19
sep
Civismo

Rusia ha invadido Ucrania porque Europa lo ha permitido. Desde el Kremlin, Vladimir Putin ha seguido en primerísimo directo cada paso en falso y atisbo de flaqueza de Europa. Como un depredador que espera acechante e impaciente a que caiga su presa, el presidente ruso ha plantado en Europa un germen fulminante de desarraigo e inestabilidad y sus nocivas consecuencias no han hecho más que empezar. Putin aspira a convertirse en el nuevo amo del globo, a costa de cualquier bomba, precio y vida. Por duro e increíble que parezca, ya van 203 días de conflicto con sus respectivas 5614 muertes y un total de7946 heridos. Y es que en pleno siglo XXI, cuando la evolución científica y tecnológica está en camino de lograr una cura contra el cáncer, la avaricia y la perversión del ser humano hace una vez más estragos en la existencia de la humanidad. En estos casos, si Putin ha olvidado las terribles consecuencias de las dos guerras mundiales, recurrir a la hemeroteca y repasar la historia bélica, debería ser la mayor de sus obligaciones. Como decía Cicerón, “quien olvida su historia está condenado a repetirla”.

Con esta inconformidad, Ucrania ha plantado cara al gigante ruso con una contraofensiva sorpresa. Los ucranianos han logado mucho más que la recuperación de unos 3.800 kilómetros cuadrados de territorio en el noreste del país. Esta táctica ha cambiado la dinámica del campo de batalla en la región de Donbas, un punto focal de la invasión a gran escala de Rusia en Ucrania, tal y como informa Roman Olearchyk para el Financial Times.

Para evitar ese proceso de creciente aislamiento, Rusia ha empezado a utilizar la fuerza como viene haciendo desde los tiempos de los zares o del comunismo soviético. Pero en estos momentos, se está viviendo la primera ofensiva ucraniana. Este movimiento táctico y brillante que se inicia en la desembocadura del rio Dniéper, por un lado, para concentrar ahí a las tropas rusas y en segundo lugar, es una operación de ruptura con las líneas logísticas que permiten desde Crimea abastecer a las tropas rusas. Con el aislamiento del ejercito ruso, la operación ucraniana de recuperación del territorio está dando sus frutos, aunque todavía no se cante victoria. Estos movimientos tácticos suelen ser de corta duración, tal y como apunta Florentino Portero, profesor de geopolítica y experto en relaciones internacionales.

Visto lo visto, es evidente que Ucrania ha encajado un buen golpe y que el presidente ruso es capaz de cualquier cosa. Podría enfrentarse a las fuerzas de la OTAN de alguna manera y culparía a Occidente. Usará todas sus artimañas para justificar un reclutamiento militar: en primer lugar se reunirá esta semana con el presidente chino, Xi Jinping, y es probable que busque ayuda militar directa que, según Estados Unidos, Beijing no ha brindado hasta ahora. También es probable que corte el suministro de energía a Europa, incluso más de lo necesario, para mantener la presión sobre Occidente a medida que llega el clima frío, según informa el consejo editorial de Wall Street Journal.

Pero ¿Por qué Ucrania tiene que defenderse? ¿Desde cuándo empieza el descontento ruso y el punto de arranque de esta situación? Tras la descomposición de la Unión Soviética, Rusia ha ido recorriendo un proceso de reinvención. Por un lado, intentaron reformarse en un entorno dentro del liberalismo económico, pero esto no resultó: los rusos no son demócratas y difícilmente iban a encontrarse cómodos en un ambiente como ése. Por otro lado, la aproximación de Rusia con la alianza atlántica finalmente se frustró porque el proceso de democratización se revirtió. En ese momento, Rusia se sintió agredida porque los estados históricamente vinculados con Rusia, donde se encontraba Ucrania, salieron huyendo, buscando el refugio lleno de riqueza propio de la alianza atlántica y la Unión Europea.

En ocasiones, preguntarse por los inicios de una disputa puede ser la alternativa que arregle un mal mayor. En este caso, el diálogo a tiempo y el sentido común tienen que implorarse por encima del miedo y la tiranía. Porque en el pasado están las respuestas y en el presente las soluciones.


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