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El pasado martes 5 de julio, el patronato de la Fundación Civismo aprobó por unanimidad, a propuesta del presidente Julio Pomés, el nombramiento de Jorge González-Gallarza como nuevo director. Con una trayectoria ejemplar dentro del mundo intelectual, sus artículos de investigación sobre política, economía y actualidad conocen las cabeceras e instituciones de indiscutible referencia en el ámbito internacional como puede ser The Wall Street Journal, The Washington Times o The European Conservative entre otras. Su madurez a pesar de su evidente juventud es sinónimo de talento y responsabilidad. En menos de un mes, comenzará esta nueva etapa dentro de la Fundación Civismo cargada de buen hacer, trabajo duro y mucha ilusión por mantener a Civismo como un estandarte de referencia dentro del mundo de la investigación y el impacto social. Su incorporación está prevista para el martes 16 de agosto.

Cuéntanos, para empezar, tu recorrido previo a incorporarte a la Fundación.

Soy Jorge González-Gallarza, investigador y periodista. Aunque economista de formación, he orientado mi carrera profesional hasta la fecha al campo de las ideas políticas, el pensamiento y el periodismo de opinión. Tras graduarme por la University College London (UCL) en 2017, crucé el Atlántico para dedicar dos años y medio de mi vida al entorno de los think-tanks, el Congreso americano y los grupos de presión. En el 2020, decidí reanudar mi formación incorporándome, ya de vuelta en Europa, al máster de teoría política de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París, a la vez que proseguía mi actividad periodística escribiendo en medios como Newsweek, The American Conservative o National Review. A la vez que lo hacía, emprendí un camino de colaboración con Civismo que ha durado hasta la fecha y que es el que me ha llevado hasta aquí.

Abordemos ahora tu recorrido en la Fundación. ¿Cuándo te incorporaste, y cómo valorarías tu etapa de colaborador externo?

Aunque conocía su prestigio desde antes, yo entro en contacto directo con Civismo a principios de marzo del 2020, poco después de irrumpir en nuestras vidas la pandemia y a principios del primer confinamiento. A raíz de conocernos tras una mesa redonda que organizaba Civismo en el LibertyCon—gran encuentro mundial de la organización Students for Liberty celebrado ese año el Centro de Conferencias Pablo VI—el antiguo director me propuso incorporarme al equipo de colaboradores. Para mí, que justo entonces me había lanzado a escribir artículos de opinión en inglés sobre el contexto europeo, la oportunidad era simplemente irrechazable. Aunque claro, no me imaginé ni un momento que aquello pudiera dar paso a asumir la dirección de la Fundación dos años más tarde. Retrospectivamente, mi lazo con Civismo ha resultado ser de las experiencias más gratificantes de mi (corta) vida. Y por lo visto no ha hecho más que empezar.

¿Cuáles han sido tus principales proyectos como colaborador en este período?

Mi primer gran proyecto consistió en una saga de “webinars”—en aquel momento, el confinamiento no nos permitía reunirnos en persona—realizados en colaboración con nuestros amigos de New Direction a lo largo del 2020 y principios del 2021. Me tocó entrevistar a una serie de personalidades intelectuales y políticas del mundo occidental—Yoram Hazony, Douglas Murray, Ryszard Legutko y Anna Fotyga MEP entre otros—sobre los retos que enfrentaba el ideario conservador (otra muestra del eclecticismo que caracteriza a la Fundación), bajo el sugerente título de “Rediscovering Conservatism”. Dichos webinars ayudaron a revitalizar la presencia online y en redes de Civismo. Más tarde, me tocó redactar un informe junto con Ryan C. Berg, entonces investigador del American Enterprise Institute (AEI), ahora en el Center for Strategic and International Studies (CSIS) y toda una autoridad sobre cuestiones de política occidental hacia Latinoamérica. Dicho informe criticaba la postura de la Unión Europea frente a la crisis venezolana, alertando de los riesgos que suponía la estrategia pactista de la diplomacia de Josep Borrell. Quizás lo más gratificante de este último proyecto fue presentarlo ante medios u organizaciones tales como La Gaceta de la Iberoesfera, la Fundación Disenso o la Fundación para el Avance de la Libertad, o verlo citado por varios académicos y por el Congressional Research Service (CRS) de Washington en su informe anual sobre Venezuela.

En este tiempo, ¿cuáles te han parecido ser las mayores fortalezas de la Fundación? ¿Y sus facetas a mejorar?

La principal promesa o potencialidad de Civismo sigue siendo, sin duda alguna, su relativo sincretismo ideológico, compensado por su fuerte arraigo en el ideario liberal clásico. Al contrario que otros think-tanks a nuestra izquierda y derecha que, bien por su naturaleza partidista o bien por orientación estratégica, no se permiten salir de un estrecho canon doctrinal, Civismo debe seguir abarcando un amplio abanico de sensibilidades que vayan desde el conservadurismo más burkeano hasta el liberalismo más lockeano, pasando por toda fusión que busque compatibilizarlos. Nuestros amigos americanos se refieren a este eclecticismo con el término “big tent” o “fusionismo”. Hasta tal punto ha sido una constante a lo largo de la historia de la derecha americana que la victoria en 1980 de Ronald Reagan no se entiende sin esa conjunción de fuerzas tradicionalistas, libertarias y anticomunistas fraguada en las páginas de la National Review en los años 1950. Además, el contexto patrio actual nos aporta pruebas diarias de que la única alternativa al gobierno liberticida de Pedro Sánchez pasa también por una coalición electoral de las derechas. Aunque operacionalizar esa coalición incumbe a los que viven de la política, nosotros podemos operar en nuestro campo, el de las ideas, para ir allanando el camino.

En cuanto a las facetas a mejorar, cabe destacar que la visión de nuestro presidente, Don Julio Pomés, va mucho más allá que la de un think-tank clásico o tradicional. La función de estos últimos ha solido limitarse, tanto en España como en el resto de Occidente, a aportar ideas a los partidos políticos y sus líderes, esclareciendo a través de una investigación cualificada aquellas cuestiones de política pública que lo requieran. Civismo, sin embargo, es mucho más que un laboratorio de ideas. Su proyecto es dinamizar la sociedad civil en su conjunto, sin lo cual toda iniciativa para adelgazar el estado tenderá a ser revertida tarde o temprano. Dicho de otra forma, sólo aquello que el político liberal francés Alexis de Tocqueville llamaba el “tejido asociativo” puede sustituirse durablemente a los poderes públicos. Al desatender esta crucial dimensión, muchos think-tanks de inspiración similar a la nuestra acaban siendo poco más que laboratorios de pseudo-ciencia al servicio de los poderosos. Civismo, sin embargo, trabaja en cada una de las etapas del ciclo de vida de cualquier iniciativa que acaba consolidándose en propuesta de ley, empezando por las pulsiones de la sociedad civil.

¿Qué objetivos ambicionas como director? ¿Qué proyectos van a ocupar tu tiempo en los primeros meses?

No es casualidad que el patronato de la Fundación haya elegido como fecha para mi incorporación el día 16 de agosto. Si el pasado año académico culminó con nuestra muy exitosa Escuela de la Libertad, el que se viene va a ser igual de intenso o más. En septiembre, por sólo mencionar dos ejemplos, celebran jornadas significativas nuestros socios de CEU-CEFAS, en El Escorial, y de New Direction, en Tallín (Estonia). Reforzar nuestra red de partenariados será precisamente una de mis prioridades, consolidando nuestra relación con entidades amigas como Epicenter y Atlas Network, pero también alargando nuestro alcance hacia fundaciones nuevas. Tanto en Europa occidental como en Estados Unidos, liberales clásicos y conservadores puros están reviviendo controversias que muchos creían caducas, y es esencial que Civismo siga postulándose como huésped de este tipo de debates. También serán prioritarias las tareas estratégicas y de fundraising, haciendo llegar a todo potencial donante nuestro mensaje. Y, por último, y enlazando con la visión de nuestro presidente a la cual aludía más arriba, creo importante fortalecer los lazos entre Civismo y los jóvenes que comparten nuestro ideario. Tanto en sus carreras profesionales como en su desarrollo intelectual, podemos ser un factor benéfico en sus vidas. Pocas cosas hay más importantes que esa.


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