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oct
Expansión

Este año el Premio Nobel de Economía le ha sido otorgado a Angus Deaton por su trabajo sobre la pobreza, el bienestar y el consumo. Efectivamente, este economista de origen británico ha contribuido a entender en mayor medida la demanda de los agentes económicos y cómo éstos maximizan sus preferencias de consumo. Sobre este tema escribió en 1980 el artículo An almost ideal demand system junto con John Muellbauer, un trabajo revolucionario que está considerado uno de los veinte mejores artículos publicados por la American Economic Review en los últimos cien años. No en vano el sistema de demanda que plantea ha servido de base a los análisis más actuales de los efectos de las políticas económicas sobre el bienestar de los consumidores. Así, Deaton vincula el estudio de la Microeconomía y la Macroeconomía; un equilibrio difícil de alcanzar y que es fundamental en la toma de decisiones de política económica. En concreto, su trabajo se centra en cómo las reformas impositivas afectan a la asignación de recursos de los consumidores. O lo que es lo mismo, cómo se distribuye la renta de los agentes económicos entre gasto y ahorro. Si somos capaces de entender y predecir este comportamiento también sabremos cómo influirán las decisiones fiscales sobre el ciclo económico. Algo de lo que seguro debería aprender más de un político y más de un gobierno. Desgraciadamente muchos políticos todavía no se han enterado de que las políticas fiscales deben ser anticíclicas.

Además, Deaton también ha contribuido a cambiar el patrón de la investigación sobre el desarrollo económico. Mientras que tradicionalmente se han analizado los datos agregados de consumo, el profesor de Princeton propone el estudio del consumo individual de las familias cómo indicador del nivel de desarrollo económico de un país. En este sentido, Deaton se ha pronunciado en varias ocasiones sobre los efectos de las principales medidas de política fiscal tomadas durante la crisis económica en el bienestar de los diferentes grupos sociales.

El problema surge cuando en la fase expansiva del ciclo la economía se endeuda demasiado o lo que es lo mismo no se ha sabido poner remedio con antelación a la crisis que vendrá después. Entonces, en la fase recesiva, hay que aplicar la medicina paliativa: mucho más dolorosa ya que reduce el bienestar de los ciudadanos. Y todo por no haber aplicado medicina preventiva.

Como demuestra Deaton en economía, como en otros muchos ámbitos, existe una serie de falsas ideas de gran aceptación entre los demagogos que se desmoronan en cuanto se realiza un análisis riguroso de sus fundamentos.

Un ejemplo, es el manido argumento de que el origen de los problemas que soportan los ciudadanos en España y en otros muchos países se deben a las políticas de austeridad. Y la austeridad no es el origen del problema. La austeridad es la medicina que se debe tomar para restablecer los equilibrios que debe mantener una economía. Afortunadamente, los programas de austeridad han permitido que la economía española haya vuelto poco a poco a la normalidad, con un nivel de vida más alto que el que tuvo durante la crisis y una tasa de paro más baja. Una mejora que en expresión de Deaton acabará dando un poco más de esperanza y felicidad a los ciudadanos.

El camino es duro. Pero si se sigue la hoja de ruta termina bien. Hace tiempo que la economía española ha seguido el buen camino para salir de las crisis: como consecuencia de la austeridad y las mejoras de la productividad y competitividad las exportaciones de bienes y servicios crecen y lo hacen rápidamente. También se va recuperando la inversión y con ella mejora el empleo (850.00 trabajadores más en los dos últimos años) lo que a su vez ha dado paso a una reactivación del consumo.

El último premio Nobel de Economía se muestra optimista sobre la evolución del bienestar mundial en los próximos años, y considera que la situación económica está mejorando aunque todavía quedan muchas cosas por hacer. En muchos países, hay asignaturas pendientes como es reducir las desigualdades sociales y la concentración de la riqueza que todavía sigue en manos de un porcentaje pequeño de la población. Y también hay que acometer otras mejoras sociales como por ejemplo mejorar la sanidad. Precisamente en su último trabajo (The Great Escape: Health, Wealth, and the Origins of Inequality, 2013) Deaton analiza los importantes efectos positivos que han tenido las innovaciones en materia de sanidad sobre el desarrollo económico y la reducción de la pobreza en los últimos 250 años.


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