06
jul

Durante la primera de las dos reuniones informativas sobre la Covid-19 en su Estado, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, declaró: “Si se trata de salud pública frente a la economía, la única elección es la salud pública”. Esta división ha creado una falsa dicotomía. Los gobernadores prometen que, si se sacrifica suficientemente la economía, más personas sobrevivirán, pero oponer ambas variables es erróneo, dado que están entrelazadas.

Muchas de las muertes que han tenido lugar durante la crisis de la Covid-19 han sido causadas por factores económicos y no por el virus. Algunos han fallecido debido a la escasez de recursos médicos y la prohibición de cirugías “electivas”; otras por “muertes por desesperación”, un fenómeno que también se observó después de la recesión de 2008 y bajo el que se engloba el suicidio, la sobredosis y el envenenamiento por alcohol en el hígado. Estas causas específicas de defunción aumentan drásticamente como resultado del fracaso económico y se ven exacerbadas por el aislamiento obligatorio y la incertidumbre. Un estudio realizado por la revista Social Science & Medicine reveló que, por cada aumento del 1% en el desempleo, hay uno del 3,3% en las muertes documentadas por sobredosis de drogas. Basándose en las cifras de 2008, los analistas estiman que, en Estados Unidos, habrá 96.273 decesos adicionales por estos motivos entre 2020 y 2029, suponiendo que solo se produzca un incremento del paro del 1%. Estas estadísticas sirven para demostrar que la prosperidad genera salud, mientras que la pobreza conduce a la muerte. Si bien el bloqueo inicial de la economía como respuesta de pánico al virus pudo haber salvado muchas vidas, medir los costes y los beneficios se vuelve más complejo con el tiempo, a medida que hay más información disponible.

El mismo gobernador Cuomo, que priorizó la salud pública por encima de todo lo demás, se enfrenta a severas críticas por enviar a más de 4.500 pacientes positivos en Covid-19 a una residencia de ancianos sin casos, a pesar de las protestas del personal del centro. Esta decisión pretendía liberar camas de hospital y suministros médicos, en línea con su objetivo de “aplanar la curva”. En las semanas posteriores, el virus arrasó las residencias de ancianos de Nueva York, provocando el fallecimiento de más de 6.000 personas. El intento de Cuomo de mostrar apoyo al sistema de salud fracasó en una trágica y evitable pérdida de vidas humanas. Sin embargo, los principales medios de comunicación se niegan a discutir este escándalo, dado que Cuomo se encuentra en la banda popular del dilema: mantener la economía cerrada y centrarse exclusivamente en la salud pública. Este hecho demuestra las consecuencias de simplificar demasiado un problema en una dicotomía falsa y elegir el lado que se considera “correcto” sin tener en cuenta todos los factores.


La prosperidad genera salud, mientras que la pobreza conduce a la muerte


Actualmente en Estados Unidos, durante las cuarentenas obligatorias, en medio de los incidentes de brutalidad policial, los fallos de la Corte Suprema y las campañas presidenciales, la mayoría de los argumentos y/o acciones legislativas se han centrado en la consecución del “bien mayor de la sociedad”. Estas situaciones aumentan la tensión, que los políticos aprovechan al dividir los problemas en “buenos” y “malos”, o “nosotros” frente a “ellos”, apelando al deseo innato de justicia de los humanos. El destacado Cas Mudde describió esta mentalidad como populismo, definiéndola como “una ideología que considera que la sociedad se separa en última instancia en dos grupos homogéneos y antagónicos, ‘el pueblo puro’ y la ‘élite corrupta'”. Cuestiones complejas, como una doble crisis de salud y económica, proporcionan el terreno perfecto para el populismo: a los trabajadores que rogaban al gobierno que reabriera la economía se les estigmatizó como unos crueles y egoístas que odiaban a los ancianos, un ejemplo de la élite corrupta a la que hacía referencia Mudde. Los medios de comunicación se enfocaron en los que se rebelaban reclamando cortes de pelo u otras trivialidades, en lugar de mostrar los argumentos de los que pedían volver a trabajar. Esta dicotomía “nosotros contra ellos” ofrece una solución rápida y fácil, y propicia una lucha por la “justicia” en lugar de un análisis exhaustivo. Dentro de unos años, podremos entender que decenas de miles más han sufrido un grave quebranto económico y murieron por desesperación (sobredosis de drogas, suicidio y similares) debido al aumento del desempleo.

Friedcrich A. Hayek escribió: “Las emergencias han sido siempre el pretexto bajo el cual las garantías de libertad individual se han erosionado”. La mayoría ha adoptado la narrativa expresada por el gobernador Cuomo de “uno u otro”, puesto que la imagen emocional de alguien que mata accidentalmente a su propio abuelo crea una enorme responsabilidad en el individuo. La generación más joven nunca ha experimentado una pandemia de esta magnitud y, ante tanto dolor e incertidumbre, es natural buscar soluciones que parecen justas. Sin embargo, la dicotomía populista ha causado un gran desdén hacia aquellos que “eligen la economía sobre la gente”, una jerarquía de valores que perpetúa la ignorancia. Irónicamente, este sentimiento llevó al gobernador Cuomo a optar por camas de hospital vacías a expensas de las vidas que se comprometió a proteger. Plantear problemas complejos de una forma maniquea es peligroso; la oposición de los medios a la reapertura se basa en información previa, pero ahora es necesario un análisis profundo de ambas crisis (la sanitaria y la económica) para tomar decisiones informadas. El número creciente de muertes por desesperación revela la aterradora verdad de que, de cualquier manera, se perderán muchas vidas.

No debemos permitir que el recuerdo de esta crisis se desvanezca sin establecer principios para el futuro, de modo que, cuando surja la próxima, los gobiernos no repitan los mismos errores. A medida que nos curamos y comenzamos a avanzar, debemos destruir las dicotomías de mentalidad populista que han influido negativamente en la sociedad, y responsabilizar a líderes como Cuomo por las acciones hipócritas y perjudiciales que tomaron. La advertencia de Hayek no nos recomendaría elegir el “lado correcto” del dilema, sino permanecer alerta e informados en la medida en que los recursos de salud y la estabilidad económica continúan teniendo consecuencias en la sociedad. A la luz de estos precedentes, debemos permanecer atentos a la protección de las libertades, rechazar las dicotomías falsas y las reacciones de pánico, y sustituirlas por políticas más integrales.


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