16
jul

El coronavirus parece haber frenado el mundo y mantenernos paralizados por el miedo a infectarnos, simultáneamente. La reacción de los líderes mundiales en Occidente y más allá han demostrado que las democracias liberales, dictaduras comunistas y cualquier otro sistema intermedio deben responder con prudencia y ponerse de acuerdo con tal de derrotar a este, aparentemente, enemigo invisible. La cooperación se trata de un elemento necesario para ello, y este debería constituir el caso de Estados Unidos y la Unión Europea. ¿Qué les está faltando a ambos? ¿Cuál debería ser nuestra relación en el futuro ahora que los chinos se están estableciendo, cada vez más, en el orden mundial?  La clave reside en una mayor cooperación política y económica para poder hacer frente a las mayores amenazas hacia las democracias representativas que la historia de la humanidad ha visto jamás. En todo caso, el coronavirus nos presenta ahora la oportunidad de reparar nuestras relaciones transatlánticas y de solidificar los lazos que nos van a permitir preservar y proteger la democracia, tanto doméstica como en el extranjero.

El prolífico economista Leonard Reed fue famoso por, entre otras cosas, argumentar a favor del principio de cooperación mutua en una economía de libre mercado, a  través de la sorprendentemente simple analogía presentada en su ensayo Yo, el lápiz. Contada desde el punto de vista del lápiz que se va construyendo a lo largo del ensayo, la historia muestra cómo diferentes países del mundo y los trabajadores que viven en ellos en paz cooperan para producir un bien que se vende con un propósito. La alegoría sirve para demostrarle al lector que tanto las cosas materiales que queremos como las necesidades se producen a través de un sistema intrincado de cooperación, ofrecido por un sistema de precios del mercado y filtrado a través de instituciones gubernamentales y sociales. La expansión del libre comercio y la eficiencia de la asignación de recursos a través de este mecanismo debería convertirse en la piedra angular de cualquier política exterior efectiva entre aliados, especialmente cuando en ello se cifra el interés de supervivencia de ambas naciones.

Europa y Estados Unidos consiguieron acabar con su viejo enemigo después de que Rusia, bajo el régimen soviético, colapsara y cayera por su propio peso, y con ello, cualquier oportunidad de resurgimiento del comunismo en Europa. ¿Pero es realmente honesto decir que esta brutal forma de estatismo ha desaparecido de la geopolítica internacional para siempre? ¿O se ha manifestado a sí misma en un híbrido comunista-capitalista que solamente busca su preservación a expensas de las libertades de sus habitantes? El Partido Comunista Chino constituye, sin duda, la mayor amenaza a la hegemonía de la democracia liberal en el mundo, y en especial, a los intereses de Europa y Estados Unidos. Con el títere del gobierno chino, Huawei, buscando hincar el diente en el patio trasero de Europa con su propuesta de construir infraestructura para la conexión 5G, Estados Unidos debe abrir sus puertas al restablecimiento de un frente transatlántico fortificado y unido ante el gobierno chino (y ruso).


Cualquier propuesta política que vaya a perdurar más allá de los cambios gubernamentales debe centrarse en la libertad económica


Tal y como se ha mencionado antes, cualquier propuesta política que aspire a perdurar más allá de los cambios gubernamentales realizados cada pocos años debe centrarse alrededor de la libertad económica. La Unión Soviética se caracterizaba por instituciones públicas e industrias que sangraban dinero a expensas de la ciudadanía. Los chinos han modificado sus disposiciones económicas mediante la creación de “zonas económicas especiales y de libre comercio”, capitalizando el crecimiento masivo que solo los procesos de mercado pueden proveer. Sin embargo, su economía permanece intensamente regulada, y su ciudadanía, bajo una represión en contra de la voluntad y ambición individual (resulta casi imposible creer que lo que pasó en la Plaza de Tiananmén forme parte de la historia reciente), propio todo ello de la Guerra Fría. La Unión Europea es, teóricamente hablando, una organización devota a la liberalización y armonización de la políticas económicas de los Estados miembros, que debe encontrar una manera de promover un política basada en el mercado para remediar muchas de las distorsiones preexistentes que caracterizan la estructura económica europea moderna (la ratio deuda-PIB en la UE ha llegado al 80%). Lo mismo podría decirse de Estados Unidos, que, de acuerdo con los nuevos análisis del Comité para un Presupuesto Federal Responsable, tendrá que lidiar con 1,5 trillones de dólares adicionales de inyección monetaria por el Sistema de la Reserva Federal (Fed), además de con un déficit actual que se ha cuadriplicado. Ambos, la Fed y el Banco Central Europeo, se encuentran en su límite inferior de cero, y están comprando toda la deuda en la medida de lo posible, y deben ahora recurrir a toda herramienta de política monetaria poco convencional a su disposición, además de pensar en nuevas estrategias para estabilizar los mercados financieros en el presente y en el futuro.

Ambas naciones deben comprometerse a equilibrar sus presupuestos, a la vez que aprueban acuerdos de libre comercio (incluyendo a Reino Unido), a fin de estimular la actividad económica que necesitan para devolver dinamismo a sus economías. Subsidios innecesarios, ya sea gasto en tiempos de crisis o la Política Agrícola Común, han de eliminarse para acabar con las distorsiones en el mercado alimentario, que causa una sobreproducción y enormes pérdidas para la economía. Implementar reglas fiscales estipuladas puede permitirle a Estados Unidos y Europa establecer planes concisos a largo plazo. Haciéndolo, pueden crear una “zona de confianza mutua” entre los dos lados del océano y dejar el poder regulador en manos de la gente, y no de organizaciones supranacionales.

La relación estratégica entre los dos resulta fundamental, y será un factor clave a la hora de afrontar la invasión en sus asuntos de los chinos y los rusos. Con el colapso del Telón de Acero justo antes de la caída de la Unión Soviética, el este de Europa quedó en posición de liberar a su población de la represión política. Vamos a precisar un balance entre respetar la soberanía nacional y la voluntad democrática de la gente mientras se promueve una cooperación intereuropea necesaria y apropiada.


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