19
sep
Diario de Navarra

Ahora que tantos grandes bancos están inmersos en una grave crisis, nuestro Ejecutivo saca a concurso un informe para la creación de un banco público. Argumentaré la imposibilidad de semejante ocurrencia, en la que se van a malgastar 50.000 euros. Les recuerdo que la ignorancia, especialmente la financiera, nunca sale gratis. Muchas veces se salda con quiebras. Expondré cinco razones que demuestran que un banco público es un serio riesgo para la sostenibilidad de Navarra.

1. La banca pública ha sido un fracaso. La banca pública que ha habido en España acabó siendo un fiasco. También la mayoría de las cajas de ahorros cerraron cuando se convirtieron de facto en sector público, por mandar en ellas los políticos. No desaparecieron por el dinero que cobraban éstos, sino porque la gestión dejó de ser profesional, al imperar criterios partidistas. ¿Tendría clientes un banco así? ¿Confiarían su dinero a una entidad cuyo Consejo de Administración fuera el actual cuatripartito?

2. Es un mal momento para constituir un banco. Hacer negocio en banca resulta ahora muy difícil. Se está reduciendo el número de entidades por la concentración de éstas, se cierran sucursales y los despidos masivos abundan. Los precios del dinero han llegado a ser negativos, han bajado los márgenes de intermediación. Con frecuencia, no se obtienen beneficios con las operaciones ordinarias y, cuando se logran, son muy bajos. Por el contrario, se están produciendo pérdidas multimillonarias con gran facilidad porque el mercado es muy volátil e inestable.

3. La gestión de los políticos suele ser desastrosa. Si se abre un banco público aumentan las posibilidades de que los gobernantes intervengan y que se concedan créditos a quienes la banca privada los deniega por razones profesionales. Es poco creíble que unos políticos que no son capaces de controlar el gasto público vayan a ser eficientes en una actividad sometida a una regulación muy estricta y exigente. Me cuesta creer que antes de sacar a concurso el citado informe los consejeros tuvieran la cautela de estudiar a fondo el marco normativo financiero internacional Basilea III. Creo que, si lo hubieran hecho, habrían desistido de la aventura.

4. Una mala gestión la pagarían los navarros. Hoy nuestros bancos conceden créditos siempre que los solicitantes tengan solvencia. Cuando se deniegan se debe a que se estima que la amortización tiene un alto riesgo. Si hay una quiebra de un banco público, los paganos serán los contribuyentes, no los accionistas. ¿Por qué exponer el dinero de todos los ciudadanos si hay otras entidades que han demostrado saber hacer su trabajo? Los costes de salida, las infraestructuras, la operativa de las transacciones, la liquidez de caja inicial, etc., implican un capital fundacional impresionante. ¿Quién va a provisionar el dinero? La crisis de las cajas de ahorro hizo perder el empleo a muchos bancarios que cumplían bien con sus funciones. Lamentablemente, un banco público que quiebre reduciría el presupuesto de una comunidad, hasta el punto de peligrar la estabilidad laboral de los funcionarios.

5. ¿Qué esconde el Gobierno? La excusa para este proyecto es que vuelva a existir un banco local que invierta más en el territorio, afirmación que cuestiono. En primer lugar, porque ya hay una cooperativa de crédito con sede social en Navarra, la Caja Rural, que invierte con acierto, dado que financia sólo los proyectos que considera viables. Además, hay otras entidades de depósito muy profesionales, que contribuyen al desarrollo de la comunidad mejor que un gravoso banco público. Desde el espíritu constructivo que he pretendido plasmar, ruego al Ejecutivo que piense más en Navarra y menos en aumentar su poder a través del control de un banco. 


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