13
mar
Periodicos del Grupo Vocento

Si se repasa el discurso de nuestros políticos a lo largo de los últimos meses, una de las frases más repetidas es la que se refiere a la necesidad de reindustrializar España. Sin embargo, la realidad es que nuestro país ha perdido una enorme cantidad de tejido empresarial durante estos años. En concreto, el número de compañías dedicadas al sector manufacturero se ha desplomado un 20,6%, pasando de 240.600 sociedades en el 2008 a 191.000 en el 2016. Esto es una pérdida de casi 50.000 empresas industriales durante la crisis. Con ello, apenas hay 4,1 sociedades de este tipo por cada mil habitantes.

Con todo, los datos son muy dispares. Por un lado, nos encontramos con comunidades autónomas que no sólo tienen una ratio de empresas industriales superior a la media, sino que además han sufrido una menor caída desde que empezó la crisis. En este grupo se encuadran La Rioja, Navarra, Castilla-La Mancha, País Vasco, Aragón, Castilla y León, Galicia y Extremadura. Estas regiones tienen alguna fortaleza intrínseca, ya sea el desarrollo de un sector específico donde presentan ventajas en el ‘know how (saber cómo hacer)’, su buen posicionamiento geográfico o una potente inversión en I+D.

Por otro lado, hay varias comunidades que, aunque todavía disponen de un sólido tejido empresarial, han sufrido graves pérdidas. Son Cataluña, Comunidad Valenciana y Murcia. La primera se ha visto muy debilitada por una amenaza independentista que aleja las inversiones. Y en las otras dos el sector manufacturero nota ahora los abusos del pasado. Muy desarrollado al calor de la burbuja inmobiliaria, tras su estallido no tiene suficiente demanda para ser rentable, por lo que estas industrias se ven abocadas a la quiebra.

En tercer lugar están las comunidades autónomas que no cuentan con una industria pujante pero que, al menos, han registrado una evolución mejor que la media en los últimos ocho años: Baleares, Madrid y Cantabria. Estas regiones tienen una fuerte implantación del sector servicios, debido a su carácter de capitalidad (Madrid) o turístico (Baleares). Por último, Canarias, Andalucía y Asturias han sufrido una fuerte debacle durante la crisis y se encuentran, además, en las peores posiciones en cuanto a tejido industrial. Es cierto que Canarias tiene un fuerte componente turístico y que su carácter insular frena la industria, pero aun así sus resultados son mediocres, teniendo en cuenta que Baleares padece los mismos problemas y, a pesar de eso, cuenta con el doble de industria.

Recuperar ese tejido empresarial perdido no es fácil. Sin embargo, resulta crucial evitar la senda fácil de los errores del pasado, cuando el Estado apostaba por un sector concreto y lo promovía de un modo que no tenía en cuenta la competitividad global. Desafortunadamente, nos encontramos en una encrucijada donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer, por lo que no sabemos qué sectores son el futuro de la economía española.

El mejor modo de resolver el enigma es que el Gobierno facilite oportunidades a los empresarios para que éstos elijan a su vez el camino a seguir. Sólo quienes comprometen su propio dinero tienen incentivos para buscar los sectores más prometedores, mientras que cuando el riesgo se corre con los recursos de otros se suele hacer solo lo correcto en lugar de apostar con audacia por una acción anticipativa e innovadora. 


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