01
oct
Actualidad Económica

La comparecencia de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ante el Congreso de Estados Unidos el pasado abril por el escándalo de Cambridge Analytica supuso la constatación de lo que ya resultaba evidente: que la privacidad pertenece al pasado. Así, internet no es solo un caladero que atrae a usuarios encandilados por las promesas de un mayor trato social o la difusión de contenidos, sino también un barco pesquero… de nuestros datos, a cambio de los cuales se obtienen pingües beneficios. Por ello, los bancos y los Gobiernos fomentan el uso de la red y los medios telemáticos de pago, con el consiguiente control de cuentas, impuestos, compras, etcétera. Una vigilancia coercitiva a la que el ciudadano se somete por la comodidad que trae consigo el uso de tarjetas y transferencias electrónicas, haciendo caso omiso del riesgo que conlleva regalar nuestra información confidencial. 

El Banco Central Europeo examina cada año el uso del dinero en efectivo, con tarjeta y por otros medios telemáticos, en el ámbito de la Unión Europea. Sus informes revelan que se efectúan más desembolsos anuales en efectivo (79%), pero por un valor proporcionalmente inferior a los realizados con tarjetas u otros medios de pago (el 54% del total). La población de mayor edad se muestra más reacia a utilizar medios electrónicos, mientras que los más jóvenes apuestan por internet y las bandas magnéticas. Por último, el avance de la tarjeta frente al efectivo parece imparable, con un crecimiento en su uso del 8,5% solo en 2016. No obstante, resulta sustancial la diferencia entre los estados miembros de la UE, tanto en la utilización de los diferentes medios de pago como en el volumen de las transacciones. Por regiones, Benelux y Francia, así como Finlandia y Estonia, realizan entre el 45% y el 68% de las transacciones en efectivo, por un valor de entre el 27% y el 33% del total. En las antípodas se encuentran los países del sur, como España, Italia, Grecia, Chipre y Malta, donde reina el dinero contante y sonante, con un porcentaje de transacciones de entre el 85% y el 92%, por un valor entre el 68% y el 75%.

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Sin embargo, la lentitud de la introducción de la tarjeta en estos países parece responder más a motivos socioculturales y de retraso tecnológico que a un mayor aprecio de la privacidad y la libertad que conlleva. Y es que, como señala Eurostat, la penetración de internet en la UE es también muy desigual y coincide en gran medida con el uso de métodos de pago distintos al efectivo. Así, Luxemburgo presenta un uso de internet del 97,5%, y los Países Bajos, del 94,8%; mientras que, en lo más bajo de la tabla figuran Grecia (69,1%) o Eslovenia (75,5%). España constituye una rara avis, pues si bien se trata de uno de los países donde el efectivo resiste al plástico, la penetración de internet es muy alta, superando el 87%. En sentido opuesto destaca Portugal, que, a pesar de tener pagos en efectivo por un valor similar al de la media de la UE (52%), cuenta con un menor uso de internet (72,4%). 


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