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Uno de los principales efectos es que tan solo unos días después del comienzo de la invasión, Rusia vio congeladas más de la mitad de sus reservas de divisa extranjera, cuyo total ascendía en enero a 469.000 millones de dólares. Esta respuesta de Occidente a la agresión a un estado soberano como Ucrania tuvo y sigue teniendo notables efectos sobre la economía rusa, pero asimismo otros tantos a corto y largo plazo sobre las economías occidentales y su hegemonía monetaria.

Estos días algunos economistas y periodistas se preguntaban si este movimiento por parte de la gran mayoría de los países occidentales, unido a multitud de tendencias económicas del presente, podían contribuir al debilitamiento de la hegemonía monetaria de Occidente.

A mi juicio, no se da el escenario para ello, pero si que es un tema lo suficientemente relevante como para analizarlo en profundidad, de cara a estar preparados para responder a cambios de dinámicas y equilibrios de poder geoeconómicos que puedan darse en un futuro no demasiado lejano.

Para poder analizar la hegemonía monetaria de las diferentes divisas es necesario que tengamos una definición común del dinero y sus funciones. Para ello, cabe entender el dinero como un bien público cuyos proveedores son los estados-nación (algunas veces delegando esta responsabilidad en organismos supranacionales, como es el caso de la Eurozona).

Una divisa puede considerarse medio de cambio global si genera la suficiente confianza como para ser empleada en un elevado número de transacciones y flujos de inversión internacionales. Desde el inicio de la era del dinero fiat 100%, es decir, desde la finalización de cualquier atisbo del patrón oro en 1971, este es si cabe aún más el marco para el análisis.

Cuando me refiero a la hegemonía global de las divisas occidentales lo hago en referencia a, por ejemplo, el volumen de reservas de divisa extranjera globales denominadas en cada moneda. Si acudimos a datos del Fondo Monetario Internacional para el último trimestre de 2021, veremos que casi el 60% de las reservas de divisa extranjera a nivel mundial se encuentran denominadas en dólares, mientras que el 20% son en euros, el 6% en yenes y el 5% en libras esterlinas, dejando al yuan chino un mero 3% del total global. Estas cifras son muy significativas, ya que muestran que el 85% de las reservas globales de divisa extranjera se encuentran denominadas en unidades de cuenta de los principales aliados occidentales.

Esto no quiere decir que no se puedan producir cambios al respecto o que la cifra de reservas mundiales denominadas en yuanes represente el poder financiero de China, ni mucho menos. Lo relevante de todo esto es la causa por la que se ha llegado a una posición de tal hegemonía monetaria por parte de Occidente.

La realidad es que la causa no es otra que unos mercados financieros líquidos y relativamente en estos países, estabilidad monetaria a corto y largo plazo y estados de derecho sólidos que garantizan las funciones propias de estas divisas. A pesar de todo ello, como señalaba anteriormente, algunos analistas han apuntado que el bloqueo de parte de las reservas rusas podría generar un incentivo para otros países autocráticos a buscar o diseñar conjuntamente sistemas alternativos a través de China, lo cual, si resultase exitoso, podría ser un primer paso en la disputa de la hegemonía monetaria global de China frente a Occidente. Aún así, soy muy escéptico de que esto pudiera ocurrir a corto o medio plazo.

Si bien es cierto que a lo largo de la última década hemos observado la consolidación e intensificación de ciertas dinámicas desglobalizadoras, siendo este nuevo escenario global un fortísimo impulso a estas tendencias, esto no tendría que por qué cambiar los equilibrios de poder monetario actualmente existentes. En este escenario, algunos argumentan que China, a lo largo de los próximos años, podría arrebatar la hegemonía monetaria global a Estados Unidos pero, ¿es esto posible?

Hay analistas muy relevantes, como es el caso de Allison et al. (2022), de la Universidad de Harvard, que opinan que la historia muestra cómo potencias globales en la posición de China en términos de tamaño, influencia geopolítica global e integración en las cadenas de valor, suelen terminar siendo fuerzas muy relevantes en la disputa por la hegemonía monetaria global.

Por otro lado, cabe resaltar que China lleva muchos años ganando poder económico y geopolítico, pero no ha supuesto en ningún momento un riesgo claro a la hegemonía monetaria occidental.

Algunas de las principales razones las encontramos en la debilidad del sistema financiero chino, las dificultades para la convertibilidad de su divisa en algunos mercados globales o la inexistencia de un estado de derecho que garantice la seguridad de las transacciones, el ahorro y las inversiones en el gigante asiático. Aunque el uso de sanciones como la congelación de determinados activos del balance del Banco de Rusia pueda generar algún mínimo riesgo para la estabilidad de divisas como el euro y el dólar, tal y como argumentan analistas como Martin Wolf, el ecosistema político y económico chino no garantiza ni de lejos una mayor estabilidad o seguridad y, por lo tanto, no supone una férrea amenaza a Occidente en este frente.

Además, los severos y continuos en el tiempo controles de capital chinos casan muy mal con la necesidad de unos mercados financieros abiertos e internacionalizados para garantizar la hegemonía de uso de una divisa. China no está ni mucho menos dispuesta a abrir sus mercados financieros a nivel global ni tampoco a eliminar sus controles de capitales, suponiendo esto otra ventaja para Occidente en el escenario comentado.

Un argumento similar aplica a las cavilaciones que se han hecho en las últimas semanas sobre la posible o no competencia que el sistema CIPS podría suponer para el sistema de pagos SWIFT. En este sentido, veo muy complicado que vaya a haber un gran número de países dispuestos a entregarle a China todos los datos de las transacciones de cada una de sus entidades e instituciones, que es lo que conllevaría para un país sustituir el sistema SWIFT por el CIPS chino.

Por lo tanto, creo que hoy en día y en un futuro a medio plazo no podemos negar la hegemonía global en el plano monetario de las potencias occidentales, sobre todo de EE. UU. Factores como su peso económico, la apertura y funcionamiento de sus mercados financieros o la solidez de sus estados de derecho, ofrecen a Occidente una posición dominante en este plano. Puede ser que China, en un futuro cercano, logre aumentar la confianza y la dependencia de sus principales aliados políticos en su sistema financiero y su divisa, pero a nivel agregado esto no tendría un gran efecto sobre las potencias occidentales, ya que aquellos que deseen comerciar con Occidente seguirán necesitando reservas de divisas en dólares o euros, principalmente.

No veo nada clara la derrota de Occidente en este frente. Por suerte.


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