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may
ABC

Tras las elecciones de noviembre y pese a la promesa de no aliarse con los comunistas porque le quitaban el sueño, optó por echarse en sus brazos para resolver los múltiples problemas que tenía pendientes.

Se había impuesto la ineptocracia. Lo peor del socialismo se había unido al único comunismo que como reliquia quedaba en Europa. Dos paranoicos mesiánicos (Sánchez e Iglesias) cuyos partidos habían perdido un buen puñado de votos en las últimas elecciones, apoyados por partidos separatistas y trufado de terroristas, se ponía al frente de la gobernación del país.

Formó el Gobierno más grande, más caro y más demagógico que jamás tuvo España, y para contentarlos a todos creó vicepresidencias, secretarías de Estado, direcciones generales… sin límite. En cuanto a los gastos, barra libre y a engañar a Europa cuantas veces hiciera falta.

Mientras tanto, en Asia apareció un virus mortífero que amenazaba con convertirse en una auténtica catástrofe. El virus se iba colando gracias a la impericia y la soberbia gubernamental que impedía atender los avisos, que desde enero eran cada vez más intensos. La organización suspendía en febrero el Mobile World Congress en Barcelona… pero nada se hacía desde Moncloa.

¿Qué hacían los gobernantes? ¿A qué se dedicaban? ¡A lo suyo! Veamos un breve catálogo de los asuntos que ocupaban al Ejecutivo.

—Promover los cambios necesarios para otorgar el indulto y rebaja de penas a los condenados por el golpe de Estado en Cataluña.

—Intentar controlar la Justicia, haciéndose con el control de la Fiscalía General del Estado como primer objetivo.

—Volver a subir el SMI hasta 950 euros, contribuyendo con ello a aumentar el paro y agravar los problemas del campo. Comprometer miles de millones de gasto para crear un plan de emergencia, no contra el virus, sino contra el cambio climático.

—En política exterior, una colección de disparates: desde proclamar la política exterior feminista y progresista, hasta cambiar de aliados, de USA, Francia y Alemania, que nos ningunean, a la Venezuela de Maduro. Realizar operaciones vergonzosas de amparo al chavismo, evomoralismo y similares (caso Delcy Rodríguez en Barajas y Embajada de México en La Paz). Todas debidamente tapadas con reiteradas mentiras en el Parlamento.

—Falseamiento y ocultación de datos, número de víctimas y política de adquisiciones en relación con la pandemia. Intentos de engaños a la OCDE. Sacar la llamada Ley de la Libertad Sexual con el edificante eslogan de «sola y borracha quiero llegar a casa», monumento a la ignorancia gramatical, sintáctica y jurídica, bajo la lucha por liderar la unidad feminista del 8-M, cuyo aliento y estímulo ha facilitado la expansión del virus y miles de muertes.

—Abordar una reforma educativa rebajando los niveles de exigencia y el papel de los padres y de la educación concertada. Meter a Pablo Iglesias en el control del CNI (Centro Nacional de Inteligencia). Un comunista en el CNI nos invalida para recibir información sensible.

—En el terreno económico, todo tipo de interferencias al libre mercado. Fijación de salarios y precios. Registro de las horas extras y amenazas de subidas de impuestos (rentas del trabajo, rentas del capital, sucesiones, IVA…) y creación de nuevos impuestos (diésel, transacciones financieras, ecológicos…).

—Invadir el ámbito de la libertad individual (de pensamiento, de expresión, de movilidad, geolocalización de las personas, censura en las redes sociales…) como no se conocía en España desde antes de la Constitución. A esto y otros muchos temas (eutanasia, despenalización de ofensas al Jefe del Estado), casi ninguno necesario, prioritario o urgente, se han dedicado en estos cien días tan tristes para España. Aparte de estar muy contentos de haberse conocido y de haber tenido confinados a sus compatriotas, castigados por sus cambiantes ocurrencias, manipulaciones y disparates, cabe preguntarse a qué se ha dedicado este Gobierno como «gestor» durante la pandemia.

A mentir y engañar mientras el virus se ha ido cobrando decenas de miles de vidas y la economía se iba cobrando empresas y puestos de trabajo. Cuando se ha juntado lo peor de cada casa no se podía esperar otra cosa.


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