24
feb
Periodicos del Grupo Vocento

Se avecinan los tiempos de las promesas. Es lo que indefectiblemente ocurre cuando se entra en campaña electoral. Y, esta vez, por partida cuádruple nada menos, al coincidir unos comicios generales, autonómicos, municipales y europeos. Los políticos ya están ensayando los cantos de sirena con los que querrán convencer al votante, máxime cuando la competencia se presenta como la más reñida e incierta de los últimos años.

El despliegue de mercadotecnia al servicio de los partidos para convertirlos en vendedores de humo entraña un peligro indudable. Hay que ser muy impermeable a los mensajes de persuasión que nos bombardearán por doquier para no acabar formándose unas expectativas que en nada se asemejarán a la realidad. Es lo que parecen señalar datos como los del último Índice de Confianza Empresarial, elaborado por el INE. Este indicador recoge las previsiones de los empresarios sobre la marcha de su negocio; una percepción de seguridad o incertidumbre que, no por subjetiva, dejará de afectar en la práctica a la evolución de las compañías, ya que, a partir de ella, se adoptan decisiones cruciales. Pues bien, todo apunta a que el desmesurado optimismo (basado en expectativas infladas y, por tanto, erróneas que suelen lanzar nuestros quienes nos gobiernan) ha terminado jugando en contra.

Si nos fijamos en las comunidades, en el último trimestre de 2017, los empresarios que ofrecían unas puntuaciones más altas eran los manchegos (145,6), cántabros (143,5), castellanoleoneses (142,1) y baleares (140,8). De éstos, sólo los primeros parecían tener una impresión acertada sobre cuál sería el pulso empresarial de su región durante los meses siguientes. Fue precisamente en Castilla-La Mancha donde, en 2018, más aumentó la creación de sociedades mercantiles: un 8,4% anual. 

Por el contrario, en Baleares, ésta descendió un 5,8% (la segunda tasa más baja); en Castilla y León, un 4,4%; y en Cantabria, un 1,2%. Unos datos bastante negativos, y que no hacen justicia a la confianza manifestada, aunque algo mejores (al menos los dos últimos) que los de Asturias (-11%), Canarias (-5%) o Cataluña (-5%). ¿Fueron más cautos los empresarios de estas tres comunidades? Lamentablemente, no. Sus expectativas se situaron entre las más elevadas, con una puntuación de 136,3, de 136,7 y de 140,6. En cualquier caso, todas por encima de la media española, de 135,4.

Las únicas regiones en las que la constitución de sociedades mercantiles creció interanualmente se encuentran, en cambio, por debajo de la media nacional de confianza empresarial, a excepción del citado caso de Castilla-La Mancha. Destacan como ejemplo de moderación en el optimismo, con las puntuaciones más bajas del país, Madrid (127,7) y Comunidad Valenciana (129,3). Pese a su prudencia, sus nuevas sociedades variaron al alza en un 6% y un 2,8%.

Esta disparidad entre expectativas y realidad debería suponer una llamada a la reflexión, de cara a la campaña política (y/o de marketing) que nos aguarda. Tal vez la mejor receta para ir a votar y acertar sea un sano escepticismo. 


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