09
may
OkDiario

La economía española se encuentra en una dura encrucijada. Tal es la situación que, incluso, la preocupación que se despierta en muchos economistas -entre los que me incluyo- es la propia salida de la pandemia, así como la vuelta a la normalidad. Pese a que es infinitamente más óptimo el salir del escollo en el que se encuentra nuestra economía, y hacerlo cuanto antes, los grandes desequilibrios macroeconómicos que va a dejar la pandemia, va a suponer uno de los mayores retos a los que deberá enfrentarse nuestra economía.

Desde ya, es hora de que empecemos a pensar y reflexionar sobre el escenario y la coyuntura que se avecina. Un escenario del que debemos salir reforzados, con unas reformas estructurales que, por desgracia para nuestros políticos, no se podrán seguir posponiendo a generaciones venideras. Si no se actúa, la situación a largo plazo podría volverse irreversible.

De acuerdo con el Banco de España, los pronósticos arrojan una situación para la economía española en la que el producto interior bruto (PIB) podría llegar a contraerse más de 11%. En este sentido, un interanual que nos dejaría en una difícil situación para revertir la tendencia; máxime en un escenario en el que, como sabemos, veníamos de una desaceleración económica.

En cuanto a la deuda pública del país, en relación a nuestro PIB, podría rebasar el umbral del 120% tras disiparse la pandemia. En este sentido, la inyección de capital apalancaría, aún más, la economía española; acercándonos a niveles de deuda que, siendo históricos para nuestro país, nos situarían en niveles aproximados a los que presenta Italia en estos momentos.

En cuanto al déficit – y tras el intento de engaño a Bruselas diciendo que no iba a rebasar el 2% tal y como indicaba el Gobierno de España-, cierra el año en el 2,8%. En este sentido, el Banco de España prevé que en cuanto la pandemia se disipe, se situará cerca del 11%.

Sin embargo, no debemos tampoco olvidar otra serie de gastos que pretenden ponerse en marcha. Es decir, gastos como el Ingreso Mínimo Vital (IMV) y otros, que supondrán importantes salidas de gasto público y que comprometen nuestra salud financiera. De acuerdo con el Gobierno, el IMV podría oscilar en un coste aproximado del 0,3% del PIB. En este sentido, un coste que, eliminando las duplicidades que se producen por las Rentas Mínimas de Inserción (RMIs), se cifraría en los 5.000 millones de euros. Una renta que, pese a ser asumible, por el momento irá con cargo a la deuda pública; agravando la situación financiera del país.

Otro coste son las prestaciones por desempleo, que se han disparado en términos relativos más de un 200%. Es decir, se ha triplicado el gasto en el pago de desempleados.

En este escenario, hablamos de una situación en la que el país se enfrenta a una serie de grandes desembolsos de gasto público, pero en el que debemos afrontarlo con una quinta parte de la población en situación de desempleo, así como una economía que, por la estructura de nuestro modelo productivo, pretende funcionar a medio gas. En este sentido, podemos hacernos una idea de los grandes esfuerzos a los que deberá someterse la economía española; máxime en un escenario en el que, como podemos prever, los ingresos fiscales podrían reducirse en contraposición al gasto, que aumenta notablemente.

Así, es hora de adoptar las reformas que tanto precisa nuestra economía. Es el momento de que contemos con gestores políticos que se encuentren a la altura, sacrificando su sillón por lo que realmente importa en el país, sus ciudadanos.

De seguir con esta tendencia partidista, donde nuestros gestores se centran en anteponer sus resultados electorales en lugar del bienestar de sus ciudadanos. La economía española seguirá presentando una serie de desequilibrios que, de vernos inmersos en una nueva crisis, impedirá la aplicación de políticas económicas en una situación en la que el colchón fiscal, el fondo de maniobra para tomar decisiones será inexistente.


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