadoras como Víctor Manuel Arbeloa y José Antonio Asiáin? El abrazo del oso que Bildu y Podemos han dado al PSN, aunque haya conseguido llevar a María Chivite a la presidencia de la Comunidad, ha tenido un precio: dejarla en las manos de quienes hasta hace poco se consideraban sus adversarios irreconciliables. Deberles el cargo le ha supuesto ceder a un chantaje excesivo, en el que los perjudicados no son sus contrincantes políticos, sino unos padres que no van a poder costear el tipo de educación que quieren para sus hijos.

Hace una semana, el PSN apoyó a Bildu en el Parlamento foral para aprobar una iniciativa que pretende que, dentro de seis meses, dos colegios, Redín-Miravalles e Irabia-Izaga, no reciban la financiación a la que tienen derecho como centros concertados. Resulta entendible que María Chivite se haya resignado a pagar muchos peajes molestos para ser presidenta del Ejecutivo foral, pero no su aquiescencia en dos áreas que debieran mantenerse inviolables. La primera, la defensa de la identidad de Navarra. La segunda, la libertad de las familias para enviar a sus hijos a centros de enseñanza diferenciada.

Recordemos que el dinero de estos conciertos sale, también, de los impuestos de esos contribuyentes damnificados, a quienes asiste el derecho esencial (que también es indelegable responsabilidad) a escoger el modelo de educación que juzguen mejor. También la presidenta debe valorar que muchas de estos padres, bastantes más de los que piensa, pueden estar votando a su partido.

La agresión a la libertad de las decenas de miles de familias que, desde hace más de medio siglo, han optado por esos colegios supone cruzar una línea roja que los agraviados no olvidarán, máxime cuando les ampara una legislación que no admite dudas. Sin ir más lejos, una sentencia definitiva del Tribunal Constitucional.

Por otra parte, ese modelo de enseñanza diferenciada está implantado como modelo público o concertado en la mayoría de los países que mejores lecciones nos pueden dar de democracia, como Estados Unidos y Reino Unido. La presidenta lo comprobaría si echara un vistazo a la web de oidel.org una organización dedicada a la libertad educativa con estatuto de consultor ante las Naciones Unidas, la UNESCO y el Consejo de Europa. También puede resultar clarificadora la publicación School Choice around the world de Pauline Dixon, que describe el avance de la elección de centro en el mundo.

Los clichés ideológicos que conducen al intervencionismo del Estado en la educación debieran estar muy superados. Ahora lo moderno pasa por empoderar a las familias y concederles un bono escolar para elegir la escuela sin tener que pagar nada, tal como lo hacen algunos países de la Unión Europea. Triste que siga habiendo políticos que crean saber lo que conviene a los hijos de los demás. Podemos y Bildu, en su afán de controlar a la juventud por medio de la pedagogía, tienden a practicar el adoctrinamiento, lo que puede destrozar a muchísimos jóvenes.

Desde el terreno práctico, poner ahora en duda el concierto de esos 4.500 alumnos provocaría un caos, dado que la inmensa mayoría de las familias de los citados colegios no podrían pagar el coste de una enseñanza privada. La Hacienda foral no tiene presupuesto para crear nuevas plazas de enseñanza pública, máxime cuando estos puestos escolares resultan un 70% más costosos que los concertados. A la presidenta le convendría no adentrarse en charcos innecesarios, que tanto pueden ahogar el prestigio de su partido, su reputación personal y la imagen de Navarra.


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