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dic
Murcia Plaza

ERC congeló este jueves las negociaciones con el PSOE sobre la investidura de Pedro Sánchez tras la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que ha dictado que el líder de los republicanos catalanes, Oriol Junqueras, tenía derecho a recoger su acta de eurodiputado y, como tal, debería haber gozado de inmunidad pese a haberse encontrado en prisión provisional mientras esperaba el veredicto del Tribunal Supremo sobre el 1-O.

En consecuencia, ERC solicitó el mismo jueves un pronunciamiento público de los socialistas, instándoles a que acatasen la sentencia y no politizasen el poder judicial, así como a conocer el posicionamiento de la Abogacía del Estado. Esto pone de manifiesto una serie de contradicciones tan interesantes como indignantes. La primera es la exigencia de acatar las sentencias judiciales. Solo cuando benefician a uno, por supuesto. En cambio, para la hemeroteca ha quedado la ‘deportividad’ con la que los republicanos catalanes recibieron en su día la sentencia del Supremo. La segunda incongruencia la encontramos en la exhortación de ERC al PSOE sobre despolitizar la justicia. Resulta del todo irónico, dado que fue precisamente la intromisión del PSOE en el devenir del juicio del procés lo que hizo que la condena a los líderes independentistas fuera por sedición y no por rebelión. En definitiva, haz lo que digo, y no lo que hago. Una incoherencia que se reproduce con la misma ortodoxia al otro lado del pasillo de la parroquia secesionista, como dejó claro Torra al declarar, a la vista de su inhabilitación por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que él no se somete a los juzgados y tribunales, sino a lo que disponga el Parlament. Ahí es nada.

En esto consiste la última zancadilla de ERC al PSOE para tirarlo al barro, a su terreno, y forzarle a pactar lo prohibido, y defender lo indefendible. Se trata de la más reciente demostración, a la vista de todos, de que la cabra siempre tira al monte, pues tal es su condición. Y, en el caso de Esquerra, la negociación de mínimos acaba de transformarse en una de máximos. A saber, la causa soberanista. Ahora bien, esto constituía una evidencia para casi todo el mundo antes de que ERC se plantase. Para todos salvo para el PSOE, del que quizá resulta más benévolo presumir la estupidez que la maldad, y de su socio de Gobierno, Podemos, del que se presupone, iuris tantum, todo lo que vaya en contra de la libertad, la prosperidad y, por supuesto, de España.

Sin embargo, la respuesta de ERC a la Justicia europea también proporcionaba una tabla de salvación a un PSOE dividido internamente entre los sanchistas y los constitucionalistas, como pone de relieve la negativa de algunos barones autonómicos a pactar con quienes quieren romper España. La machada de ERC se trataba de la última oportunidad de los socialistas para buscar otras vías hacia el centro-derecha y asegurar así un Gobierno respetuoso con la Constitución y el Estado de derecho. Sin embargo, esto es mucho pedir de un PSOE sin alma, que únicamente emplea el lenguaje y los usos del poder. Así, al poco de conocer el pronunciamiento de ERC, el Gobierno expresaba a través de un comunicado su respeto a la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, a la par que confiaba el (buen) rumbo de las negociaciones a lo que disponga ERC en el congreso que tendrá lugar este sábado.

A todo esto, Puigdemont, el enajenado de Waterloo, da saltos de alegría ante la posibilidad de beneficiarse de la doctrina de la Justicia europea y volver a encabezar la candidatura de JxCat en las próximas elecciones al Parlament. De nuevo, la cabra tira al monte. Tan solo resta por ver en cuál pretenderá hacer cumbre el PSOE.


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