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ene
OkDiario

Esta semana, toca hablar del pin parental, igual que la pasada se abordó la infame propuesta del Ejecutivo de Sánchez para fiscal general del Estado. Los temas en el candelero mediático se suceden a una velocidad vertiginosa. Esto apunta a que la elevación de ciertos asuntos a puntos candentes (o la creación artificial de los mismos) se emplea en la práctica política para tapar noticias anteriores, o distraer a la opinión pública bajo la premisa de que, simplemente, está hambrienta. Da igual que haya carne o pescado en el menú. Quiere comer.

Aun dejando al margen la posibilidad de que haya habido motivaciones partidistas (rara vez ausentes), lo cierto es que el pin parental ha relegado el nombramiento de la señora Delgado a un segundo o tercer plano, por lo que muy a mano le ha venido esta polvareda al Gobierno de coalición para superar su primer gran bache ante la opinión pública.

De todo este barullo mediático y disputa política, cabe resaltar cuatro apreciaciones. En primer lugar, la habilísima capacidad del PSOE y cía. para contener y despistar con fuegos de artificio meteduras de pata mayúsculas o atropellos injustificables. En segundo, la valentía e inteligencia política con que VOX abre, o reabre, debates ya olvidados o nunca presentes, así como la facilidad con que el PP le sigue el juego en una defensa admirable de la libertad, pero seguramente contraproducente desde una perspectiva electoral. En tercero, y como punto fundamental, el insaciable apetito del Estado por violar esferas de nuestra libertad, en este caso educativa, bajo el firme convencimiento (a veces implícito, otras explícito, como ahora) de que las personas somos ciudadanos, contribuyentes, cotizantes, votantes, que servimos a sus intereses, y no al revés. Y, por último, y como consecuencia de lo anterior, esto ha de reafirmarnos en la necesidad de que el Estado tenga solo la dimensión debida.

Esta es la cuestión de fondo que habríamos de analizar los españoles. Afirmaciones como las de la ministra Celaá, quien señaló que “los hijos no pertenecen a los padres de ninguna manera”, ponen de manifiesto la envergadura del debate. Ni que decir tiene, los hijos no son propiedad, ni tan siquiera posesión, de los progenitores. Sin embargo, a estos les compete su educación como misión y obligación, así como su protección y cuidado. Desde luego, de una forma preferente frente al Estado, quien habría de adoptar un papel muy secundario. Esto sería así si en Europa continental tuviésemos la más mínima noción acerca del principio de subsidiariedad. Pero no, el Estado resulta aquí omnipresente, hasta entrar en juego para arrebatar los niños a los padres, una usurpación poco sorprendente bajo esta coalición social-comunista. De ahí su eterna cruzada contra las familias, últimos reductos de resistencia (en libertad o no) frente a su poder omnímodo.

Por su propia razón de ser y funcionamiento, resulta del todo desaconsejable que el Estado entre a impartir clase sobre temas morales o aquellos que afectan a lo más íntimo de las personas. Entre muchos otros motivos, porque nos hallamos en un panorama de guerra total, donde unos y otros rivalizan por el poder para, una vez alcanzado, trazar (en este caso desde las aulas) cómo hemos de regir nuestras vidas o, lo que es peor, juzgar cuál es la vida buena. He aquí una humilde solución, que se trata más de una súplica, a este juego de suma cero. ¿Qué tal si la escuela pública no hablase de moralidad? Ni religión ni marxismo cultural, gracias. Eso, si acaso, en casa. Se llama liberalismo, aunque, en este país, tenga el estatus de animal mitológico. Quizá, porque muchos dicen haberlo visto (en ellos mismos, claro), pero bien mienten, bien se equivocan. Muchas casas y fincas lucen en sus cancelas el cartel de “cuidado con el perro”. En España, parece que tendremos que poner, al menos en nuestras mentes, el de “cuidado con el Estado”. Quiere hasta a nuestros hijos.


    JOSE ANTONIO PADILLA RIBERO
    Excelente, como siempre estimado Juán Ángel. Reafirmo (y es cosa que vengo predicando desde que soy padre de 4 hijos y ahora 6 nietos) lo que tu has aportado como solución: fuera de las escuelas las religiones y los sectarismos políticos. Lo primero , en la intimidad de su casa, de su familia o de su templo. Y lo segundo, según la formación humanística que reciba, sin cortocircuitos ni "orientaciones" ajenas a la noble función de formar, sin utilizar espuriamente la libertad de cátedra para hacer lavados de cerebro. Pero hay un problema, por edad conocí MAESTROS y hoy ese trabajo lo ocupan PROFESORES funcionarios -antes también eran funcionarios, pero lo eran a efectos de pasar más hambre y más frío; y falta de medios, sobre todo en zonas fuera de las ciudades, lo viví de cerca-. Vocación frente a utilitarismo. Hoy hay mayor conocimiento, pero ayer, el que había, tenía el doble de valor, por carga moral y verdadero sentido de formación limpia y honrada. En este sentido no sé si hemos avanzado...
    JOSE ANTONIO PADILLA RIBERO - 24 ene.RESPONDER

      Juan Ángel Soto
      Muchas gracias, José Antonio. Creo que es un magnífico ejemplo, como señalo en el artículo, de la importancia de que el Estado tenga su debida dimensión. En cuanto a la capacidad o cualificación profesional de los maestros-profesores en la escuela pública actual, me temo que desconozco la cuestión. No obstante, sí que es evidente que, en las condiciones de seguridad laboral que ofrece el sector público, el incentivo, desde un plano puramente económico (habrá de todo, como siempre) es a cumplir religiosamente con la ley del mínimo esfuerzo. La vocación, en esos términos, queda relegada al apartado de ciencia-ficción.
      Juan Ángel Soto - 24 ene.RESPONDER

        JOSE ANTONIO PADILLA RIBERO
        Totalmente de acuerdo, estimado Juán Ángel. Lamentablemente, no se forman hombres y mujeres libres, en la escuela pública (donde no van ninguno de los hijos de los políticos extremistas y ágrafos) se forman pequeños borregos que se verán movidos por los vientos de moda de cada momento, sin capacidad de análisis y la capacidad de entender que son libres abotargada, para formular objeciones y aportar ideas. ¿Porqué quieren el voto a partir de los 16 años? Más claro. agua...
        JOSE ANTONIO PADILLA RIBERO - 27 ene.RESPONDER

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