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A principios de este mes, se celebró en Londres el 70 aniversario de la creación de la OTAN. Entre los invitados se encontraba el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. El contexto en el que se produjo la reunión estuvo cargado de tensión y notas discordantes. Una de las causas fue la imposición de aranceles, por parte de EE.UU., a determinados productos europeos, principalmente, de Francia, Alemania, España y Reino Unido.

Esta decisión viene respaldada por el fallo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a favor de Estados Unidos. En dicha resolución, se determinó que la Unión Europea (los países que forman Airbus) subvencionaron de forma ilegal (con tipos más bajos que los del mercado) a esta compañía. Por tanto, la OMC autorizó a Estados Unidos a establecer unos aranceles de 7.500 millones de dólares (unos 6.900 millones de euros): el importe proporcional a las pérdidas sufridas por Boeing.

No obstante, la UE y EE.UU. tienen otro litigio pendiente de resolución en el sentido contrario. Airbus denuncia a Boeing por subsidios ilegales. Esta guerra entre ambas empresas constituye el mejor reflejo de la realidad que vive la economía internacional. Pese a la visión de algunos idealistas, el mercado de libre competencia no existe como tal. Es una utopía. Se debe avanzar hacia él, pero el problema viene cuando se subestima conceptos como el de soberanía. Personajes ilustres del liberalismo, como Adam Smith o el propio John Locke, se revolverían en sus tumbas si viesen el punto al que han llegado los globalistas.


La UE es un bloque comercial que ha eliminado sus barreras internas, pero no las externas


En el mundo que vivimos, y mucho antes de la llegada de Trump al Despacho Oval, ya existían barreras al libre mercado. Pese a lo que declaren algunos responsables de la UE, el presidente estadounidense no ha iniciado esta guerra. De hecho, cabría plantearse que la UE consiste, básicamente, en un bloque comercial que ha eliminado sus barreras internas pero que ha mantenido las externas. Una de las grandes paradojas que alberga es que su tan cacareado liderazgo global en cuanto a ayuda al desarrollo (AOD) viene acompañado por unas políticas tremendamente proteccionistas. El caso más famoso, el de la Política Agraria Común (PAC).

En virtud de ella, la UE destina a esta partida más de 55.000 millones de euros[1] al año, lo que la sitúa como una de las principales acciones de ámbito comunitario. Sin embargo, contradice la posición mantenida respecto a la AOD, ya que la PAC supone una barrera que impide a los países menos desarrollados, con economías en las que el sector primario tiene más peso, exportar sus bienes a nuestro bloque comercial. Esto implica ahogar a las sociedades más pobres del globo, ya que estas no nos exportan bienes de medio o alto valor añadido, sino más bien al contrario.

Esta, junto a muchas otras críticas, ponen en tela de juicio la postura de muchos dirigentes europeos que despotrican de los aranceles estadounidenses, pero callan sobre los propios.

La OTAN está siendo una de las primeras víctimas de este clima de competición económica. Ya desde la época del presidente Kennedy, EE.UU. viene demandando una mayor inversión en defensa por parte de sus aliados europeos. La única diferencia que existe hoy radica en que Trump sí cumple con sus líneas rojas. Además, el país se ha dado cuenta de que el sistema que creó junto al resto de potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial ya no le beneficia, sino que le perjudica.

La factura que EE.UU. pidió en tiempos de Obama para seguir manteniendo la Alianza Atlántica era que el gasto en Defensa se situase en el 2% del PIB. Más allá de las críticas que pueda suscitar la idoneidad de la cifra, los países aliados se comprometieron a ello. Y en las relaciones internacionales, al igual que en todo, la falta de credibilidad tiene sus consecuencias.

El caso español resulta palmario. Tras la firma del compromiso en Cardiff (2014), nuestro país no va a cumplir (2024 es la fecha límite). Así, desde ese año, España no se ha acercado siquiera, y sigue a la cola (solo por delante de Luxemburgo) con un gasto del 0,92% del PIB. Estos datos, junto a las continuas subvenciones ilegales a Airbus, representan algunos de los argumentos que maneja la Administración estadounidense para imponer aranceles del 25% a productos como el aceite de oliva, las aceitunas, la carne de cerdo, frutas y hortalizas, etc. Esto ocasionará unas pérdidas que se estiman en unos 841 millones de euros, según el Gobierno español. Además, ante la congelación del aumento del presupuesto en defensa previsto por el Ejecutivo anterior, el presidente Trump no ha descartado incrementar los aranceles. De hecho, en sus propias palabras:

Solo ocho de los 28 países de la OTAN invierten más de un 2% en defensa, lo que significa que 20 países son morosos en sus pagos a la OTAN, y lo vienen siendo desde hace muchos años. Alemania, como mucho, invierte un 1,3%, dependiendo de cómo se hagan los cálculos. España está en un 1%. En comparación, Turquía se encuentra casi al día con sus pagos, aunque sea difícil de creer”[2].

Ante este panorama, no es de extrañar que a Pedro Sánchez no se le haya invitado a ninguna de las reuniones celebradas al margen de la oficial en Londres. Un claro reflejo de la absoluta irrelevancia internacional en la que se halla actualmente España. Quedan muy lejanos los días en que los propios ingleses sentían amenazada su posición de aliado principal de EE.UU en Europa. Hace demasiado tiempo que España no se trata de un socio fiable, capaz de cumplir los compromisos que firma, y de defender sus intereses nacionales.

Ahora, la principal preocupación de este Gobierno pasa por la creación de un grupo de Operaciones Especiales para mujeres, sin necesidad de que aprueben el curso hasta la fecha imprescindible para vestir la boina verde. Lo más triste de todo es que, con esta medida, se minusvalora a las dos mujeres que hasta hoy han superado el durísimo curso.

Todo indica que la batalla cultural y partidista ha llegado hasta los últimos recovecos del Estado. La idea de unas élites que se preocupen por el interés nacional  y lo protejan parece anatema. Empero, a aquellos que quieran dar la batalla, que crean todavía que existen ideas por las que vale la pena luchar, siempre les quedará Cervantes, quien, por boca de su célebre don Quijote, nos dice: «Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida».

España lo merece.


[1] http://www.europarl.europa.eu/factsheets/es/sheet/104/la-politica-agricola-comun-en-cifras

[2] Declaraciones realizadas tras una reunión con el presidente y el ministro de Exteriores de Italia, Sergio Mattarella y Luigi di Maio, respectivamente. Disponible (en línea): https://www.abc.es/internacional/abci-trump-asegura-mantiene-aranceles-espana-porque-no-invierte-suficiente-defensa-201910162228_noticia.html


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