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Expansión

Por Rafael Pampillón y Julio Pomés

Esta semana se ha publicado el informe PISA, que elabora cada tres años la OCDE, a partir de exámenes realizados a alumnos de 15 años de 72 países. Se trata de medir las competencias en ciencias, matemáticas y comprensión lectora de más de medio millón de estudiantes, 37.000 españoles. Este indicador se ha convertido en la principal referencia sobre calidad de enseñanza en el mundo, ya que al suministrar resultados académicos normalizados permite comparaciones internacionales que dan pistas sobre la eficiencia de los sistemas educativos.

En el informe de 2016 (con datos del año 2015), figuran a la cabeza de la lista, al igual que en años anteriores, Singapur, Corea del Sur, China, Finlandia, Japón, Hong Kong, Taiwán y Canadá; países que parece que tienen las claves del éxito. Sin embargo, la mayor sorpresa del informe ha sido Singapur, que ha logrado con diferencia los mejores resultados en todas las disciplinas, lo que refuerza el prestigio mítico del modelo asiático.

¿Cuál es el secreto de la calidad de enseñanza de esos ocho países? Según varios informes publicados, los rasgos comunes de las naciones que encabezan la tabla PISA durante los últimos años son los siguientes:

a. Los centros educativos de estos países contratan para sus colegios a los profesores que tienen mejor currículum. Un estudio referido a Estados Unidos muestra que si se toman alumnos de capacidad media y se les encomienda a profesores que están entre el 20% mejor valorado del cuerpo docente, acaban dentro del 10% con mejores calificaciones; si se los pone con profesores del 20% más bajo, acaban entre los de peores notas. Por eso Corea del Sur recluta a los profesores de primaria entre el 5% de los mejores graduados, y Singapur y Hong Kong entre el 30% mejor. Por tanto, para conseguir buenos docentes (mayor calidad en la enseñanza) hay que hacer un buen proceso de selección.

b. Una vez conseguidos graduados brillantes para incorporarse a la enseñanza, tienen que aprender a ejercerla bien. Los países con mejor calidad de enseñanza facilitan abundante formación práctica a los recién llegados a la carrera docente. Además, fomentan la formación permanente para todos.

c. El tercer rasgo distintivo de los países con mejores resultados está en los remedios que aplican cuando el rendimiento de los alumnos es deficiente. Los países destacados intervienen pronto y siempre. Finlandia es número uno en profesores dedicados a los alumnos que se quedan retrasados. Uno de cada tres alumnos recibe clases individuales de apoyo. Singapur imparte lecciones extras al 20% de los alumnos más retrasados, lo que implica una mayor implicación docente.

d. Dedicando más dinero a la educación no se consigue necesariamente el éxito. Singapur, que gasta menos que la mayoría de los países en educación, está en la primera posición, mientras que EEUU, que desde 1980 más que ha doblado el gasto por alumno y ha bajado el número de alumnos por profesor a un mínimo histórico, está en lugar 25º. En cambio, Corea del Sur se sitúa entre los diez primeros países en todas las pruebas y tiene las aulas con más alumnos. Y si los chicos finlandeses son los primeros en lectura y los quintos en ciencias no es porque se pasen el día en el colegio: de hecho, tienen menos horas de clase que sus coetáneos de otros países.

e. El aprendizaje de valores y virtudes en el seno de la familia y en la sociedad son factores clave que propician el éxito en la educación. En este sentido, los países asiáticos tienen ventaja: los profesores de China, por ejemplo, pasan la mayor parte de la clase enseñando, mientras que en muchos países occidentales, como España, los maestros pasan demasiado tiempo dedicándose a mantener la disciplina. No es extraño que los países asiáticos obtengan mejores resultados: sus alumnos se portan mejor. También porque sus profesores invierten más tiempo preparando las clases, estudiando e investigando, lo que les da más prestigio ante los alumnos y facilita que se les respete en el aula.

f. Mayor independencia y libertad de cátedra: los países donde las escuelas gozan de más autonomía para diseñar sus planes de estudios, contratar a sus profesores y establecer sus propias políticas de evaluación de alumnos y profesores tienden a lograr mejores resultados.

España se encuentra en la posición 30ª de los 60 países de la OCDE y es uno de los países del mundo que ofrece un mayor grado de igualdad (también igualdad de oportunidades) en la educación. En cambio, la “excelencia” y la calidad se valoran menos que en otros países. Nuestro sistema educativo tiende a igualar. Aunque el marco legal español prevé cierta autonomía, en la práctica está muy condicionada por la regulación. Por otra parte, pocos centros educativos quieren tener la responsabilidad de asumir las consecuencias de esa autonomía, potestad que incluye promover la innovación, potenciar el carácter distintivo de cada alumno, despertar su iniciativa y aprendizaje para la asunción de riesgos.

Estabilidad necesaria

Si queremos mejorar el sistema educativo y acercarnos a los puestos de cabeza, hemos de fijarnos en nuestros homólogos con puntuaciones cercanas, pero superiores a la nuestra. Hay que intentar avanzar de forma continua, evitando grandes cambios que puedan desestabilizar el sistema educativo. Los resultados de PISA pueden considerarse un apoyo a la Lomce, ley suspendida quizá más por criterios políticos que didácticos. También PISA puede ayudar a esclarecer si se deben poner o no unos moderados deberes a los alumnos. Se equivocan quienes los ven como algo negativo porque genera agobio, ya que ese esfuerzo favorece que el alumno desarrolle su capacidad intelectual. Uno de los principales problemas de España es el desempleo juvenil. Su reducción exige imitar las prácticas educativas de los países que mejor lo hacen. También la formación profesional dual que se realiza en Alemania, donde los estudiantes compatibilizan las enseñanzas teóricas del aula con las más prácticas en las fábricas.

El futuro de España pasa por una educación diferente y más exigente, mejorando la autonomía y los incentivos de los profesores y directores, ser más eficientes en la contratación de los docentes y modernizando las prácticas y contenidos de los cursos. Sólo así conseguiremos que nuestro capital humano esté en condiciones de aumentar las cotas de productividad, porque nos acercaremos más a la frontera del conocimiento y de las nuevas tecnologías


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