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abr
Expansión

Esta semana se ha publicado tanta información de gran calado sobre la economía española que resulta bastante difícil analizarla con suficiente profundidad en esta página. Conocimos las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el detalle del Índice de Precios al Consumo (IPC), los Índices de Confianza Empresarial y de Sentimiento Económico y de creación de empresas. Todos estos datos confirman que la economía española sigue en la senda de la recuperación, aunque desacelera ligeramente su crecimiento.

Cada semana que pasa, los expertos revisan a la baja las previsiones económicas. Esta semana le ha tocado el turno al FMI, que espera que la economía española crezca este año el 2,6%, una décima menos de lo que había previsto en enero, si bien mantiene invariable su pronóstico para 2017: un aumento del 2,3%. Por tanto, España seguirá siendo, según este organismo, la más dinámica entre las grandes economías desarrolladas.

Por lo que respecta a la tasa de paro, el FMI señala que seguirá reduciéndose, aunque manteniéndose en niveles todavía muy elevados: este año cerrará por debajo del 20% de la población activa, algo que no sucedía desde 2010 (y en 2016 caerá hasta el 18,3%). Un descenso que está consonancia con el aumento de la actividad económica. Así, este año la ocupación crecerá en 450.000 ocupados y, el que viene, serán 330.000. El Banco de España  ha estimado que, sólo en el primer trimestre de 2016, se ha producido un incremento en el empleo de 100.000 personas. Habrá que esperar al día 28 de este mes para conocer la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente a este mismo periodo, que es la mejor radiografía del mercado de trabajo.

Este aumento del empleo está tirando de la demanda de consumo. Así, según el Banco de España, en el primer trimestre de este año, el gasto de los hogares siguió creciendo (+0,6% con respecto al trimestre anterior), si bien a ritmos un poco más bajos que en el cuarto trimestre de 2015 (+0,7%).

Éste sigue siendo el principal motor de la economía. Los aumentos en el consumo se reflejan también en el crecimiento de la inflación subyacente, que es la que mide la variación de los precios de los bienes y servicios más estables (alimentos elaborados, bienes industriales no energéticos y servicios). En el mes de marzo, este indicador alcanzó el 1,1% en términos interanuales, una décima más con respecto a febrero. Es la tasa más elevada desde agosto de 2013.

A este repunte de la inflación subyacente contribuyó el aumento de los precios de los servicios (como consecuencia del excelente comportamiento del sector turístico) y de los alimentos elaborados.

Si en vez de considerar sólo el núcleo duro de la inflación (la subyacente), observamos el comportamiento de todos los precios de los bienes consumo (IPC), vemos que éstos disminuyeron en marzo un 0,8% interanual, continuando la tendencia a la baja que muestra este indicador desde junio de 2014. Esta caída sigue aumentando la competitividad de las exportaciones y mantiene el poder adquisitivo de los salarios y las pensiones. 

Parece lógico que, en una fase expansiva de crecimiento y de subida de los precios del petróleo, la inflación continúe en niveles muy bajos en los próximos años. Según el escenario que prefigura FUNCAS, es muy probable que se cierre este año con una inflación positiva de alrededor del 0,9% y, en diciembre de 2017, del 1,7%. De cumplirse estas previsiones, mantendríamos todas las ventajas que conlleva la estabilidad de precios y nos alejaríamos del pantanoso terreno de la deflación. Además, una inflación tan baja, unida al crecimiento económico y del empleo, está generando una mejora de la confianza en nuestra economía: se incentiva el consumo y las exportaciones de bienes y servicios, sobre todo el turismo, que intensifica su vigor. Las entradas de visitantes a nuestro país crecieron en febrero un 12,5%, el mayor avance desde 1999.

Esta situación expansiva parece que se prolongará en el futuro. El Índice de Confianza Empresarial Armonizado, elaborado por el INE y publicado esta semana, crece en este segundo trimestre del año un 0,6% tras la caída del primer trimestre (que había sido la primera en tres años). Sorprende para bien que el balance de expectativas (diferencia entre el porcentaje de empresarios optimistas y pesimistas acerca de la marcha de su negocio) se pone en positivo (1,9) frente al dato negativo del primer trimestre del año. Esto refleja una mayor confianza de los empresarios en el futuro de la economía española.

También la actividad emprendedora mejora. El INE publicó ayer que en febrero se crearon en España 10.339 sociedades mercantiles, (19% más que en el mismo mes del año anterior), mientras que se disolvieron 2.204, lo que supone una creación neta de 8.135 empresas.

Sin embargo, insistimos en que, a pesar de los buenos datos, la economía se ralentiza. Por ejemplo, aunque durante este año se creasen los 450.000 empleos previstos, esta cifra sería menor a la del año pasado, cuando se produjo un aumento de 525.000. Este menor crecimiento viene acompañada por la evolución a la baja del Indicador de Sentimiento Económico que elabora desde 1990 la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea. En el primer trimestre de este año, este indicador se redujo ligeramente, situándose en 107,3 puntos frente a los 109,6 del cuarto trimestre del año pasado. Los valores por debajo de 100 indican una desconfianza en la economía frente al nivel histórico. La base 100 es la media del periodo 1990-2013.

Las reformas necesarias

En definitiva, durante este año la economía española seguirá en la fase de expansión iniciada a mediados de 2013: los indicadores de confianza empresarial siguen siendo altos, crece el consumo, la producción y el empleo, pero estos avances son cada vez más lentos. Así, en el primer trimestre de este año la cifra de negocio de los servicios, la producción industrial y la construcción aumentaron por debajo del extraordinario ritmo alcanzado en el tramo final de 2015.

Si se quiere favorecer y afianzar el crecimiento de la economía y del empleo, el nuevo Gobierno deberá insistir en las reformas. 


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